Duplicar producción agrícola no acabaría con el hambre, según estudio

Duplicar producción agrícola no acabaría con el hambre, según estudio

Según los autores, las diferencias sociales aumentarían si se incrementa la producción de alimentos.

Producción de papa

820 millones de personas sufren de hambre en el mundo.

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César Melgarejo

Por: Redacción Medioambiente 
25 de diciembre 2019 , 11:16 p.m.

Más de 820 millones de personas en el mundo todavía carecen de alimentos. Para erradicar el hambre en el planeta, una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) número 2 es duplicar la productividad agrícola de los países que producen alimentos en pequeña escala para el 2030.

Sin embargo, un reciente artículo publicado en la revista científica Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América (Pnas, por sus siglas en inglés) evidenció que esta solución no acabaría con el hambre y, por el contrario, tendría un efecto contraproducente.

Según el artículo, este sistema agroalimentario del mundo genera hoy inequidades sociales y ambientales en la distribución de los costos y beneficios de la producción, comercialización y consumo de alimentos.

De ahí que, entre los hallazgos más relevantes del artículo, denominado ‘Un análisis socioecológico del sistema agroalimentario global’, indica que el incremento del comercio mundial de alimentos puede contribuir a aumentar la huella ecológica al seguir dependiendo del uso de pesticidas para incrementar la producción. Y también puede elevar la desigualdad social al facilitar la exportación de alimentos en donde más se necesitan, como ocurre en África.

Para llegar a esta conclusión, se analizó, a través de 43 indicadores de soberanía alimentaria y 28 indicadores sociodemográficos, de bienestar social y de sostenibilidad ambiental, la situación agroalimentaria en 150 países.

Entre esos países identificó cinco grupos caracterizados según el bienestar social y la sostenibilidad ambiental.

Por ejemplo, el grupo de 45 países de África. La investigación estableció que aunque la agricultura es central para la economía y la población en este lado del mundo, y tiene los impactos ambientales y climáticos más bajos, aun así sufren el déficit alimentario más grave.

La desigualdad en la propiedad de la tierra es una de las principales razones de esta paradoja. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en África oriental, el 30,8 por ciento de la población (133 millones de personas) pasa dificultades para lograr alimentos suficientes para comer.

En el segundo grupo están ocho países de Oceanía y las Américas que no tienen problemas de seguridad alimentaria y cuentan con un modelo de producción intensiva de alimentos. Sin embargo, por su modelo dependen de grandes aportes de pesticidas, por lo que tienen la más alta huella ecológica y de emisiones de gases de efecto invernadero.

Es decir que si la meta del ODS 2 es incrementar la producción para 2020 y no se buscan estrategias alternas al uso de agroquímicos, se estaría impulsando a que la temperatura global se incremente por encima del 1,5 °C entre 2030 y 2052.

De ahí que para una de las autoras, Elisa Oteros Rozas, de la Universidad de Vic, aumentar el comercio mundial de alimentos para erradicar el hambre no contribuiría a alimentar más y mejor al mundo.

“El incremento de la producción agrícola tal y cómo se entiende mayoritariamente es a través de la industrialización de los sistemas agroalimentarios, altamente consumidores de recursos, contaminantes, y en los que el poder se concentra en manos de pocas corporaciones de la agroindustria”, explicó Oteros. 

Para evitar que esto ocurra, esta meta puntual de los ODS requiere instrumentos regulatorios, pues de no tenerlos, según otra de las autoras, Marta G. Rivera Ferre, “el comercio mundial de productos agroalimentarios puede continuar contribuyendo no solo a las grandes emisiones de CO2 del sistema agroalimentario, sino a incrementar la desigualdad en el mundo”.

Por eso, para los autores de este estudio, el hambre no es solo una cuestión de disponibilidad y acceso a los alimentos, sino también de redistribución del consumo. “La seguridad alimentaria depende de la redistribución, los derechos y el acceso a los medios de producción”, explicó Oteros.

Finalmente plantean que deben crearse otras políticas agroalimentarias como la reducción de desperdicios de alimentos y la disminución de alimentos de origen animal. Ya que de nada sirve que se incremente la producción de alimentos si los países ricos importan alimentos baratos que se consumen en exceso y, en gran medida, se desperdician

La seguridad alimentaria depende de la redistribución, los derechos y el acceso a los medios de producción

"El consumo agroalimentario que tenemos es incompatible con la vida"

Entrevista a Elisa Oteros Rozas, de la Universidad Central de Cataluña. 

Una de las conclusiones de este artículo es que la desnutrición no es solo una cuestión de disponibilidad y acceso a alimentos. ¿De qué otros factores depende?

El hambre en el mundo no sólo depende de la distribución de los alimentos sino también de la de los recursos imprescindibles para acceder a los mismos, como la tierra, el agua, la biodiversidad, la energía, los medios de producción o el comercio. A nivel global es imprescindible y urgente que se adopten nuevas políticas agroalimentarias en favor de la soberanía alimentaria, como la reducción del desperdicio de comida, la reducción del consumo de alimentos de origen animal en las dietas de América del Norte y Europa y la bioregionalización de los sistemas agroalimentarios.

Ustedes analizaron el sistema agroalimentario global actual, ¿qué podría ocurrir si seguimos una de las metas de los ODS2 (incrementar la producción agrícola para 2030) sin reglas claras sobre contaminación, acceso a la tierra, recursos naturales, desperdicios, etc?

Podría suceder –y está sucediendo–, que estos recursos se siguen acaparando por una parte del mundo. El incremento de la producción agrícola tal y cómo se entiende mayoritariamente es a través de la industrialización de los sistemas agroalimentarios, altamente consumidores de recursos, contaminantes, y en los que el poder se concentra en manos de pocas corporaciones de la agroindustria. Ocurriría por tanto que aumentaría la degradación ambiental y no se contribuiría a alimentar más y mejor al mundo.

¿Cuáles cree que son los desafíos para lograr el ODS2 de manera uniforme en todo el mundo?

Creo que son tres. El mayor desafío es reconocer que el sistema agroalimentario globalizado está atravesado por unas relaciones de poder que hacen flaco favor a la mayor parte de la población del mundo y a los ecosistemas que nos sustentan. La alimentación es un derecho humano con el que no se debería poder comerciar, pero en el mundo capitalista en que vivimos es todo un reto plantear que hay bienes que son comunes, que no deben estar sujetos al lucro y la especulación.

Otro gran desafío en mi opinión es diseñar e implementar políticas agroalimentarias y de conservación de la naturaleza que sean coherentes entre sí: ahora mismo hay regiones como Europa en donde se dan subvenciones por hacer una cosa y la contraria.

Y el tercero es hacerle entender a la sociedad del Norte Global que el consumo agroalimentario que tenemos ahora mismo es incompatible con la vida, la de los ecosistemas, la de otras especies, y la nuestra propia, y que podemos y debemos reorientarlo hacia el consumo local, de temporada y agroecológico.

REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE

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