¿Por qué el medio ambiente también es una víctima de la guerra?

¿Por qué el medio ambiente también es una víctima de la guerra?

Este 6 de noviembre se conmemoró la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra.

La minería ilegal sigue desvelando a las autoridades en el occidente del Valle del Cauca.

La minería ilegal sigue desvelando a las autoridades en el occidente del Valle del Cauca.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Por: ELTIEMPO.COM - APP
07 de noviembre 2018 , 12:44 p.m.

El 13 de noviembre del 2001, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que todos los 6 de noviembre se debe conmemorar el Día Internacional para la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra y los conflictos armados.

¿La razón? La ONU afirma que el medio ambiente es una víctima olvidada que dejan las guerras en todo el mundo.

Erik Solheim, director ejecutivo de ONU Medio Ambiente, dijo a propósito de este día: “La guerra y los conflictos armados representan un riesgo para la humanidad y las otras formas de vida de nuestro planeta. Demasiadas personas y especies están en juego”.

Cifras de ese organismo advierten que casi 1.500 millones de personas, más del 20% de la población mundial, viven en zonas afectadas por conflictos.

Pero, ¿cómo afecta la guerra al medio ambiente? Carolina Montes, docente investigadora del Departamento de Derecho de Medio Ambiente de la Universidad Externado, explica que la guerra tiene consecuencias en la naturaleza que suelen afectar la vida de las personas.

“En muchos casos los recursos naturales o ecosistemas resultan afectados, no por ser el objeto directo de la guerra, sino porque a través de su afectación se puede disminuir la capacidad del enemigo”, dice Montes.

La académica además explica que los adversarios de un bando suelen afectar los recursos naturales, como el agua o la comida de un sitio determinado, para que las poblaciones no puedan satisfacer sus necesidades básicas. “Cuando la población carece de esos recursos, la población está en una condición de inferioridad”, añade.

Erik Solheim recalca en su discurso que “décadas de enfrentamiento en países como Afganistán, Colombia o Irak han llevado a una inmensa pérdida de recursos naturales. Solo en Afganistán hemos sido testigos de tasas de deforestación que han alcanzado 95% en algunas áreas”.

Minería ilegal en Caucasia

El dron muestra las consecuencias ecológicas de la explotación en Caucasia (Ant.).

Foto:

Carlos Ortega - Milton Díaz / EL TIEMPO

¿Qué ha pasado en Colombia?

Colombia no ha sido la excepción de padecer afectaciones en su ecosistema por motivos de la guerra.

Germán Valencia, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, dice que a su juicio hay tres factores de la guerra que han contribuido al deterioro de los ecosistemas.

El primero tiene que ver la voladura de oleoductos, un factor de la guerra en el que Valencia y Montes coinciden afectan profundamente el ecosistema y la biodiversidad.

De hecho, este 25 de octubre Ecopetrol rechazó a través de un comunicado de prensa un atentado contra el oleoducto de Caño Limón Coveñas el cual afectó una zona natural de Boyacá.

También, un artículo publicado en este medio señaló que en el 2017 se registraron 43 ataques a esa misma red de Ecopetrol, los cuales se cuantifican en pérdidas que ascienden los $ 36.000 millones y un total de de 18.000 barriles de crudo derramado.

El segundo punto que menciona el investigador de la Universidad de Antioquia es la producción de cocaína, una actividad ilícita que suele hacerse en lugares alejados y remotos del país que deja hectáreas de bosque talados para despejar los territorios y así preparar la siembra.

Minería en el Chocó

Un sobrevuelo deja ver las afectaciones ambientales de la minería ilegal sobre el río Atrato y otros ecosistemas del Chocó.

Foto:

Steve Cagan -Tierra Digna


Un artículo publicado en EL TIEMPO, titulado ‘Denuncian que cultivos ilícitos siguen devorando bosques del Catatumbo’, detalla que pese cifras del Ideam en las que se evidencian el declive en la deforestación, activistas y organizaciones defensoras del medio ambiente advierten que la agricultura extensiva y la expansión de cultivos ilícitos en la región del Catatumbo, en Norte de Santander, han dejado un área deforestada de 4.092 hectáreas.

El tercero, y a juicio de Valencia el más dañino con el ecosistema, es la minería ilegal, una actividad que sirve como financiamiento para grupos criminales. “Los químicos que se utilizan para sacar los metales pesados son una depredación con el medio ambiente (…), eso es lo peor que se le puede hacer a la naturaleza”, dijo.

Un especial publicado también en este medio detalla cómo entre retroexcavadoras, dragas, el mercurio y el cianuro se hacen daños irreparables al medio ambiente.

Investigaciones dan cuenta de 6.330 puntos dedicados a la extracción de oro, y se calculan que son cerca de 200 mil hectáreas de ríos y zonas selváticas seriamente deterioradas por esta actividad.


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