Deforestar es dejar en carne viva la piel de la Tierra / Opinión

Deforestar es dejar en carne viva la piel de la Tierra / Opinión

El año pasado se calculó una cifra cercana a las 300.000 hectáreas para todo el país continental.

Deforestación en parques del área de La Macarena

Se deben evaluar los daños y alteraciones que la tala continuada causa a los servicios ecosistémicos.

Foto:

Hernando Herrera / Archivo EL TIEMPO

Por: Andrés Franco Herrera
13 de mayo 2019 , 12:25 a.m.

Perder parte de la piel por raspaduras o quemaduras es una de las afecciones más complejas del cuerpo humano, porque quedan expuestas y con mayor sensibilidad las terminaciones nerviosas. Y eso causa dolor.

La carne viva se vuelve sustrato para el crecimiento de bacterias y hongos que pueden descomponer los músculos; esta situación también va acompañada de pérdidas sanguíneas, deshidratación de tejidos y, si la exposición no se trata con celeridad, hasta de necrosis e incluso amputación de alguna sección corporal.

Pues lo mismo sucede con la Tierra cuando es deforestada, al levantarle su epidermis de árboles, acompañada de sus venas rizoidales, y al dejar expuesto su subsuelo como en carne viva, sin su bloqueador vegetal natural. No es diferente: el planeta es un ser vivo complejo y dinámico que siente y se resiente cuando por propósitos netamente comerciales la despojamos de su follaje y de su biota asociada.

De acuerdo con el Sistema de Información Ambiental de Colombia, el año pasado se calculó una deforestación para todo el país continental cercana a las 300.000 hectáreas (ha), y solo en la Amazonia colombiana; siendo conservadores, se contabilizaron 156.000 ha.

El país cuenta con una extensión de 114’200.000 ha; de ese total, y según estimativos del 2016, cerca de 59’313.296 correspondían a bosque natural, es decir, el 51,9 por ciento del territorio nacional. Según las cifras anteriores, al año se estaría arrancando cerca del 0,50 por ciento de su piel arbórea, lo cual quiere decir que, en una década, considerando una irreal tasa de cero crecimiento en la tala, llegaríamos a un 5 por ciento.

El área de la piel de un ser humano promedio es de 2,0 m². Una pérdida de piel de 0,50 por ciento al año significaría una llaga de 0,01 m², es decir, una herida de 10 cm por 10 cm, que podría equipararse a quedarse sin piel en la superficie superior de todos los dedos de una mano.

En 10 años, esa herida sería de 0,1 m², es decir, la llaga ya es de 31 cm por 31 cm, algo así como tener todo el abdomen en carne viva. ¿Qué dolor puede sentir una persona con una herida permanente de esta magnitud? Vale la pena hacer el esfuerzo de imaginarlo para tratar de entender el dolor que le estamos causando a nuestra Tierra, y los daños y alteraciones que esa tala continuada causa a servicios ecosistémicos difíciles de recuperar o rehabilitar. Necesitamos generar entre todos una conciencia ambiental real.

ANDRÉS FRANCO HERRERA
Director del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de Utadeo

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