Cruceros, en la mira por el medioambiente

Cruceros, en la mira por el medioambiente

Esta industria turística podría verse golpeada por la contaminación que generan sus embarcaciones.

Cruceros

Cada pasajero tiene una huella de carbono 3 veces mayor cuando está en el mar.

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Istock

Por: Redacción Domingo
02 de noviembre 2019 , 10:54 p.m.

La gran batalla mundial contra la contaminación del planeta y el calentamiento global, y que ya ha golpeado a diversas industrias y sectores, desde los productores de pitillos plásticos hasta las aerolíneas (por su elevada huella de carbono), tiene ahora un nuevo objetivo en la mira: la industria de los cruceros. Y al punto de que lo que hasta hace muy poco era concebido como un inmenso beneficio económico para los puertos, ahora es visto con cautela, ante la polución que generan estas gigantescas embarcaciones.

Cannes, uno de los puertos más famosos del mundo, es ejemplo de esta batalla que apenas empieza, pues solo recibirá las embarcaciones que cumplan con sus estrictos controles anticontaminación. Y la medida, que empezará a regir a partir del próximo año, impedirá que miles de pasajeros de cruceros lleguen a la ciudad francesa.

Por el momento, la industria no parece muy inquieta, pero los consumidores están expresando cada vez más sus preocupaciones por los efectos ambientales de sus viajes y están presionando a las compañías que no cumplen estándares elevados.

En Europa, el movimiento de la ‘vergüenza de volar’ cobra cada vez más fuerza y ha perjudicado las ganancias de las aerolíneas, a medida que los viajeros buscan alternativas bajas en carbono. Según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, una persona que viaja en tren emite 14 gramos de dióxido de carbono por kilómetro, una cifra muy baja si se compara con los 285 gramos que imitaría si se desplaza en avión. Por eso cada vez más gente, medioambientalmente consciente, busca alternativas más limpias que el avión a la hora de desplazarse.

La industria de los cruceros, mucho menos necesaria para la economía global que los viajes en avión, también es vulnerable a una opinión similar de los consumidores, y parece no estar preparada para eso.

Este negocio ocupa un pequeño nicho en la industria de los viajes –aproximadamente 2 % del mercado global–, pero su popularidad ha subido notoriamente en esta década. Los pasajeros aumentaron de 17,8 millones en 2009 a 28,5 millones el año pasado, con 45.000 millones de dólares de ingresos.

Multas millonarias

Resulta interesante que todo ese crecimiento haya ocurrido a pesar de décadas de mala publicidad sobre el impacto ambiental de la industria. Apenas a finales de la década de 1990 circulaban historias sobre los desechos ilegales arrojados desde los cruceros, incluidos aproximadamente 100 casos de descargas ilegales de petróleo, basura y otras sustancias perjudiciales en las aguas costeras de EE. UU.

En 2016, la línea de cruceros Princess Cruise Lines se declaró culpable de 7 cargos y acordó pagar una multa de 40 millones de dólares por arrojar desperdicios de manera ilegal al mar. Este año se impuso otra multa de 20 millones de dólares a su casa matriz por arrojar plástico, falsificar registros y otras violaciones a la condena de 2016.

Mientras tanto, la lista de los problemas ambientales asociados con los cruceros se ha expandido. Uno de estos es que, hasta hace muy poco, la mayoría de estos barcos se construía para funcionar con un producto secundario del proceso de refinamiento del combustible, muy espeso y rico en azufre. De acuerdo con un análisis, los barcos que atracan en Barcelona emiten cinco veces más óxido de azufre que los 560.000 automóviles que hay en la ciudad.

Eso debería empezar a mejorar pronto, debido a un acuerdo global que limita las emisiones de azufre. Pero, incluso las buenas noticias para la industria de los cruceros llegan con salvedades. Uno de los métodos más populares y baratos para reducir las emisiones de azufre –la llamada tecnología de depuración– está prohibida en cada vez más puertos, ya que implica una descarga de deshechos de agua significativa.

Aunque no existen muchos datos fuertes sobre la huella de carbono de la industria, los consumidores preocupados por el clima sin duda han notado que los barcos más nuevos parecen ciudades flotantes gigantescas. El famoso Symphony of the Seas de Royal Caribbean tiene espacio para casi 7.000 pasajeros. Según un cálculo, cada uno de esos pasajeros tendrá una huella de carbono tres veces mayor en el mar que en tierra.

Por su parte, Carnival Corp, la compañía de cruceros más grande del mundo, ha informado que sus emisiones de gases de efecto invernadero subieron más de 3 % entre 2015 y 2018, a 10,6 millones de toneladas métricas. Y sus líneas de cruceros de lujo emitieron, en 2017, 10 veces más óxido de azufre que los más de 260 millones de vehículos de pasajeros en Europa, según la ONG Transport & Environment. España, Italia, Grecia, Francia y Noruega son los países europeos más expuestos a la contaminación del aire por estas embarcaciones.

Empiezan a reaccionar

Las grandes compañías de cruceros no se han quedado cruzadas de brazos y algunas ya empieza a tomar medidas importantes, como prohibir los plásticos de un solo uso a bordo e incentivar el consumo de alimentos locales.

Pero la contaminación por emisiones es un tema más complejo de resolver. La alternativa más viable hasta el momento es el gas natural licuado, que podría reducir tanto las emisiones de óxido de azufre y nitrógeno como el dióxido de carbono.

Otra opción es el uso de los depuradores que capturan los vapores de azufre de las chimeneas de los barcos, que están siendo implementados por algunos miembros de la Asociación Internacional de Líneas de Crucero. El objetivo es reducir en un 85 % las emisiones de azufre.

En el caso de Royal Caribbean Cruises, que comprende seis compañías distintas, tiene dentro de sus políticas ambientales tres formas principales para minimizar la contaminación del aire: reducir el uso general de energía, invertir en tecnologías de reducción de emisiones y utilizar combustibles alternativos o fuentes de energía renovables, dijo una fuente de esa compañía a EL TIEMPO. Además, lideran la iniciativa Save the Waves desde 1992, que se centra en la gestión de residuos y prácticas de sostenibilidad dentro de la compañía.

En los últimos años, Colombia le ha apostado a la llegada de extranjeros a través de cruceros, lo que ha sido incentivado por las nuevas políticas de precios de las compañías que ofrecen el servicio. A esto se suma la eliminación del IVA a los paquetes turísticos para viajar en cruceros internacionales que se adquieran dentro el país.

Estos factores han dado resultado, pues en 2018 llegaron al país 232 cruceros con 378.081 pasajeros en total, según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. De estos 232 cruceros, 217 llegaron al puerto de Cartagena y los 15 restantes a Santa Marta. En su terminal de cruceros, la capital del Bolívar atiende 30 líneas de este tipo de embarcaciones y recibe alrededor del 93 % de los pasajeros que llegan al país vía marítima.

Esto demuestra que –al igual que en el resto del mundo–, el crecimiento de la industria de cruceros aumentó en el país durante los últimos años, pues en 2016 solo llegaron al país 50.946 pasajeros, 327.135 menos que el año pasado. Además, la temporada de cruceros 2017-2018 generó recursos alrededor de los 67,6 millones de dólares, solamente en Cartagena, según un estudio de la Asociación de Cruceros del Caribe de Florida.

Este puerto colombiano, que cuenta con muelles para atender a cuatro cruceros en simultánea, resalta que creó un jardín de 1.000 metros con más de 74 especies diferentes y que esta y otras iniciativas medioambientales hicieron que la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Asociación Norteamericana de Protección del Medio Ambiente Marino (Namepa) le otorgaran el Premio Marítimo de las Américas en la categoría Puerto de Destino Turístico Sostenible.

Sin embargo, en su informe de responsabilidad ambiental, la Sociedad Portuaria de Cartagena aún no contempla los efectos ambientales en el aire y en el mar de este tipo de embarcaciones. En su último reporte aseguran que su huella de carbono operativa en 2017 (la del puerto, no la de los barcos) es de 42,7 kg de CO2 equivalente, lo que es menor que la de puertos como Los Ángeles y Vancouver, pero mayor que la de Ámsterdam.

Aunque la industria en Colombia todavía no se ha visto afectada por la creciente preocupación en torno a la huella de carbono de los cruceros, no falta mucho tiempo para que ello ocurra. Lo de Cannes es una elocuente señal.

REDACCIÓN DOMINGO
(*) Esta nota fue redactada a partir de un despacho de la Agencia de noticias Bloomberg firmado por Adam Minter, pero fue complementada con otros datos recogidos por la Redacción Domingo de EL TIEMPO.

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