Colombia y la cruzada mundial contra el plástico de uso único

Colombia y la cruzada mundial contra el plástico de uso único

La tendencia es prohibir y reducir el consumo de estos productos, que tienen impactos negativos.

Contaminación en Palmira, Magdalena

La basura represada en Palmira, Magdalena, propicia un ambiente insalubre.

Foto:

Vanexa Romero / EL TIEMPO

Por: David Alejandro López Bermúdez
27 de octubre 2018 , 10:41 p.m.

Varios países y organizaciones del mundo han abierto el debate sobre las acciones que se deberían ejecutar para mitigar la contaminación por plástico. Por ejemplo, esta semana, el Parlamento Europeo propuso la prohibición de plásticos de un solo uso para el 2021, y deberá negociar una norma que los regule con el Consejo de la Unión Europea, integrado por 28 Estados.

Esto se suma a otras normativas que se han establecido, desde hace unas semanas, en varias zonas del planeta: en Río de Janeiro (Brasil) se empezó a multar a los restaurantes que vendan pitillos en la playa, en California (Estados Unidos) se sancionó la primera ley estatal que penaliza a los establecimientos que utilicen plásticos de un solo uso y la Asamblea de Francia aprobó un proyecto de ley que prohibirá los recipientes y cubiertos de plástico desde el 2020. Cabe anotar que en más de 60 países, como Panamá, Haití, Costa Rica y Chile, hay prohibiciones e impuestos para aquellos que consuman bolsas plásticas. Pero ¿qué tan lejos está Colombia de tomar este tipo de medidas?

El jueves pasado, en Santa Marta se presentó un decreto local que prohíbe el uso y la venta de cualquier utensilio de plástico e icopor de un solo uso. En el marco de la campaña ‘Desplastifica tu ciudad’, se socializó la medida que pretende convertir la capital del Magdalena en la primera ciudad sostenible del país. Además, en el Congreso se radicó un proyecto de ley que busca prohibir los plásticos de un solo uso a partir del primero de enero del 2030.

Cabe anotar que, desde el 26 de julio de este año, entró en vigor la resolución 1407 del 2018 con la que el Ministerio de Ambiente reglamenta la gestión empresarial de los residuos de empaques y envases de papel, cartón, plástico, vidrio y metal.

Lo que indica es que, a través de la responsabilidad extendida del productor, se “organice, desarrolle y financie la gestión integral de los residuos derivados de sus productos, una vez el consumidor final los desecha”. Es decir que, bajo la Política Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos, los productores de este tipo de elementos tendrán que elaborar y desarrollar un programa para el manejo completo de los envases y empaques.

Ahora bien, desde el primero de julio del 2017 dejaron de circular las bolsas plásticas con un tamaño inferior a 30 × 30 centímetros y se introdujo un impuesto gradual de 20 pesos para aquellos que usen cualquier tipo de estas. Después de poner en práctica esa medida, se recaudaron 10.460 millones de pesos en los primeros seis meses, y el 71 % de los hogares colombianos redujeron el consumo de bolsas plásticas en el primer año de vigencia de la norma, según el Departamento Nacional de Planeación (DNP).

Ante esto, Silvia Gómez, directora de Greenpeace Colombia, señala: “Sería ideal la prohibición completa de las bolsas. La regulación es positiva, pero no suficiente. El Ministerio de Ambiente, las empresas y los ciudadanos nos debemos comprometer a dejar de usar esos elementos de plástico”.

Sin embargo, Daniel Mitchell, presidente de la Asociación Colombiana de Industrias Plásticas (Acoplásticos), considera que la prohibición no es la solución. “Los productos están ahí por alguna razón, por su eficiencia, por su higiene o por su relación de costo. Hay soluciones que permiten entender de manera más integral el problema, como la economía circular para fomentar el reciclaje”, indica.

En esto último coincidieron los ministerios de Ambiente de América Latina y el Caribe en la Declaración de Buenos Aires de este año, en la que resaltan que es importante “desarrollar estrategias para la prevención de la basura marina, con énfasis en la buena gestión de toda la cadena de valor de los plásticos”.

Impacto

¿Alguna vez se ha preguntado por la cantidad de plástico que usa a diario? Por ejemplo, ¿se ha percatado de cuántas veces ha usado este tipo de elementos cuando organiza algún evento social? o ¿cuántos vasos desechables usa para tomar agua o cualquier bebida durante su jornada de trabajo? Quizás si pusiera en una lista cada producto e identificara cuáles son indispensables, se sorprendería al saber que hay varios que no necesita para sobrevivir.

En el último año, según Acoplásticos, el consumo de plástico fue de 27 kilogramos por persona. De estos, el 56 % corresponde a empaques y envases, para productos industriales, de higiene y aseo, y para alimentos. Además, una investigación de Greenpeace Andino asegura que, en promedio, un colombiano habrá producido 1,8 toneladas de residuos plásticos a sus 75 años.

En el país, los plásticos de consumo único son usados masivamente. De acuerdo con cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), en el 2016 se consumieron 19,8 millones de pitillos de plástico. Si se promedia su tamaño a 20 centímetros y se unieran uno a uno hasta formar una línea, se obtendría una distancia de 3.960 kilómetros, es decir, lo equivalente al trayecto entre Bogotá y Dallas, Texas (Estados Unidos).

Ahora, si se toman los 235,7 millones de platos plásticos desechables que se usaron en ese año, se podría dar, con esa cantidad, 4,8 pedazos de torta a cada colombiano. Y si se usan los 6.445 millones de vasos, vasitos y copas desechables utilizadas, sería posible darle cuatro tragos de aguardiente a cada habitante de China.

Pero el problema no solo se basa en el consumo, sino en el uso posterior de estos productos, pues la mayoría se tiran a la basura o no se reutilizan.

Quizás si pusiera en una lista cada producto e identificara cuáles son indispensables, se sorprendería al saber que hay varios que no necesita para sobrevivir

Esto se suma a los 0,76 kilogramos de residuos que un colombiano produce a diario y que posicionan al país por encima del promedio global: 0,74 kilogramos, según datos del Banco Mundial. La entidad también indica que en el 2016 se generaron 242 millones de toneladas de residuos de plástico en el planeta, lo que representó el 12 % de la producción total de desechos.

Además, un informe de las Naciones Unidas alerta que si siguen los patrones de consumo, para el año 2050 habrá 12 millones de toneladas de basura plástica en los vertederos y el entorno natural, y en América Latina la producción sería de 671.000 toneladas de residuos.

Tal es el incremento que se han encontrado dos islas de basura cerca de América Latina: una está ubicada a 1.000 kilómetros de la costa de Chile, cerca de la Isla de Pascua, y otra en el Atlántico Norte. Estas se suman al ‘continente basura’ flotante en el océano Pacífico, descubierto en 1997 por el investigador Charles Moore.

En efecto, las imágenes de tortugas con pitillos en sus narices, caballos de mar con hisopos o de aves comiendo plástico son solo ejemplos de las consecuencias que deja la contaminación en el mundo. En Colombia, el ingreso al desierto de La Guajira está marcado por la abundancia de bolsas plásticas enredadas entre los árboles secos, en la desembocadura del río Magdalena hay islotes flotantes de basura proveniente de varias zonas del país y en la cuenca alta del río Bogotá hay zonas con residuos plásticos.

Este panorama, sin duda, es el reflejo de su uso desmedido, pues expone las consecuencias de su descomposición tardía. Incluso, todavía se pueden encontrar elementos plásticos del siglo pasado. Según Greenpeace, los cubiertos desechables pueden tomar entre cien y mil años para desintegrarse y las botellas PET, más de 450.

Además, un reporte de la organización ambientalista Ocean Conservancy informa que los elementos que más se encuentran en las playas y en los océanos son pitillos, botellas, bolsas, empaques y envolturas.

Algunos de esos objetos ponen en riesgo la salud de las personas. La ONU alerta que varios envases son fabricados con plástico espumado, que contiene compuestos químicos, como el estireno y el benceno, que impactan los sistemas respiratorio, nervioso y reproductivo, y pueden ser causantes de varios tipos de cáncer.

Lo anterior se suma al problema de los microplásticos. Los fragmentos, que no superan los cinco milímetros de diámetro, están hechos de sustancias químicas como el polietileno convencional y están presentes en la ropa, los cosméticos, las cremas dentales y los envases.

Varios de ellos se originan dependiendo del uso y el tipo de material de algunos productos; por ejemplo, al lavar algunas prendas de vestir o al verter agua caliente en recipientes.

Lo alarmante de estos fragmentos es que no se degradan, sino que se descomponen en pedazos más pequeños o nanopartículas que pueden llegar a los objetos de uso diario. De hecho, la Asociación de Investigadores de Berlín (FVB, por su sigla en alemán) advierte que los microplásticos están presentes en casi todo el mundo y están afectando la cadena alimenticia porque las personas ingieren comida que los contiene, o están en contacto directo con ellos a través del aire y el agua.

Una investigación presentada esta semana en un congreso médico en Viena indica el hallazgo significativo de microplásticos en materia fecal humana. Y otra, de la Universidad Nacional de Incheon (Corea del Sur), señala que en más del 90 % de las marcas de sal muestreadas a nivel mundial hay microplásticos.

Ante esto, Joachim Quoden, director general de la Alianza de Responsabilidad del Productor Extendido (Expra), cuestiona: “¿Cuál es nuestro estilo de vida y nuestro modelo de negocio económico en este momento? ¿Es más barato comprar un elemento nuevo que lavarlo o siempre tenemos prisa y necesitamos un café para llevar?”.

Soluciones

La cruzada contra el plástico de uso único en el mundo se ha vuelto prioridad para varias organizaciones privadas e instituciones que buscan mitigar el problema a tiempo.

Hace unas semanas, la empresa Ocean Cleanup anunció que, desde San Francisco (Estados Unidos), partirá una tubería flotante en forma de ‘u’, de 600 metros de largo, que ‘atrapará la basura del Pacífico.

También, en Europa se han hecho esfuerzos para limpiar las costas y extraer los desechos plásticos a través del apoyo de organizaciones sin ánimo de lucro y de los gobiernos. Algo que, según la ONU, cuesta 630 millones de euros cada año.

En Colombia también se han creado campañas privadas de organizaciones que buscan hacerle frente a la contaminación por plástico y dan consejos para su consumo y reutilización, como ‘Colombia, libre de plástico’ de Greenpeace, ‘Dale vida al plástico’ de Acoplásticos, y ‘Es tiempo de actuar’ de Tag Heuer.

No obstante, la responsabilidad también recae en los ciudadanos. Para esto, los expertos aseguran que es fundamental que cada persona reflexione sobre su estilo de vida y la forma en la que consume, es decir, hay que evaluar cuáles elementos son necesarios para el día a día.

Aunque para algunos es utópico pensar en el reemplazo de estos productos, cada vez hay más personas que plantean que se pueden hacer pequeñas acciones para reducir la contaminación, como usar bolsas de tela, llevar la comida en recipientes de vidrio o tener envases que permitan llenarlos con bebidas cada vez que se requiera. Sin embargo, resaltan que es fundamental que estos tengan una buena higiene.

En últimas, encontrar una solución al problema parte de una responsabilidad compartida entre los ciudadanos y los sectores público y privado. Las alertas son claras, y la respuesta está en nuestras manos.

¿Cuáles son los plásticos de consumo único?

Los plásticos de consumo único son aquellos que se usan solo una vez y se desechan.

Cubiertos desechables
Platos desechables
Pitillos de plástico
Agitadores de bebidas
Palitos para globos
Copitos de algodón
Envases y empaques de plástico para alimentos
Vasos para bebidas
Globos

DAVID ALEJANDRO LÓPEZ BERMÚDEZ
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO
En Twitter: @lopez03david

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