Colombia, Ecuador y Perú, habitados por más de 2.000 jaguares

Colombia, Ecuador y Perú, habitados por más de 2.000 jaguares

Estudio dice que hay 2,2 ejemplares por cada 100 km².

Jaguar

Los jaguares habitan en toda América desde el sur de lo Estados Unidos hasta el norte de Argentina.

Foto:

Rhett A. Butler - Mongabay

Por: Vanessa Romo*
26 de mayo 2020 , 10:12 a.m.

La presencia del felino emblemático de las Américas, el jaguar, es uno de los grandes indicadores de la salud de nuestra Amazonia. Cuando su población es escasa, las probabilidades de tener un bosque rico en fauna son muy bajas. Esta es la razón por la cual es tan importante saber cuántos jaguares existen en los países que forman parte del hábitat de este felino, que va desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina.

En cifras, el panorama regional no es alentador. Las 34 poblaciones identificadas de jaguares, hasta el momento, enfrentan una pérdida significativa de su espacio de movimiento: han perdido más del 57 por ciento de su hábitat por impactos externos.
La alternativa que muchos países han encontrado para protegerlo en este contexto es cuidar las poblaciones que viven dentro de las áreas naturales protegidas.

Es justo en estos espacios donde un grupo de investigadores del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha estudiado a esta especie. Uno de los hallazgos más importantes de esta investigación –que abarca las poblaciones de Colombia, Ecuador y Perú– es que existe un paisaje que comparten estos tres países y podría albergar hasta 2000 jaguares, lo que los científicos describen como nueva gran unidad de conservación para esta especie.

Un animal migrante

José Luis Mena, jefe del departamento de Zoología del Museo de Historia Natural de la Universidad Ricardo Palma, es uno de los científicos que lideraron la investigación que comenzó a fines de 2017 y concluyó con la reciente publicación. Mena comenta que luego de dos temporadas en campo, entre el 2017 y el 2019, y con 168 estaciones de cámaras trampa instaladas, lograron comprobar que la densidad del jaguar en estas tres áreas protegidas superaba las estimaciones iniciales: de 1,5 a 2,20 jaguares por cada 100 kilómetros cuadrados.

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Aunque en los tres sitios encontraron números similares, la investigación señala que en Güeppi (Perú), los cálculos arrojaron una densidad ligeramente mayor, 2,70 jaguares por 100 kilómetros cuadrados.

Las imágenes obtenidas en poco más de tres años de investigación son variadas. En algunas se puede observar un felino feroz. En otras se lo ve más dócil, en rutinas de aseo personal.

En términos cuantitativos, los científicos reunieron 273 detecciones independientes de 39 jaguares tras examinar las fotografías. Identificar a cada individuo es un proceso laborioso pero no imposible, gracias a que los patrones de sus manchas son como sus huellas digitales: son únicos. De este grupo, 23 son machos; 10, hembras, y no se pudo identificar el sexo de los otros seis. Luego de extrapolar estos datos en el resto del territorio de Güeppi, Cuyabeno y Umancia, se estimó que en estas tres áreas existen unos 322 jaguares.

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Y si se juntan otras siete áreas en los tres países, es decir, el gran corredor propuesto por el estudio publicado en Global Ecology and Conservation, se podrían encontrar hasta 2000 de estos felinos.

A esto se refieren los científicos cuando hablan del megapaisaje Napo-Putumayo, que enlaza áreas protegidas de diversos tipos, desde parques nacionales hasta reservas indígenas. La iniciativa busca que se considere desde la Reserva Regional Alto Nanay-Pintuyacu Chambira (Perú), en el sur, hasta el Parque Nacional de la Serranía de Chiribiquete (Colombia), en el norte.

Este corredor, según el estudio, debería ser concebido como una unidad de conservación de jaguares (UCJ), como la denominó en el 2002 el científico Eric Sanderson, y que es utilizada desde entonces como una referencia por las comunidades académicas que estudian a este felino.

Trabajo en equipo

“La conservación de la biodiversidad tropical tiene que tener un enfoque de paisaje”, resalta la publicación científica. Eso lo sabe bien Jessica Gálvez-Durand del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor).

“Necesitamos corredores transnacionales —comenta la directora de Gestión Sostenible del Patrimonio de Fauna Silvestre— no solo para el jaguar, sino para especies como el tapir de montaña, y para ello estamos impulsando coordinaciones con otros países como Ecuador y Colombia”.

En los otros países donde se condujo la investigación, Ecuador y Colombia, hay investigaciones sobre el felino y en ellas existen 7 y 9 unidades de conservación de jaguar (UCJ), respectivamente. Algunas de estas UCJ son parte de la propuesta del gran corredor planteado en el estudio realizado por WWF. Gran parte de estas zonas están en áreas naturales protegidas.

De acuerdo con los científicos que encabezaron el análisis, esta ubicación ha permitido una mayor conservación de la especie, incluso pese a la continua fragmentación del hábitat del jaguar, que restringe cada vez más sus espacios de tránsito y lo ponen en peligro. Existen serias amenazas, como los proyectos de infraestructura y la deforestación, generada por la ampliación de espacios ganaderos y actividades ilícitas, que presionan estas áreas.

En Colombia, la investigación se hizo con la comunidad de Umancia de la etnia murui muina. En estos tres espacios se pudo instalar la figura del monitor ambiental, personaje que no solo se convirtió en un agente para ubicar las cámaras trampa y recogerlas del campo, sino en un aliado de la conservación en sus pueblos.

“A partir de las imágenes que obteníamos de las cámaras trampa, ellos empezaron a reconocer animales que pensaban que nunca habían visto. Estaban impresionados”, dice Jessica Pacheco, oficial del Programa de Bosques y Agua Dulce de WWF Ecuador y coautora del estudio.

En el lado colombiano, los monitores murui muinas se involucraron aún más en el trabajo de campo. “Aquí, la constitución les da a los pueblos indígenas la propiedad sobre sus territorios, y tienen el poder de realizar actividades. Eso los ha empoderado frente a otras comunidades de otros países”, dice Jaime Cabrera, biólogo de WWF Colombia y coautor de la investigación.

El científico detalla que aunque al inicio eran monitores y fueron capacitados para el uso de GPS, de sistemas de información geográfica y cartografía, ahora ya se han convertido en investigadores. “Al empezar a aparecer los datos, ellos también iniciaron la interpretación de esta de acuerdo con lo que ellos sabían o cómo denominaban esas especies. Así han empezado a sistematizar sus conocimientos sobre el jaguar. Nosotros promovemos un diálogo constante entre el conocimiento tradicional y el occidental”, anota Cabrera.

Mongabay Latam
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