La Patagonia, laboratorio natural para estudio del cambio climático

La Patagonia, laboratorio natural para estudiodel cambio climático

El fiordo Seno Ballena, en Chile, da claves de cómo el cambio climático alteraría el sistema marino.

Glaciar Santa Inés

Vista del glaciar Santa Inés, en el fiordo seno Ballena, en Punta Arenas, región de Magallanes (sur de Chile).

Foto:

Martin Bernetti / AFP

Por: Paulina Abramovich
03 de febrero 2019 , 10:20 p.m.

En uno de los lugares más inhóspitos del planeta, el mar de la Patagonia chilena da luces sobre el futuro del cambio climático y sus efectos en ballenas, delfines, lobos marinos, algas o moluscos.

Seno Ballena, un fiordo en el estrecho de Magallanes, en el extremo austral de Chile, presenta hoy condiciones que deberían estar presentes en otros sistemas marinos en las próximas décadas, cuando se esperan profundos cambios debido al aumento de las liberaciones de C02 a la atmósfera y el retroceso de los glaciares.

“Este lugar es como un experimento propio de la naturaleza porque nos permite, sin tener que experimentar en el laboratorio, saber qué pasaría, sin necesidad de imaginarlo”, explica el biólogo marino Maximiliano Vergara.

Pero llegar hasta este lugar, un extenso territorio casi sin intervención humana, donde fuertes vientos y frío se sienten todo el año, es un desafío. A inicios de diciembre, una expedición del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes, de la Universidad Austral (Ideal), llegó hasta este lugar para analizar variables químicas, físicas y biológicas de estas aguas, que presentan un menor nivel de pH, salinidad y calcio en la parte más superficial, como consecuencia del cambio climático.

En una embarcación pesquera adaptada para fines científicos, tras más de un día de turbulenta navegación por el estrecho de Magallanes –el principal paso entre los océanos Pacífico y Atlántico–, el equipo logró llegar al seno Ballena para recoger los datos de un sistema de sensores instalado en abril y que realiza mediciones del agua cada tres horas.

“Lo que estamos estableciendo es nuestra línea de base de información. Esto va a ser hacia el futuro lo que nos va a decir cómo estaba el sistema ahora y proyectar hacia adelante”, explica Vergara mientras extrae datos del equipo que permite contar con información continua, relevante en un lugar de tan difícil acceso.

Otros miembros de la expedición recogen muestras de agua para medir los efectos del deshielo del gigantesco glaciar Santa Inés, en la cabecera del seno Ballena y que está en claro retroceso, mostrando manchones de roca que no se vislumbraban en una pasada expedición –la de abril–.

“Las aguas de las altas latitudes, tanto del hemisferio norte como del sur, contienen gran cantidad de información biológica y físico-química que servirá para la toma de base de decisiones importantes en los planes de conservación de los países desarrollados”, dice por su parte el biólogo Máximo Frangópulos, profesor de la Universidad de Magallanes y jefe de la última expedición del centro Ideal.

Este lugar es como un experimento propio de la naturaleza porque nos permite, sin tener que experimentar en el laboratorio, saber qué pasaría, sin necesidad de imaginarlo

Ballenas en peligro

Al oeste del estrecho de Magallanes, en el parque marino Francisco Coloagne, el seno Ballena es el lugar donde cada año vienen a alimentarse decenas de ballenas jorobadas. Estos gigantescos cetáceos recorren miles de kilómetros en busca de alimento, en un trayecto que va desde Magallanes al Ecuador y Centroamérica, donde se reproducen en aguas cálidas.

Conocidas por su grandes aletas –que pueden llegar a medir hasta cinco metros–, estas ballenas escogen cada año este lugar por ser uno de los hábitats marinos más ricos del planeta, con una abundancia de sardinas y kril, un crustáceo parecido a un pequeño camarón.

También encuentran su alimento aquí orcas, delfines, pingüinos de Magallanes, lobos, elefantes marinos y más de 25 especies de aves, entre ellas petreles y cormoranes.

Pero el cambio climático podría alterar este equilibrio, con serias consecuencias. “Un cambio dentro de las microalgas puede generar cambios en la estructura secundaria (del sistema marino) o animales que se alimentan de estas”, explica Marco Antonio Pinto, biólogo marino.

El temor de los científicos es que si se desencadenan floraciones algales desmedidas, podría generarse la mortalidad de especies, en un fenómeno conocido como ‘marea roja’. Al sobrepoblar el sistema, las algas –que realizan fotosíntesis– consumen gran cantidad de oxígeno, asfixiando algunas especies o contaminándolas con toxinas.

Debido al aumento del dióxido de carbono en el mar –que baja el pH del agua y aumenta su acidez–, muchos invertebrados con estructuras de calcio, como el kril, el principal alimento de las ballenas, ven interrumpido su desarrollo.

“Es un rompecabezas que estamos armando (...) para ver cómo el cambio climático repercute no solo en el sistema básico marino, sino que se transmite a los mamíferos de mayor tamaño, y eso generaría un impacto social y económico en la zona”, agrega Pinto.

El próximo invierno austral, los científicos del centro Ideal volverán al seno Ballena para recoger la valiosa información que está entregando la Patagonia chilena.

PAULINA ABRAMOVICH
Seno Ballena (Chile)
AFP

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