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¿Por qué proteger Chiribiquete?
Chiribiquete

Para Castaño-Uribe, la Unesco podría quitarle la categoría de Patrimonio Mundial a Chiribiquete si Colombia no muestra la capacidad de la política pública para protegerlo.

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Cortesía Parques nacionales

¿Por qué proteger Chiribiquete?

Carlos Castaño-Uribe, el descubridor de los farallones, habla de la importancia de su preservación.

Carlos Castaño-Uribe no es solo uno de los antropólogos más aplaudidos del país por sus aportes a la política pública ambiental en Colombia y Latinoamérica. Su mayor galardón es el descubrimiento y estudio el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, en 1986. Al mismo tiempo, trabaja en la construcción de un corredor jaguar en Montes de María armonizando el arte, la tradición y su cosmogonía chamánica.

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En 1989, Chiribiquete fue declarado reserva por el Inderena y el Ministerio de Agricultura; entonces, su extensión alcanzaba 1’298.955 hectáreas. Era el parque natural más grande del país.

“Hace 33 años mi decisión –y en la cual me acompañaron muchos de quienes estuvimos allí adelantando la investigación– fue tratar de manejar esto con la mayor prudencia e incluso absoluto sigilo, guardándolo como un gran secreto”, cuenta.

¿Por qué era necesario tenerlo tan en secreto?

Cada expedición, cada trabajo que descubríamos y cada mural que teníamos la oportunidad de excavar daba muchos más elementos, no solo sobre la importancia, sino la fragilidad y vulnerabilidad del lugar. Era muy evidente que los riesgos, las presiones y los procesos de transformación iban en aumento en toda la Serranía y que los frentes de colonización que se vislumbraban hace 33 años tarde o temprano iban a llegar al parque.

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¿Qué estrategia siguió?

La declaratoria de la Serranía como Parque Natural, en 1989, fue el primer gran paso. Pero a medida que conocíamos, entendíamos que la superficie declarada, de 1’298.955 hectáreas, siendo el parque más grande Colombia, era insuficiente y definimos estrategias, como la ampliación del parque a una superficie infinitamente mayor a la que yo logré establecer. La otra decisión fue la declaratoria de este lugar como patrimonio natural y cultural de la humanidad.

Significó que debíamos cumplir una cantidad de requisitos y procedimientos ante la Unesco muy difíciles, por el tipo de categoría a la que nos nominábamos como país. Se hicieron intentos, muy preliminares, en 1993, pero cuando me di cuenta de la magnitud de cosas que debían incluirse en la sustentación del documento técnico, vi que no teníamos la capacidad de promulgar este lugar y empezar el trámite.

En 2004 hicimos un primer intento en serio, a través de Parques Nacionales, pero resultó fallido tras la visita de los expertos de Unesco, en 2005. Su argumento central fue la incapacidad del Gobierno de proteger este lugar lo suficientemente bien.

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¿Por qué?

Una cosa es que sea un parque nacional y otra que sea un sitio de patrimonio mundial, sobre todo, en esa categoría. Hoy tenemos cerca de 3.000 sitios de patrimonio mundial en el globo, de los cuales 1.500 son de carácter cultural (la mayoría), otros 1.000 de patrimonio natural y una reducida parte, natural y cultural a la vez. Es difícil argumentar estos dos elementos fundamentales de la identidad del lugar, sus atributos y valores, y explicar la correlación de ambos.

Si el elemento cultural no coincide con la interrelación natural y viceversa, el área no se puede declarar y ese es un aspecto en el que la mayoría de países fallan. De hecho, cuando logramos arrancar el proceso de nuevo en 2014 (en 2006 nos cerraron la puerta ante la imposibilidad de cumplir todos los requisitos de protección y conservación que se requerían) con la exdirectora de Parques Nacionales Julia Miranda, y mi fundación Herencia Ambiental Caribe, sabíamos el esfuerzo que implicaba vencer esa barrera profunda de incapacidad y de inconsistencia. Era una tarea endemoniada.

En 2018 lograron la denominación como Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad. ¿Cómo lo consiguieron?

Desde 2006 nos pedían mejorar la información científica del lugar; pero el reto más grande era avanzar en una estrategia de estado para defender Chiribiquete. Gracias a la concurrencia de decisiones de alto gobierno logramos ir cumpliendo estos requisitos de la forma adecuada, entre 2015 y 2017. Estuvimos trabajando activamente en todos los esquemas y las estrategias para poder entregar el dosier con la argumentación, justificación y estrategias de protección del parque. Gracias al esfuerzo de la Cancillería, el Ministerio de Cultura, el Ministerio del Medio Ambiente, Parques Nacionales y el Icanh, tuvimos la oportunidad de llevar a expertos del Consejo Mundial del patrimonio al parque y dejarlos algunos días revisando los criterios y parámetros y reuniéndose con las comunidades étnicas que habitan la periferia. Finalmente, este punto, el más difícil de vencer, la capacidad del estado de protección de esta área, logramos pasarla gracias a la decisión del estado por defender a Chiribiquete.

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Carlos Castaño Uribe, arqueólogo

Carlos Castaño Uribe, arqueólogo.

Foto:

Armando Neira. EL TIEMPO

¿Por qué tomó tantos años la ampliación del parque?

Fue una tarea ardua en la que Parques Nacionales, con Julia Miranda a la cabeza, se la jugó toda con nosotros, y otras instituciones. Desde el equipo científico que me acompañó en las expediciones aportando todos los elementos para demostrar el costo-efectividad de la conservación o el costo-efectividad de la intervención minera o petrolera. Lo mejor que pudimos lograr en 2013 fue más que duplicar el tamaño original, pero nuestra aspiración era llegar a 5 millones de hectáreas. Trabajamos todo el esquema para convencer al Ministerio de Minas y a la Agencia Nacional de Hidrocarburos –y a todos los intereses que estaban de por medio– de que eso debía abordarse desde la perspectiva de la conservación.

¿Y el tratamiento con las comunidades indígenas?

Estaba de por medio la opinión de las comunidades indígenas de las periferias de la serranía, algo no muy sencillo, pues las comunidades tienen aspiraciones de que amplíen los resguardos y no los parques naturales, y no solo por la invasión turística sino porque para ellas es delicado someter sus territorios ancestrales a la decisión de una agencia, que en este caso es Parques Nacionales, entidad que puede estar incluso por encima de las decisiones indígenas sobre lo que se puede hacer con el territorio. Debido a ello creamos un esquema de esfuerzo, comunicación, arreglos y acuerdos que han tomado muchos años.

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¿Podía Chiribiquete dejar de ser área de conservación nacional?

Desde la nueva Constitución logramos cerrar una talanquera mayúscula, que era el criterio especial de los parques nacionales de Colombia como patrimonio intangible con carácter imprescriptible e inalienable, lo que significa que está totalmente custodiado y que allí no pueda haber más interés que el de Parques Nacionales. En la legislación colombiana, una vez es declarado Parque Nacional nadie puede quitarle ese carácter. Lo logrado en los 90 fue importante, pero no suficiente: la declaratoria de Patrimonio Mundial era definitiva; solo de esa forma era posible resguardar el criterio y el fundamento de protección por sobre los intereses de la política nacional.

¿Unesco podría retractarse ante su denominación como Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad?

La Unesco puede quitarnos la categoría y es una decisión de una gravedad política inimaginable. Es el peor mensaje que un Estado pueda enviar a la comunidad mundial y estamos muy próximos a que esto ocurra. Después de todo lo que costó demostrar la capacidad de Colombia y las estrategias y los fundamentos y bondades de la política pública en torno a Chiribiquete, hemos retrocedido y tenemos que cumplir un plan de manejo que, según mi juicio, no hemos cumplido lo suficientemente bien.

La Unesco, creo, ha sido muy respetuosa hasta el momento pese a todo lo que se publica, no se han atrevido a cuestionar al Estado colombiano, lo que me parece increíble en términos de respeto, pero también nos pone en una situación complicada. Si esto sigue avanzando, poder reversarlo va a ser difícil. No pensé que las tasas de destrucción de la selva alrededor de la Serranía se incrementaran de manera tan absurda.

¿Cuál debe ser el papel de la sociedad civil allí?

Empecé a notar que la única forma de proteger a Chiribiquete no está en las responsabilidades del Estado y las instituciones, sino también en la sociedad civil. Entonces, decidimos cambiar la estrategia y empezar a contar la historia para que la sociedad civil se apersonara del cuidado del parque. Eso que parece un sortilegio o romántico y poco realizable, me ha sorprendido enormemente porque Chiribiquete ha empezado a recibir un respaldo enorme de múltiples sectores de la sociedad, y muy particularmente, aquellos asociados al arte y la cultura. Se han comprometido en la protección de este lugar, rodeando a la institucionalidad para que pueda cumplir de la mejor manera con su ya difícil situación.

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¿Cómo se vinculan los artistas?

Pintores, escultores, artistas de todo tipo se han sumado a la causa. Recientemente, la artista visual y diseñadora gráfica Catalina Estrada tocó las puertas en la Fundación Herencia Caribe para ayudar. De ahí surgió uno de sus pañuelos solidarios, cuyas ventas recaudadas se destinan a la construcción del corredor jaguar en Montes de María.

La única forma de proteger a Chiribiquete no son solo en las responsabilidades del Estado y las instituciones; también en la sociedad civil

¿Por qué pasó del secreto a la publicación de sus hallazgos, como lo hace en su libro ‘Chiribiquete, la maloka cósmica de los hombres jaguar’?

El libro se convierte en una meta referente para ir más allá de la caracterización de la línea base del parque. Es un estandarte para contar las maravillas de esta área, pero, sobre todo, para vender (en el mejor sentido de la palabra) un mensaje: entre todos debemos cuidar Chiribiquete. Conservarlo, conociéndolo sin necesidad de ir allá.

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Pero, existe una forma de conocer algo de su magnificencia en La Lindosa...

Dejamos como puerta abierta la posibilidad de ir a visitar la serranía de La Lindosa, que es un sitio con las mismas características geológicas, morfológicas, ecosistémicas y ecológicas, haciendo parte de la misma tradición cultural relacionada con los murales majestuosos que están en Chiribiquete. Como está tan cerca de San José del Guaviare (hace parte casi del perímetro urbano), es un área muy intervenida lamentablemente y reviste gran interés para los habitantes, la comunidad, las autoridades, etc., de usarlo como destino turístico. En La Lindosa pueden observar y lograr una visita educativa y ecológica.

¿Cómo ha sido el plan de conservación del jaguar en Montes de María?

En los últimos 10 años empezamos a trabajar en la construcción de un corredor jaguar entre dos áreas del sistema de Parques Nacionales: el santuario de fauna y flora Los Colorados, en Montes de María y otro que es el santuario de flora y fauna El Corchal, en Sucre, pues entre ambas había un corredor natural que utilizaba el jaguar para movilizarse entre el río Magdalena, las playas y los sistemas mangláricos del Caribe. Empezamos a estudiar el lugar desde hace años y notamos que es un corredor que pasa a unos kilómetros de Cartagena de Indias, en donde era posible ver y escuchar la movilidad de jaguares esporádicos (el último fue en 2006 y a partir de ese momento jamás se volvió a divisar uno). Para construir este corredor reforestamos y reconstruimos el paisaje forestal que permitía el desplazamiento de estos jaguares y eso era una apuesta muy fuerte porque el territorio ha sido transformado dramáticamente, porque debimos convencer a los colonos y campesinos, a todos los grandes finqueros y ganaderos de la necesidad de construir un corredor y romper las ideas de que son animales sinónimos del diablo o seres nada apreciados, sino que son íconos de procesos y estrategias de conservación y del mejoramiento de la calidad de vida humana.

¿Qué resultados han logrado hasta el momento?

De ahí surgió el festival Jaguar en San Juan Nepomuceno, que es su estandarte del esfuerzo por conservar sus paisajes naturales y silvestres y, por qué no, la llegada nuevamente de los jaguares.

(Siga leyendo: Parques Nacionales: ¿qué viene para el nuevo director?).

¿Qué tan factible?

El año pasado tuvimos reportes de pumas y si sigue la estrategia por esa vía para que el jaguar vuelva. Ya con una comunidad educada, sensible, armoniosa y centrada en el rigor de lo que significa construir un territorio, dándoles oportunidad a las especies de que participen en ello, se convertirá en uno de los ejemplos más interesantes en el Caribe y el país.

PILAR BOLÍVAR
Para EL TIEMPO

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