Carbón, petróleo y gas: llegó la hora de la verdad

Carbón, petróleo y gas: llegó la hora de la verdad

En una columna, Isabel Cavelier y Alex Rafalowicz analizan informe sobre combustibles fósiles.

Rey del fracking Ineos 8

"Incluir el fracking en el Plan Nacional de Desarrollo o planificar la expansión del carbón y del petróleo, es una posición miope e irresponsable". 

Foto:

Lucy Nicholson / REUTERS

Por: Isabel Cavelier y Alex Rafalowicz
20 de noviembre 2019 , 10:54 a.m.

El reporte publicado hoy por ONU Ambiente sobre la producción de combustibles fósiles se suma a las alarmas científicas que han motivado manifestaciones de millones de ciudadanos alrededor del mundo en los últimos meses. El mensaje es claro: carbón, petróleo y gas deben comenzar ahora mismo la transición hasta su completa desaparición de la economía, si queremos detener el cambio climático.

Para Colombia, un país exportador de hidrocarburos, la necesidad de redefinir la trayectoria económica es urgente. El mensaje que por primera vez un reporte de las Naciones Unidas establece con absoluta claridad es que la extracción de combustibles fósiles debe detenerse. La ciencia ha sido contundente. El reciente reporte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) sobre el aumento de temperatura por encima de 1.5ºC definió con precisión que los potenciales impactos para la sociedad, economía y ecosistemas son catastróficos, y que tenemos una década para, como mínimo, reducir los actuales niveles de emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad.

El “Reporte de la Brecha en la Producción” publicado hoy trae un mensaje ineludible: los planes de expansión de la industria del carbón, petróleo y gas tendrán que quedarse en los anaqueles. Las trayectorias proyectadas de crecimiento de la extracción y uso de combustibles fósiles, que representan más del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero y casi el 90% de todas las emisiones de dióxido de carbono, son alarmantes. El reporte encontró que el mundo está en camino de producir aproximadamente un 120% más de lo que sería consistente con limitar el calentamiento a 1.5 °C - el único límite seguro para nuestro propio futuro-.

Ante ese panorama desalentador es imperativa una renovación de los compromisos adoptados por los países en el marco del Acuerdo de París. Para estar en línea con su principal objetivo, que requiere alcanzar la total carbono-neutralidad para mediados de siglo, y limitar el aumento de temperatura a 1.5ºC, el nivel de ambición de los compromisos se tiene que multiplicar por cinco.

Colombia no está exenta de aumentar su nivel de compromiso. Es responsabilidad del Estado proteger a sus ciudadanos, y para ello, como mínimo, debe adoptar una meta consistente con la reducción de emisiones a la mitad a 2030. Así, en vez de re-diseñar las líneas de base de nuestro compromiso, deberíamos más bien comprometernos a reducir la carbono-intensidad de nuestra economía en términos de la relación entre las emisiones y el crecimiento del PIB, que defina señales claras para iniciar una transición justa hacia la economía del futuro: sin emisiones, y resiliente a los impactos del cambio climático.

La transición, sin embargo, debe ser justa también para quienes dependen directamente de la economía fósil para su bienestar (a corto plazo), y por lo tanto es imperativo comenzar a ejecutar un plan ordenado de reducción hasta la total eliminación del carbón, el petróleo, y el gas de nuestra economía.

Dados estos hallazgos, será cada vez más difícil justificar la exploración o expansión de nuevas reservas de combustibles fósiles en Colombia o en cualquier otro lugar. Eso significa que incluir el fracking en el Plan Nacional de Desarrollo, o planificar la expansión del carbón y del petróleo, es una posición miope e irresponsable respecto del futuro de los colombianos.

Lo mismo ocurre con el gas, que varios rescatan como “combustible de transición”. El reporte de la ONU desmiente esta ilusión. La investigación encontró que aumentar la producción de gas fósil y disminuir su precio pueden conducir a un aumento neto de las emisiones globales, y, además retrasar la introducción de sistemas de energía con emisiones cercanas a cero. Estos nuevos hallazgos muestran que la producción de gas también debe disminuir, comenzando pronto para alcanzar el objetivo de 1.5 ° C.

Quienes ya han entendido que estamos ad portas de un cambio de paradigma económico, ya están tomando medidas. Las más dicientes vienen del sector financiero. Inversionistas precavidos que han incorporado el riesgo climático en sus decisiones de inversión, ya han desinvertido del sector (fondos representando cerca de 11 billones de dólares están en este grupo). Otros, entre ellos los más grandes fondos de pensión y aseguradoras en el mundo, se han comprometido a descarbonizar sus portafolios hasta llegar a ser carbono-neutrales en 2050.

Quienes creen que podemos comprarle tiempo a la atmósfera viven en una peligrosa realidad paralela, y de paso nos ponen en riesgo a todos. Pensar que el carbón colombiano será el único que sí se venda, o que por ser un país menos grande que otros tenemos licencia para seguir con los planes de expansión de la industria del petróleo y del gas no sólo es irresponsable en términos atmosféricos, sino en términos económicos. Equivale a enterrar nuestros activos. A intercambiar la riqueza representada en nuestras comunidades y ecosistemas (los más biodiversos del mundo), por destrucción y desolación.

Esta no es una potencial distopía de una serie de televisión o del futuro lejano. Se trata del futuro que viviremos nosotros, la generación actual, en los próximos diez a treinta años. El futuro que elijamos está en nuestras manos. Aun estamos a tiempo de tomar la decisión que defina el curso del planeta entero y la civilización humana. Si no nos preparamos para una transición ordenada desde ahora, tenemos todo - literalmente- que perder.Isabel Cavelier, directora de visión de Transforma y Alex Rafalowicz, co-chief comunications officer de 350. 

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