El delirio peligroso del calentamiento global óptimo

El delirio peligroso del calentamiento global óptimo

Enfoque Nordhaus es una aplicación equivocada de modelos para toma de decisiones bajo incertidumbre.

Calentamiento global

El calentamiento global producirá cambios importantes en los ciclos hidrológicos, con precipitaciones más extremas y sequías más prolongadas y severas.

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Loic Venance / AFP

Por: Adair Turner - Project Syndicate
15 de octubre 2019 , 04:41 a.m.

El Reino Unido ahora está legalmente comprometido a reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero a cero para 2050. Los opositores en el Parlamento abogaron por un mayor análisis de costo-beneficio antes de hacer tal compromiso; y el economista ganador del Premio Nobel William Nordhaus argumenta que dicho análisis muestra un ritmo óptimo de reducción mucho más lento.

El acuerdo climático de París 2015 busca limitar el calentamiento global a “muy por debajo de 2 °C” por encima de los niveles preindustriales, mientras que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático recomendó en 2018 que el aumento se limite a 1,5 °C. Por el contrario, el modelo de Nordhaus sugiere limitar el calentamiento a 3,5 °C para 2100. Si ese fuera el objetivo, las emisiones netas cero serían aceptables mucho después de 2050.

Pero el enfoque de Nordhaus representa una aplicación equivocada de modelos sofisticados para la toma de decisiones bajo extrema incertidumbre. Todos los modelos dependen de supuestos, y las conclusiones de Nordhaus se basan fundamentalmente en supuestos sobre el daño adicional de aceptar 3,5 °C en lugar de 2 °C del calentamiento global.

Para algunos tipos de impacto climático se pueden intentar estimativos cuantitativos. A medida que la Tierra se calienta, el rendimiento de los cultivos aumentará en algunas partes más frías del mundo y disminuirá en las regiones más cálidas. Cualquier estimativo del impacto económico está sujeto a amplios márgenes de error, y sería absurdo imaginar que los beneficios en una región se transferirán a otras que han sido perjudicadas, pero al menos estimarlo puede ayudarnos a pensar en la escala posible de estos efectos.

Sin embargo, es imposible estimar muchos de los riesgos más importantes. El calentamiento global producirá cambios importantes en los ciclos hidrológicos, con precipitaciones más extremas y sequías más prolongadas y severas. Esto tendrá graves efectos adversos en la agricultura y los medios de vida en lugares específicos, pero los modelos climáticos no pueden decirnos con anticipación y precisión dónde los efectos regionales serán más severos. Los efectos iniciales adversos, a su vez, podrían producir inestabilidad política autorreforzante e intentos de migración a gran escala.

Pretender que podemos estimar estos efectos es una ilusión. La evidencia empírica de la historia humana tampoco puede proporcionar una guía útil sobre cómo hacer frente a un mundo que se calentó al nivel supuestamente óptimo de Nordhaus. Después de todo, un calentamiento de 3,5 °C por encima de los niveles preindustriales nos llevaría a temperaturas globales no vistas por más de dos millones de años, mucho antes de que los seres humanos modernos hayan evolucionado.

Amenazas catastróficas

Los estimativos de los impactos adversos también son incapaces de capturar el riesgo de que el calentamiento global se refuerce a sí mismo, creando un riesgo no trivial de amenazas catastróficas para la vida humana en la Tierra. Las tendencias recientes de la temperatura en el Ártico confirman las predicciones del modelo climático de que el calentamiento será mayor en latitudes altas. Si esto produce derretimiento a gran escala del permafrost, se liberarán enormes cantidades de gas metano atrapado, lo que acelerará el cambio climático. Cuanto mayor sea la temperatura, mayor será la probabilidad de un calentamiento adicional rápido e incontrolable. Los modelos siempre luchan por capturar efectos tan endógenos y no lineales, pero el punto de optimización de 3,5 °C de Nordhaus podría ser un equilibrio enormemente inestable.

Antes de la crisis financiera de 2008, muchos economistas, incluidos algunos premios nobel, creían que los sofisticados modelos de valor en riesgo (VaR) habían hecho que el sistema financiero global fuera más seguro. El entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, estaba entre ellos. En 2005 observó de manera tranquilizadora que la “aplicación de enfoques más sofisticados para medir y administrar el riesgo” era uno de los “factores claves que apuntalaban la mayor capacidad de recuperación de nuestras instituciones financieras más grandes”.

Pero esos modelos no proporcionaron ninguna advertencia de desastre inminente. Por el contrario, engañaron a los gerentes bancarios, los banqueros centrales y los reguladores con la creencia peligrosa de que los riesgos podrían preverse, medirse y gestionarse con precisión. Lo mismo ocurre con los modelos supuestamente sofisticados que pretenden discernir el nivel óptimo de calentamiento global. Los costos económicos de lograr la neutralidad de carbono para mediados de siglo también son inciertos. Pero podemos estimar su orden máximo de magnitud con una confianza mucho mayor de lo que es posible al evaluar los costos de los efectos adversos del cambio climático.

Economía sin carbono

Lograr una economía sin carbono requerirá un aumento masivo en el uso global de electricidad, desde las 23.000 horas TW actuales hasta las 90.000 horas TW para mediados de siglo. Lograr esto sin emisiones de carbono requerirá enormes inversiones; pero, como ha demostrado la Comisión de Transiciones Energéticas, es factible técnica, física y económicamente. Incluso si todas esas 90.000 horas TW fueran provistas de recursos solares, el espacio total requerido sería solo el 1 % de la superficie terrestre de la Tierra. Y en las subastas competitivas de energía del mundo real, los proveedores de energía solar y eólica ya se están comprometiendo a entregar electricidad a precios cercanos y, a veces, inferiores al costo de la generación de combustibles fósiles.

Los costos estimados también deben tener en cuenta el almacenamiento de energía o la capacidad de respaldo necesaria para cubrir períodos en que el viento no sopla y el sol no brilla, y el complejo desafío de descarbonizar sectores industriales, como el acero, el cemento y petroquímicos.

Sumado a todos los sectores económicos, sin embargo, está claro que el costo total de descarbonizar la economía global no puede superar el 1-2 % del PIB mundial. De hecho, los costos reales seguramente serán más bajos, porque la mayoría de estas estimaciones ignoran con cautela la posibilidad de avances tecnológicos fundamentales y mantienen estimativos conservadores de cuánto tiempo y qué tan rápido se producirán reducciones de costos en tecnologías claves. En 2010, la Agencia Internacional de Energía proyectó una caída del 70 % en los costos de los equipos solares fotovoltaicos para 2030. Sucedió en 2017.

En lugar de confiar en modelos aparentemente sofisticados, la política de cambio climático debe reflejar el juicio en medio de la incertidumbre. Las tendencias actuales amenazan los impactos adversos importantes pero impredecibles. Limitar el calentamiento global a muy por debajo de 2 °C costará como máximo el 1-2 % del PIB, y esos costos disminuirán si los fuertes compromisos para reducir las emisiones desatan el progreso tecnológico y los efectos de la curva de aprendizaje. Dadas estas realidades, cero para 2050 es un objetivo económicamente racional.

ADAIR TURNER*
© Project Syndicate
Londres

Objetivo: temperatura debajo de 2 °C

El Acuerdo de París busca adoptar medidas para contrarrestar el cambio climático. EE. UU. se retiró.

Después de la 21.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 21), que se llevó a cabo en París en 2015, se adoptó el llamado Acuerdo de París, que regirá a partir de 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto, y pretende sostener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 °C.

Los acuerdos rigen dentro de las líneas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento global. El acuerdo fue adoptado el 12 de diciembre de 2015 por los 195 países miembros, y abierto para firma el 22 de abril de 2016 para celebrar el Día de la Tierra.

Hasta el 3 de noviembre de 2016 este instrumento internacional había sido firmado por 97 partes (96 países firmantes individualmente y la Unión Europea).

El 1.º de junio de 2017, el presidente Donald Trump anunció la retirada de Estados Unidos de este acuerdo, siendo el único país que lo ha hecho.

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