Bosques vacíos, ¿una amenaza para combatir el cambio climático?

Bosques vacíos, ¿una amenaza para combatir el cambio climático?

Torsten Krause habla de cómo se pasa por alto la importancia de la fauna para el clima del planeta.

Torsten Krause

Torsten Krause, investigador de la Universidad de Lund en Suecia.

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Cortesía

Por: Laura Betancur Alarcón
23 de septiembre 2019 , 03:20 a.m.

Desde la pantalla de cualquier computador con un ‘software’ de información geográfica para monitorear los bosques, lo que interesa observar es que, pixel a pixel, no se pierda el verde y, con eso, los cálculos de la cobertura vegetal se mantengan en saldo positivo. Pero ¿qué ocurre cuando debajo de esas copas de los árboles, fotografiadas por cientos de satélites, hay un bosque en el que ya pocos animales viven?

Sin los mamíferos transportando las semillas, regenerando el bosque con sus pasos y acciones, y sin las aves saltando de rama en rama por las diferentes especies de árboles, la selva va perdiendo las conexiones que hacen de ella un sistema vivo. La ciencia advierte que este síndrome del bosque vacío también puede reducir el almacenamiento de carbono de los bosques y, con ello, se va perdiendo el potencial de mitigar las emisiones causantes del cambio climático.

Lo crítico es que poco parece que se está haciendo al respecto en las políticas internacionales y proyectos nacionales de cambio climático. Ese fue el hallazgo de Torsten Krause, investigador de la Universidad de Lund en Suecia, y Martin Nielsen, de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, al evaluar los instrumentos de Redd+, el programa más importante de gobernanza forestal internacional en la lucha del cambio climático.

Los investigadores, que recientemente publicaron sus conclusiones en la revista científica ‘Forests’, lanzaron una alerta sobre lo ignorada que está siendo la fauna en las discusiones de cambio climático, basados en documentos oficiales de Colombia, Ecuador, Nigeria, Tanzania e Indonesia.

“No solo se trata del bosque que estamos perdiendo, sino de mirar lo que está pasando dentro de los bosques tropicales que todavía están en pie. La caza indiscriminada de animales silvestres, para autoconsumo o comercio, también puede ser un factor de degradación, pero igualmente, una solución”, apunta Krause, quien asimismo ha hecho investigación de campo en la Amazonia colombiana con comunidades de cazadores y defiende su conocimiento tradicional: “La caza puede ayudar en mantener los bosques en pie”, sostiene.

¿Qué rol juegan los animales en ‘secuestrar’ el carbono?

Hay una buena cantidad de estudios que muestran que cuando disminuyen o desaparecen las poblaciones de especies de mamíferos, como tapires o primates, y algunas aves grandes, como es el caso del tucán o el paujil, la diversidad de flora dentro de los bosques también tiende a disminuir en el largo plazo, es decir, en cuestión de décadas. La razón es que muchos árboles tropicales necesitan de esos animales para la dispersión de sus semillas. Sin sus dispersores, estos árboles no pueden reproducirse y como resultado, según la evidencia científica, obtenemos ecosistemas más pobres, menos diversos. Esto se convierte en un factor importante para el cambio climático, porque se va disminuyendo también la capacidad de almacenamiento de carbono.

¿Puede ser, entonces, la caza una amenaza en la lucha contra el cambio climático?

Depende de cómo veamos a la caza. Por un lado, es una actividad de subsistencia muy importante para las poblaciones locales e indígenas. Un cazador conoce la selva como ninguna otra persona. Saben más sobre los animales y el bosque que muchos biólogos. Ellos ven el bosque como un ecosistema, pueden leerlo y hacer observaciones detalladas, que son fuente de información para los científicos. En cuanto a la sostenibilidad de esta actividad, depende mucho del contexto local. Si se trata de cacería para el comercio a gran escala o caza indiscriminada, es más probable que sea una amenaza para las especies silvestres y el mismo bosque.

Hace varias décadas se advierte de la extinción continua de mamíferos, ¿por qué entonces este tema no ha ocupado la agenda de programas como Redd+?

Los bosques son ecosistemas complejos, pero el ser humano y las instituciones a veces no tienen la capacidad o voluntad de acomodar esta complejidad en sus políticas. Mucha gente prefiere, entre ellos la mayoría de los políticos, pensar y actuar usando categorías o ‘cajas’ mentales claramente delimitadas, cuando esos límites son puramente imaginarios. Eso pasa con la gobernanza forestal, lo dominante continúa siendo la cobertura de bosque que podemos verificar con satélites y en mapas para calcular el carbono almacenado dentro de la biomasa del bosque. Sin embargo, estos mapas no pueden mostrar lo que pasa abajo del dosel, por ejemplo, si hay poblaciones fuertes de animales o no.

Algunas comunidades ven los programas Redd+ como restrictivos para su desarrollo. ¿Limitar la caza con fines de mitigación se convertiría en otra imposición?

Es importante no generalizar. El impacto de la caza puede ser más o menos grande y depende de muchos factores como el número de cazadores por área, la abundancia y ecología de cada especie, si el área de bosque está conectada con una zona protegida, si hay un monitoreo de caza y tiempos de vedas, restricciones en cantidad de individuos, la tecnología de caza…

En muchos países, la venta de animales silvestres y su carne es prohibida, pero igual en Perú y Brasil la venta es bastante abierta. Prohibir la caza no va a funcionar, porque hay muchas razones para seguir con esta actividad. Muchos cazadores –por falta de alternativas económicas– tienen que vender carne de monte. Lo que se necesita son reglas y planes de manejo de cacería. La carne de animales salvajes es una buena fuente de proteína y nutrientes, y es un producto de los bosques superior a la carne criada, por ejemplo, un pollo producido de manera industrial.

El caso colombiano

¿Cómo cree que afecta a los bosques colombianos este síndrome del bosque vacío?

En Colombia hay pocos datos sobre el estado de la fauna en los bosques tropicales. Algunos estudios muestran que la cacería y el comercio de carne de monte existe en casi todo el país, con cadenas de mercado que llegan hasta las grandes ciudades. Hay también algo de información sobre la zona de la triple frontera y resguardos indígenas en el Vaupés. Faltan estudios a escala nacional y que analicen el estado de las poblaciones de animales salvajes; así mismo hay un vacío, pues no se tienen datos históricos. Por eso es difícil saber qué tanto la cacería generó este bosque vacío en la Amazonia colombiana. Además, por muchos años, grandes áreas estuvieron fuera del alcance científico por el conflicto armado. Las Farc tenían algunas reglas para manejar la cacería, pero al mismo tiempo los guerrilleros cazaron para sobrevivir y comer, y no se sabe cómo eso afectó la fauna. Podría tratarse tal vez de un impacto positivo, porque se mantenía la biodiversidad en las áreas donde ellos estaban.

La deforestación es una de las problemáticas más agobiantes en el país, ¿cómo se relaciona ese mal con la caza en los bosques?

Si no se reduce la deforestación drásticamente, vamos a perder la lucha contra el cambio climático. Eso es transcendental para el mundo, pero aún más para Colombia, donde los efectos ya se sienten. La caza, su manejo y regulación son una manera de incluir a las poblaciones locales en la toma de decisiones sobre sus territorios. Hay gente que lo ve de manera destructiva y cruel, pero para un cazador indígena la caza es una fuente de vida y una manera de respetar el bosque. Desde este punto de vista, la caza puede ayudar a mantener los bosques en pie y establecer una nueva vista a la conservación occidental.

¿En los proyectos nacionales Redd+ qué tanto se está incluyendo el tema de la caza?

Al nivel nacional, los documentos del programa Redd+ que hemos revisado solamente mencionan la biodiversidad como un punto clave, y su conservación como un objetivo del programa. Pero la fauna, como una parte de la biodiversidad, y la cacería, como un factor grande de su pérdida, no juegan un papel todavía. Los proyectos de Bioredd+ en el Chocó mencionan la cacería insostenible como un factor de degradación en sus propuestas. También consideran que, a largo plazo, se busca trabajar con los cazadores, pero todavía falta información sobre qué están haciendo en la práctica.

¿Cómo perciben los cazadores estos bosques vacíos?

Lo que se sabe, hablando con cazadores indígenas, es que las poblaciones de los animales de presa han disminuido en las últimas décadas, especialmente cerca de centros urbanos como Leticia. Ellos tienen un interés de mantener la fauna, al igual que las organizaciones de conservación tradicionales, pero su manera de conservar es a través de la utilización y el aprovechamiento. Se necesita respetar su conocimiento y trabajar juntos para establecer una cacería más sostenible.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Especial para EL TIEMPO

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