‘A punta de sol, ni neveras, ni tractores ni desarrollo’

‘A punta de sol, ni neveras, ni tractores ni desarrollo’

El Banco Mundial estima destinar una buena parte de su financiación para el cambio climático.

Ciudades contaminadas como Nueva Delhi

El mundo solo reducirá su dependencia de los combustibles fósiles cuando haya alternativas genuinas, mejores y más baratas.

Foto:

Francis Mascareniias / Reuters

Por: Bjørn Lomborg - Project Syndicate
27 de abril 2019 , 08:46 p.m.

Según el ‘nuevo rumbo’ fijado por el anterior presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim en 2016, el Banco apunta a destinar más de la cuarta parte de su financiación al cambio climático. Es más, el banco anunció que no va a invertir ni un dólar sin tener en cuenta el cambio climático y dejó de dar sostén financiero a las centrales termoeléctricas de carbón.

El argumento es que el aumento de temperaturas agrava problemas como la malaria y la falta de acceso a educación. Es verdad, pero entre casi todos los problemas hay una influencia mutua. Un aumento de la malaria vuelve a los niños más vulnerables al hambre; la mala nutrición y la falta de saneamiento empeoran los resultados educativos; la inasistencia a la escuela conduce a más pobreza, y así.

Lo más importante es determinar qué política es una respuesta más eficaz. ¿Ayuda más a los pobres hacer un recorte de las emisiones de dióxido de carbono ahora y conseguir una ligera reducción de las temperaturas en cien años, o concentrarnos inmediatamente en la malaria y en la educación? Los datos demuestran que las políticas directas son más eficaces.

El énfasis del Banco Mundial en el clima contradice los deseos de los ciudadanos más pobres del mundo. Naciones Unidas les preguntó a casi 10 millones de personas cuáles eran sus prioridades, y respondieron: mejorar la educación y la atención médica, reducir la corrupción, crear más empleos y abaratar los alimentos. El calentamiento global terminó de último entre dieciséis. Con Kim, el banco propagó la idea simplista de que el uso de combustibles fósiles siempre es perjudicial, que hay que prohibir el carbón y que la solución pasa por la ‘ayuda climática’ al desarrollo. La verdad es más compleja.

Los combustibles fósiles contribuyen al calentamiento global, pero también a la prosperidad y el bienestar. Mil millones de personas en el mundo viven en casas sin energía para encender una sola bombilla eléctrica. Y más de 3.000 millones viven en países sin redes de distribución confiables capaces de dar energía durante las 24 horas del día a hospitales y fábricas.

En la práctica, la política del Banco Mundial implica a menudo apoyar el uso de generadores solares individuales, que proveen electricidad suficiente para una sola bombilla. En algunos lugares puede ser un avance, pero en la mayoría, esos generadores independientes no podrán resolver los problemas de energía de los pobres. Ningún país se volvió próspero y globalmente competitivo sin redes de energía integradas. Todas las economías de altos ingresos dependen de la provisión de energía abundante, barata y generada en su mayor parte mediante combustibles fósiles.

Tres mil millones de personas padecen una terrible contaminación del aire porque la pobreza las obliga a quemar combustibles sucios, como madera y estiércol. Pero los paneles solares no proveen energía suficiente para hacer funcionar cocinas o calefactores (ni refrigeradores para conservar vacunas y alimentos). Tampoco pueden impulsar la maquinaria agrícola e industrial de la que dependen la creación de empleos y la salida de la pobreza. La Agencia Internacional de la Energía calcula que en 2040, la generación de energía solar y eólica seguirá siendo más cara que la actual con carbón, si se tiene en cuenta el carácter intermitente de la producción de energía verde.

Un estudio del Consenso de Copenhague examinó los efectos de la construcción de centrales termoeléctricas de carbón en Bangladés. Según los cálculos, esas centrales pueden producir un daño climático global por valor de 600 millones de dólares en 15 años. No es una cifra trivial. Pero al aumentar la energía disponible para el desarrollo industrial, el proyecto generaría beneficios por 258.000 millones de dólares, unas 500 veces más que los daños, de modo que el bangladesí promedio sería un 16 % más rico en 2030. El proyecto tiene margen suficiente para implementar medidas de compensación de emisiones y seguir siendo muy efectivo. Estos son los cálculos que debería hacer el Banco Mundial. Al negar préstamos que financien esas centrales de carbón, el banco evita 23 centavos de costo, renunciando a cien dólares de beneficios en materia de desarrollo. No es ni ético ni razonable.

Hay una conexión directa entre suministro de energía y prosperidad. El mismo Banco Mundial publicó hace poco un estudio según el cual las personas que viven en lugares con escasez de energía tienen entre un 35 y un 41 % menos de probabilidades de conseguir empleo.

El mundo solo reducirá su dependencia de los combustibles fósiles cuando haya alternativas genuinas, mejores y más baratas. Ello demandará un esfuerzo innovador de investigación y desarrollo que vuelva la generación verde más económica que los combustibles fósiles (esfuerzo que el Banco Mundial incluso podría apoyar). Pero, antes de eso, David Malpass, el nuevo jefe del banco, debe reorientar la entidad hacia su misión central –la lucha contra la pobreza–, dejando a un lado su irreflexivo énfasis en la cuestión climática. Y eso incluye la erradicación de la pobreza energética, que hoy arruina tantas vidas.

BJØRN LOMBORG
Director del Centro de Consenso de Copenhague y autor de libros como 'Cómo invertir 75.000 millones de dólares para hacer del mundo un lugar mejor’

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