La Amazonia, camino al desastre

La Amazonia, camino al desastre

Bolsonaro envió plan para explotar tierras indígenas y áreas protegidas. Sectores advierten riesgos.

Deforestación en la Amazonia

Se cree que el principal daño se produce por la deforestación total de zonas de selva, pero la degradación es la peor amenaza, dicen los expertos.

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Marcelo Sayão. EFE

Por: Gloria Helena Rey
15 de febrero 2020 , 09:58 p.m.

Es un “genocidio, etnocidio y ecocidio” contra los pueblos originarios y habitantes de la Amazonia. En estos términos, los líderes de 45 etnias brasileñas denunciaron, en una carta abierta al Congreso, la presentación de un proyecto de ley con el que el presidente Jair Bolsonaro busca que se permita la explotación de recursos minerales, petróleo y gas, la construcción de hidroeléctricas y la agricultura en tierras de los indígenas brasileños de la Amazonia hoy protegidas por la ley.

Según el texto, los indígenas no podrán vetar las actividades o proyectos productivos en sus territorios, pero serán indemnizados y tendrán participación en las ganancias. Y también se les permitirá explotar económicamente sus tierras con actividades como siembra de cultivos, ganadería o el turismo, lo que actualmente está vetado en las zonas de reserva.

El proyecto ha encendido las alarmas entre los ambientalistas, que recordaron que la Amazonia brasileña perdió 9.762 kilómetros cuadrados de su cobertura vegetal entre agosto de 2018 y julio de 2019, el peor dato registrado desde 2008, y un 29,5 % mayor que en el del mismo periodo anterior, según reportó la agencia Efe.

En su carta al Congreso, los líderes indígenas también resaltaron la escalada de la violencia contra los pueblos aborígenes y recordaron que Brasil reconoce los derechos de los pueblos indígenas en su Constitución y, en consecuencia, exigieron ser consultados con antelación sobre cualquier “proyecto o decisión que pueda impactar o amenazar” sus territorios o modo de vida.

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Presentado como ‘liberación’

El proyecto de ley, que Bolsonaro considera un sueño que desea concretar, fue ampliamente exaltado por Onyx Lorenzoni, jefe de gabinete de la presidencia, en un acto conmemorativo de los primeros 400 días de gobierno del mandatario.

El funcionario comparó la iniciativa gubernamental con la llamada Ley Áurea, que en 1888 abolió la esclavitud en Brasil y dijo que significará “la liberación de los indígenas”, pues muchas de esas actividades ya ocurren de manera ilegal y a los indígenas solo les queda lamentarse o participar en conflictos que solo los llevan a la violencia o a la muerte.

Pero pocos entendieron la comparación con la ley que liberó a los esclavos hace más de un siglo, y la mayoría de los expertos advierten sobre los graves daños ambientales que podría causar esta iniciativa si la plenaria de la Cámara y el Senado brasileño la aprueban y dejan con ello en la cuerda floja la vital importancia de la Amazonia en la regulación del clima del planeta.

Para los indígenas, que tampoco comprendieron el significado de esa “liberación, el “sueño” de Bolsonaro es su pesadilla y significa su exterminio. “Porque la minería trae muerte, enfermedades, miseria y acaba con el futuro de nuestros hijos”, dijo Sonia Guajajara, coordinadora de la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil.

El estudio del polémico proyecto de ley se pone en marcha en momentos en que el Instituto de Investigaciones Espaciales (Inpe) anunció que la depredación en la Amazonia brasileña se duplicó en enero de 2020, en comparación con el mismo mes en 2019, y alcanzó más de 280 kilómetros cuadrados deforestados, un récord desde que en 2015 se creó el Deter, el sistema satelital que analiza semanalmente los bosques brasileños.

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Lo que más preocupa

De las decisiones y acciones del gobierno Bolsonaro sobre la Amazonia preocupa todo, porque desde que asumió la presidencia hace más de un año ha puesto la región y el planeta al borde del abismo ambiental con el argumento de que primero están los intereses de su país.

El 58 por ciento de la biomasa (materia orgánica) de la Amazonia se encuentra en tierras indígenas y áreas protegidas, y los pueblos que habitan esas zonas son los que han contribuido, con su preservación, a regular el clima y a evitar que el calentamiento del planeta sea más intenso.

Esa fue la conclusión de un reciente estudio de la Red de Información Social y Ambiental del Amazonas (Raisg), un consorcio de 8 ONG de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela; del Centro de Investigación Woods Hole, de Estados Unidos; de la Coordinación de Organizaciones Indígenas en la Cuenca del Amazonas (Coica) y el Fondo de Defensa Ambiental (FED).

La investigación reconoce, también, que “los indígenas y los pueblos amazónicos son los verdaderos guardianes de esa reserva”, según Carmen Josse, una de las autoras y directora científica de la Fundación Ecociencia, de Ecuador.

Además, afirma que las tierras indígenas y las áreas protegidas sufren más por la degradación que por la deforestación y explica que la primera es la pérdida gradual, con la tala selectiva o pérdida de la densidad forestal, y la segunda, la eliminación completa de la cubierta forestal.

“Una vez degradado el bosque, se vuelve más susceptible a los incendios, lo que puede conducir a una pérdida aún más rápida de las reservas de carbono en el futuro”, afirma.

Los indígenas y los pueblos amazónicos son los verdaderos guardianes de esa reserva

En la Amazonia, el 47 por ciento de todas las emisiones provienen de la degradación, y el porcentaje es preocupante, pues es un tema que no está incluido en las políticas públicas, según el estudio.

En 7 países de la región (son nueve, incluyendo a Francia, por la Guyana Francesa, que es un departamento de ultramar de esa nación), la degradación forestal es la principal responsable de las emisiones de carbono, con un porcentaje que oscila entre el 63 y el 85 por ciento de pérdidas en cada país, según el estudio mencionado.

En promedio, la degradación causa en todos los países amazónicos el 75 % de las emisiones, con excepción de Brasil y Bolivia, en los que la dinámica de la ocupación de la tierra para la agricultura requiere apertura de nuevas áreas.

En los otros 7 países, incluida Colombia, la mayor presión proviene de la tala selectiva, las carreteras, la explotación petrolera y las minas clandestinas de oro.

Aunque las tierras indígenas y protegidas representan solo el 10 % de todas las pérdidas netas de carbono que ocurrieron en la Amazonia en 2016, la situación tiende a agravarse, indica el estudio.

Junto con los océanos y bosques, los suelos son uno de los mayores depósitos de carbono del planeta, pero las reservas vienen disminuyendo por la deforestación, la agricultura intensiva y las malas prácticas agrícolas asociadas.

En consecuencia, “una gran cantidad de carbono se emite a la atmósfera en forma de CO2 y contribuye al calentamiento global”, según el Instituto de Investigación para el Desarrollo (URD) de Francia.

En pie de guerra

Los indígenas brasileños afirman que deben prepararse no solo para “enfrentar al gobierno” de Bolsonaro, sino también para “reaccionar a la violencia de algunos sectores de la sociedad, que expresan de forma bastante clara su racismo”.

“Queremos, por encima de todo, respeto a nuestras vidas, nuestras tradiciones, nuestras costumbres y a la Constitución Federal, que resguarda nuestros derechos”, escribieron en la carta al Congreso.

Piden políticas que garanticen la “integridad física y moral” de las comunidades y sus respectivos líderes e instan al Gobierno a asumir su responsabilidad por el “envenenamiento del aire, suelo y ríos” por el uso irresponsable y descontrolado de los pesticidas.

“Queremos políticas de fortalecimiento de alternativas económicas sostenibles para nuestros territorios”, subrayaron.

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Brasil posee el 56 por ciento de los más de 8.514 millones de kilómetros cuadrados de la Amazonia, que comparte con Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela.

En esos 9 países existen 3.344 territorios indígenas y 522 áreas protegidas. Debido a que las tierras indígenas y zonas protegidas presentan “tasas más bajas de deforestación y degradación forestal, tienen menores pérdidas de carbono a lo largo de los años”, afirma el estudio arriba mencionado, pero el panorama cambiaría si se aprueba el proyecto de ley de Bolsonaro.

Por todo lo anterior hay preocupación mundial, y los indígenas, la Iglesia y ecologistas están en pie de guerra para defender los derechos y la vida. Los primeros consideran que fueron vulnerados sus derechos constitucionales, la Iglesia católica rechazó la iniciativa presidencial, y los ambientalistas de todo el mundo entraron en estado de alerta máxima.

Todos estiman que la decisión no solo afectará a los pueblos indígenas brasileños reconocidos –incluidas las más de 110 tribus que, se calcula, aún viven aisladas–, sino que también perjudicará a todo el planeta.

El Consejo Indigenista Misionero de la Conferencia Episcopal de Brasil (Cimi) afirmó que la decisión de Bolsonaro, al igual que otras relacionadas con la Amazonia, y el nombramiento del pastor evangélico Ricardo Lopes Dias (los apellidos son en portugués y se escriben así) como responsable de la Coordinación de indios aislados “son señales evidentes de abandono de la perspectiva técnico-científica y del respecto al derecho a una existencia libre de estos pueblos, con sus propios usos, costumbres, creencias y tradiciones, en sus territorios, debidamente reconocidos y protegidos”.

Denunció, además, que ese respeto se está sustituyendo por “una orientación neocolonialista y etnocida, de atracción y contacto forzado, con el uso del fundamentalismo religioso como instrumento para liberar los territorios de estos pueblos para la explotación por grandes terratenientes y mineros”.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos como Human Rights Watch vienen alertando sobre las decisiones de Bolsonaro con respecto a la Amazonia.

El presidente de Brasil les está dando “luz verde a los grupos criminales que están destruyendo la Amazonia y poniendo en grave riesgo a los defensores de la vida”, afirmó Daniel Wilkinson, director de Derechos Humanos y Medio Ambiente de la entidad, durante la reciente presentación del informe ‘Mafias en la selva tropical’.

Bolsonaro ha dicho que “la Amazonia no es patrimonio de la humanidad, sino de los países que abarca”, y ha reiterado en varias oportunidades que son mentirosas las denuncias de los ambientalistas sobre el peligro que corren la región y su importancia para el mundo.

Al presentar su controvertido proyecto de ley dijo de los ambientalistas que “si un día puedo, los confino a todos en la Amazonia, ya que tanto les gusta el medioambiente, y dejo a los amazónicos aquí, dentro de las áreas urbanas”.

El mandatario se ha mostrado partidario de la explotación económica de la Amazonia desde que asumió la presidencia el primero de enero de 2019, y ha afirmado que no pretende crear nuevas reservas indígenas, pues considera una “exageración” que los pueblos originarios ya ocupen cerca del 14 por ciento de todo el territorio brasileño.

Los líderes indígenas, por su parte, han anunciado la retoma de la Alianza Internacional de los Pueblos de la Selva, integrada por comunidades de América Latina, África y Asia, creada en Manaos en 2008, y han asegurado que 2020 “será un año de mucha lucha” no solamente de los indígenas, sino del mundo entero por “la vida del planeta”.

GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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