Acorralados y torturados: así es la horrible matanza de delfines

Acorralados y torturados: así es la horrible matanza de delfines

La falta de una legislación contundente en Japón ha favorecido su caza indiscriminada en el país.

Protesta contra la caza de delfines

Protesta en Nueva York (2010) para que Japón prohíba la caza de delfines en sus aguas.

Foto:

Timothy A. Clary / AFP

Por: Peter Singer - Project Syndicate
03 de febrero 2019 , 01:03 p.m.

La caza anual de delfines en la ciudad japonesa de Taiji comenzó en septiembre. Para marzo, no obstante la condena global y las crecientes críticas de los propios ciudadanos de Japón, aproximadamente 1.500 delfines habrán sido acorralados en una cala angosta y asesinados a puñaladas.

Taiji no es el único lugar donde se cazan delfines. Las islas Feroe, las islas Salomón, Groenlandia, Rusia, Indonesia, Perú y Canadá también son sitios en donde se los mata. Las mayores cacerías, sin embargo, se producen en Japón, donde los pescadores comerciales consideran que los delfines son pestes porque comen peces que tienen un alto valor comercial. Durante las cacerías, atrapan a los delfines, venden los ‘lindos’ a parques marinos y matan el resto por la carne. Se calcula que en los últimos 70 años, más de un millón de ballenas, delfines y marsopas han sido asesinados en aguas japonesas. Según informes, muchas de las especies de cetáceos que son blanco de las cacerías costeras de Japón nunca se recuperarán ni alcanzarán niveles sostenibles.

Los intentos por decir que la caza de delfines en Taiji va en contra del derecho internacional han sido infructíferos hasta ahora. Si bien la Comisión Ballenera Internacional (CBI) introdujo una prohibición de la caza de ballenas comercial, no hay ningún consenso entre los países miembros en cuanto a si la prohibición se extiende a los pequeños cetáceos, como los delfines.

Japón formaba parte de ese organismo, creado hace 70 años para garantizar la preservación de esos animales y evitar así su futura extinción, desde 1951. Sin embargo, la prohibición a la que estaba atada la flota ballenera japonesa desde 1982, cuando se acordó una moratoria en la caza comercial, no impidió que en todos estos años se acabara con la vida de miles de ballenas. Los cazadores se amparaban en el vacío legal que permite la caza para “investigación científica”. Japón se retiró formalmente de la CBI en noviembre de 2018 y reanudó de forma indiscriminada la matanza de estos cetáceos.

La retirada del Gobierno de Tokio del organismo responde a la falta de acuerdo entre los países miembros –89 en total– para modificar la moratoria y regular la pesca de ballenas sostenible bajo la vigilancia de la Comisión. La última reunión del organismo tuvo lugar en Brasil en septiembre. Allí, los miembros rechazaron la propuesta por mayoría: 41 votos en contra, 27 a favor y dos abstenciones.

Los intentos por decir que la caza de delfines en Taiji va en contra del derecho internacional han sido infructíferos hasta ahora

Así, antes de esta decisión de las autoridades niponas, la caza de ballenas comercial siguió bajo la apariencia de ciencia. Tan transparente fue este engaño que Australia llevó a Japón a la Corte Internacional de Justicia, con el argumento de que la práctica ballenera de Japón no era científica –y ganó–. Pero si bien el veredicto puede haberle infligido daño a la reputación de Japón, hizo poco por las ballenas, porque el Gobierno japonés desarrolló un programa de caza en la Antártica, nuevo y supuestamente más científico. Durante las cacerías más recientes realizadas por Japón en esa recóndita región del mundo, 333 ballenas minke fueron asesinadas, entre ellas 120 hembras preñadas.

El otro problema de utilizar el derecho internacional para impedir que la matanza de cetáceos es que no existe ninguna política mundial para implementar la prohibición. La responsabilidad de autorregularse recae en los países miembros, y es algo que muchas veces no están dispuestos a hacer.

En defensa de los delfines

Tras la salida de Japón de la CBI, Acción por los Delfines, una organización sin fines de lucro australiana, y la Agencia de Investigación de la Vida (LIA, por su sigla en inglés), una entidad benéfica japonesa, están intentando una nueva estrategia para frenar la matanza de delfines. La idea es hacerlo a través de una acción legal sustentada en la propia legislación de protección animal que rige en Japón. Si la Corte dispone que las cacerías de delfines violan esta normativa, al Gobierno japonés le resultaría más difícil no hacer cumplir el dictamen de la ley.

La pregunta ahora es si los jueces coincidirán o no con las ONG. Hay fuertes motivos para creer que deberían hacerlo. Japón tiene leyes relativamente estrictas que protegen el bienestar de los animales. Por ejemplo, la mayoría de los mamíferos deben matarse con un método que minimice lo más posible su dolor y su estrés. Estas leyes son similares a las regulaciones implementadas por la mayoría de los mataderos en el mundo industrializado, que exigen que los animales sean aturdidos –que queden inconscientes mediante gas y se los insensibilice al dolor– en el momento de degollarlos y mientras se desangran. Por supuesto, hay circunstancias en las cuales el aturdimiento falla y se mata a los animales mientras están plenamente conscientes; pero cuando funciona correctamente, en efecto, se reduce su sufrimiento.

Por el contrario, la técnica utilizada para matar los delfines en Taiji no hace ningún intento por minimizar el sufrimiento de los animales. Lo más inmediato: ni siquiera son aturdidos antes de acabar con ellos. Un análisis detallado del método de matanza utilizado en Taiji demuestra que está muy lejos de los procedimientos aceptados para matar animales en el mundo desarrollado.

Todo el proceso de acorralar a los delfines en la cala, confinarlos y finalmente matarlos lleva horas o hasta días. Esto significa que, además de la agonía de ser asesinados, muchos de estos animales sumamente sociales están, durante períodos prolongados, en un estado de terror, oyendo los sonidos de los que son asesinados antes que ellos y viendo cómo matan brutalmente a los miembros de su familia y su manada.

Fallo en los conceptos

¿Por qué la legislación de bienestar animal de Japón no pone freno al sufrimiento de los delfines, como seguramente lo haría con métodos igualmente brutales para matar a vacas o cerdos? Acción por los Delfines y la LIA aseguran que la ley japonesa ha clasificado erróneamente los delfines como peces, en lugar de aplicar el estándar mayor de protección que la ley les asigna a los mamíferos.

Es comprensible que antes del desarrollo de métodos científicos de clasificación, los cetáceos fueran agrupados junto con los peces y no con los mamíferos. Ahora nuestros conocimientos son mayores. Por eso, los denunciantes instarán a la Corte a adoptar el entendimiento científico moderno de que los delfines son mamíferos, y a dictaminar que debe aplicarse, entonces, el requerimiento de minimizar el sufrimiento de esta familia de animales. Si los delfines son reconocidos como merecedores de protección bajo las leyes de bienestar animal de Japón, el horror del tipo de cacería que hoy ocurre en Taiji tendría que terminar. Eso sería un avance significativo para los delfines en Japón, pero no debería ser el fin de nuestra preocupación. Estos animales, inteligentes y conscientes de sí mismos, viven en grupos sociales con relaciones personales complejas, como han indicado varias veces la ciencia y los entendidos en la materia. De hecho, muchos estudios aseguran que su cerebro les permite tener un interés personal en seguir viviendo. Entonces, si los seres humanos no necesitamos matarlos para sobrevivir, ¿por qué tendríamos que matarlos?

PETER SINGER*
© Project Syndicate
Princeton (Estados Unidos)
* Profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y fundador de la organización sin fines de lucro The Life You Can Save. Entre sus libros figuran ‘Animal Liberation’ y ‘Practical Ethics’. Este texto fue editado y modificado por EL TIEMPO

Tradición cuestionable

La caza comercial de ballenas se prohibió a partir de la década de los 80 gracias a un documento de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), fundada en los 70. El principal problema es que las resoluciones de la CBI no son de obligado cumplimiento: son los Estados miembros los que deben garantizar que esta normativa se cumpla en sus territorios. Existen países, como Islandia o Noruega, que han rehusado adherirse al documento bajo el argumento de que la caza de estos cetáceos forma parte de su cultura ancestral. “Hay una cierta costumbre –la cual está disminuyendo, pero aun así está muy anclada– y es la de comerse la carne de los mamíferos marinos y usar las otras partes de estos animales para la ropa o usos domésticos”, explicó Denis Ody, responsable de WWR en Francia al portal Journal International. En algunas regiones de Japón, por ejemplo, es parte de su tradición pesquera y culinaria. “Hay pruebas históricas de que el pueblo japonés ha vivido desde tiempos inmemoriales en estrecha relación con las ballenas. Es el momento de reconocer la importancia de las actividades balleneras en nuestra tradición y cultura culinaria. Los japoneses están y deberían estar orgullosos de esto”, indicaron voceros de la Agencia de Pesca nipona a ‘El País’ de España.

La carne de estos animales se popularizó de forma exponencial después de la II Guerra Mundial, como principal fuente de proteína en un país destruido por los azotes de la gran guerra. De hecho, llegó a servirse como parte del menú semanal en los colegios durante esa época de reconstrucción. Su consumo se fue reduciendo con el paso de los años y la recuperación económica. En efecto, en la actualidad, esta industria se mantiene gracias a fondos gubernamentales que ascienden a unos 7 millones de dólares anuales, según cifras del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales.

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.