Mamá por segunda vez, primípara en la lactancia

Mamá por segunda vez, primípara en la lactancia

Por motivos de salud, en su primer parto no pudo tener esa experiencia. Después se estrenó con Elena

Mónica Gómez

Mónica Patricia Gómez combina su vida profesional con las labores propias de la crianza de sus dos hijos.

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24 de agosto 2018 , 04:34 p.m.

Graduada con honores en temas de maternidad gracias a la experiencia lograda con Andrés Felipe, su primer hijo que ya tiene 12 años, Mónica Patricia Gómez se estrenó hace ocho meses en el terreno de la lactancia materna con la llegada de Elena, su segunda hija.

La pequeña llegó después de años en los que Mónica y Rafael Eduardo Mateus, su esposo, intentaron sin éxito darle un hermano a su primogénito. “Ya casi habíamos cerrado esa posibilidad cuando quedamos esperando a Elena, que fue una bebé muy anhelada en la familia”, cuenta Mónica, economista que lleva 18 años de casada.

Elena Mateus Gómez nació el 24 de noviembre del 2017 en la Clínica de la Mujer de Bogotá. Fue una cesárea planeada, sin problemas. “Apenas nació Elena, me la pusieron sobre el pecho y casi de inmediato ella intentó empezar a succionar. Recuerdo ese momento con mucha emoción”, cuenta Mónica que no había podido tener esa experiencia con su primer hijo (por razones que explicará más adelante).

A pesar de estar en proceso de recuperación y con las piernas dormidas por la anestesia, Mónica “estaba perfecta de la cintura para arriba”, así que no tuvo problema en empezar a alimentar a la pequeña.

Una enfermera de la Clínica de la Mujer fue la encargada de apoyarla y sugerirle la forma correcta de tomarle la cabeza y de apoyarla sobre ella, sin hacerse daño. “Recuerdo que tras unos pocos intentos, lo logramos y comenzamos el proceso de amamantar”, señala. Unas horas después, mamá y recién nacida fueron enviadas a una habitación donde continuó con el proceso de lactancia que ya había programado en su mente y discutido con la que sería la pediatra de su hija.

“Sé de los múltiples beneficios de amamantar que hoy puedo decir que son una realidad, pues Elena ha sido muy sana durante estos ocho meses e incluso en momentos en que nos hemos enfermado todos en casa, ella siempre ha estado bien”, explica.

Angustias de primípara

Como toda primípara en la materia, en esos primeros días a Mónica la asaltaban varias dudas: la primera y más importante era saber si su bebé estaba quedando bien alimentada y si la leche materna que ella le estaba dando era suficiente para sus necesidades.

“Me explicaron que en esos primeros días sale el calostro, que es más poco pero que tiene todos los nutrientes que los recién nacidos necesitan en ese momento”.

Ya en casa, Mónica seguía sintiendo que la leche que producía no era suficiente, pues su hija a veces estaba inquieta y parecía querer más. Así que con la asesoría de la pediatra empezó a reforzar la alimentación de esos primeros meses con algo de fórmula. “La doctora me explicó que si quería producir más leche tenía que hacer un esfuerzo y empezar a estimular más su producción. Me recomendó usar el extractor de leche y así empecé, hasta que a las pocas semanas noté que Elena permanecía más en mi seno y que quedaba satisfecha”.

Así, esta mamá retomó su plan de alimentación con lactancia materna exclusiva que mantuvo durante los seis primeros meses de vida de Elena, sin mayores inconvenientes ni para la pequeña ni para la mamá.

“Me afectó un poco una mastitis de la que yo ya tenía antecedentes después de que nació Andrés Felipe. Como no lo pude alimentar por una cirugía que él había tenido, fue terrible en esa ocasión y hasta tuve que acudir a una enfermera que me ayudara con masajes. Con Elena fue más leve pero, sin embargo, la sentí”, dice.

Su convencimiento es tal que durante este tiempo y sin importar donde estuviera, siempre alimentaba a su hija sin pena. “Yo soy de las que voy haciendo lo que tengo que hacer así esté en un centro comercial o en el carro. Veo que la gente me mira, pero nunca me han dicho nada, solo mi esposo y mi hijo que al comienzo les daba pena”, señala.

Hace dos meses que Mónica, quien vive en Cajicá, regresó a su trabajo de tiempo completo en una entidad bancaria ubicada en el centro de Bogotá, hecho que la llevó a replantear sus rutinas.

“Pero de ninguna forma voy a dejar de amamantar a Elena”, dice esta madre comprometida. Así, aunque durante el día la bebé de ocho meses come fruta, sopa de verduras y papilla, apenas llega del trabajo retoman su plan de lactancia.

“Llego a casa a las 6 de la tarde e inmediatamente mi dedicación es para ella. Nos sentamos en una silla mecedora y empiezo a alimentarla. A ella se le nota que me ha estado esperando porque me sonríe y me mira todo el tiempo”, dice esta madre y trabajadora.

Pero eso no es todo. Antes de la medianoche, Mónica le repite la dosis a Elena y todas las mañana, a las 5 y 30, antes de salir para la oficina, la alimenta de nuevo para dejarla lo mejor alimentada posible.

“Sin embargo no me voy tranquila, porque sé que ella está muy apegada. Creo que además de los beneficios en nutrición, la lactancia crea un vínculo muy fuerte y especial entre madres e hijos”, señala la orgullosa Mónica.

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