Los tres asuntos / De tu lado con Alex

Los tres asuntos / De tu lado con Alex

Los asuntos de la vida se dividen en tres: el asunto de Dios, el asunto del otro y el asunto mío.

meditacio

Tenemos que ocuparnos de nuestros propios asuntos.

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istockphoto

Por: Alexandra Pumarejo
21 de abril 2020 , 09:14 p.m.

Leí algo esta semana que estoy segura de que me va a cambiar por siempre. La brillante autora y guía espiritual Byron Katie dice que todos los asuntos en la vida se dividen en tres categorías: el asunto de Dios, el asunto del otro y el asunto mío.

Ella enseña que el estrés, la angustia, los sentimientos de soledad y los malos ratos provienen de estar metidos en los asuntos de Dios o de los otros, en vez de estar ocupándonos de los asuntos nuestros.

La mayoría la pasamos mal porque tenemos la falsa creencia de que debemos estar metidos en los tres asuntos. Sin embargo, si entendemos y aceptamos cuáles son los asuntos de Dios y cuáles son los asuntos de los otros, tendríamos más tiempo, energía y sabiduría para concentrarnos en los asuntos propiamente nuestros, que son los únicos que podemos controlar.

Cada vez que usamos la frase ‘debería ser’ o cuando cuestionamos algo de la naturaleza es porque estamos metidos en un asunto que no nos corresponde. “¿Cuánto tiempo durará la pandemia?”, asunto de Dios. “¿Será que me voy a enfermar?”, asunto de Dios. “El Gobierno debería tomar medidas distintas”, asunto de otro. “Mi prima debería dejar al marido que es un vago”, asunto de otro. “Mi esposo debería hacer ejercicio”, asunto de otro. “Mi hijo/a debería estudiar más”, asunto de otro. “Mi pareja debería ser más cariñoso”, asunto de otro. “En redes deberían mostrarse más naturales”, asunto de otro.

Si me concentro en mis emociones, reacciones y asuntos, voy a sentir paz porque aunque los actos de los demás me incomoden, entiendo que soy responsable de cómo lo proceso, pero no de cómo el otro actúe. No puedo supeditar mi felicidad al cambio del otro.

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Esto no quiere decir que nos echemos a las petacas y que no generemos cambios en el mundo, o no queramos lo mejor para nuestros seres queridos. Pero sí es aceptar que lo que nosotros creemos que debe suceder no es necesariamente verdad para la otra persona, así parezca obvio. Por ejemplo, como mamá, es natural que quiera que mi hijo estudie más.

Yo lo puedo querer, pero eso no quiere decir que él dé por hecho que lo debería hacer. Yo soy responsable por mi desempeño como mamá, el ejemplo que le doy y cómo lo incentivo, pero lo que él deba o no deba hacer es asunto suyo. Al entender esto me ocupo de ser la mejor mamá posible en vez de desgastarme convenciéndolo de lo que él debería hacer.

Alexandra Pumarejo
@Detuladoconalex
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