Los 25 minutos más largos del día

Los 25 minutos más largos del día

María Teresa Vargas mide el tiempo para lograr que su hijo tome el almuerzo directamente del seno.

María Teresa

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Foto:

Guillermo Ossa

24 de agosto 2018 , 05:02 p.m.

Tal vez 25 minutos de recorrido entre la Avenida Guayabal y el barrio Belén en Medellín no signifiquen mucho tiempo para la mayoría de las personas que circulan por la ciudad, pero para María Teresa Vargas representan una vida.

Su hijo Martín, de seis meses de edad, la espera para recibir el almuerzo directamente del seno de su madre. María Teresa ha decidido que, como lo recomienda la OMS, su hijo se alimente exclusivamente de leche materna durante sus primeros seis meses de vida.

Por eso, desde que regresó a su trabajo después de la licencia de maternidad, de lunes a viernes, a las 12:00 del medio día, sale de las oficinas de su empresa donde trabaja como ingeniera de calidad, para llegar a su casa en el barrio Belén lo más pronto posible. Para lograrlo, camina 10 minutos hasta la estación donde toma el transporte público en cual se moviliza por 15 minutos, luego camina dos cuadras más y finalmente llega a su casa.

En ese momento ya han transcurrido 30 minutos de la hora y media con que cuenta antes de regresar al trabajo. Como todavía tiene derecho a la hora de lactancia diaria que le otorga la ley, ella acordó con su jefe, que es mujer, repartir este tiempo: media hora durante el almuerzo y media hora al final del día, así puede terminar antes su jornada laboral, que normalmente va de 7:00 a.m. a 5:00 p.m.

Una vez en la casa, antes de lactar a su bebé, se saca un poco de leche porque con la cantidad que tiene le duelen los senos, luego sí alimenta a Martín, comparten un rato y finalmente ella almuerza muy rápido para regresar a su trabajo. “Almuerzo tragándome la comida”, dice ella.

Con tanto agite, María Teresa se siente agotada y más porque no duerme de largo: Martín todavía se despierta dos veces en la noche para tomar leche. Este cansancio no ha sido un impedimento para continuar con la lactancia y con sus carreras el medio día, porque está convencida de los beneficios de esta para la salud de ella, de su bebé y para el vínculo entre ambos: “Por mi lactaría hasta los dos años de Martín, pero yo creo que va a durar hasta el año, quisiera darle más seno porque sé lo bueno que es para su salud, ha sido un niño muy aliviado, pero no se mi cuerpo… Estoy delgada y mis compañeros de trabajo me dicen que Martín me está acabando”, dice ella y se ríe.

Muy pronto concluirá el derecho de su hora de lactancia diaria, así que ya acordó con su jefe que seguirá contando con hora y media para el almuerzo de ella y de Martín, 30 minutos más de lo establecido, tiempo que repondrá trabajando media hora más en la tarde.

Esta convicción de seguir adelante con la lactancia sin importar cuánto tenga que correr durante el día ni despertarse durante la noche llegó después de un inicio muy duro, del apoyo de su esposo y de la información que recibió de la liga de la leche.
Durante el embarazo, ella comenzó a leer en Internet sobre lactancia y también asistió a charlas de la Liga de la Leche. Se sentía lista para el momento, pero la realidad fue muy distinta.

Las primeras veces que puso a su hijo recién nacido en el seno fueron muy difíciles. El bebé no se despegaba de ella, lloraba si lo hacía, no quedaba satisfecho. Una noche, desesperada, le dijo a su esposo que le trajera ya un tarro de leche, pero él no obedeció. Le dijo que ella sí era capaz.

Y este empeño del padre de Martín dio resultados positivos. Juntos siguieron adelante con la lactancia día a día hasta que finalmente se superaron obstáculos como los dolores de espada por malas posiciones, el llanto de Martín y la angustia de ella. “El apoyo de mi esposo ha sido fundamental. Debe ser muy difícil para las madres solteras. Ese primer mes es muy duro”, dice ella.

Ahora Martín se alimenta en 5 minutos, ya es todo un experto, según las palabras de su madre. El conocimiento sobre el amor que trasmite a su hijo, el vínculo que se crea entre ellos, ser la proveedora de alimento de su hijo y del calor que él necesita han sido un motor muy fuerte. Como dice ella, “es un aprendizaje mutuo y es muy bonito”.

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