‘Los libros y la radio me salvaron la vida’

‘Los libros y la radio me salvaron la vida’

Ludirlena Pérez fue víctima sexual del conflicto armado y hoy es ejemplo de reconciliación y paz.

Ludirlena Pérez Carvajal

Ludirlena Pérez Carvajal, Mujer Cafam 2019.

Foto:

Cortesía Premio Mujer Cafam

Por: María Camila González Olarte
15 de marzo 2019 , 08:13 p.m.

La literatura, sobre todo la de Gabriel García Márquez, y unas pocas palabras de una mujer en la radio, que escuchó casi entre sueños, le salvaron la vida a Ludirlena Pérez Carvajal, quien hace pocos días fue elegida como la Mujer Cafam 2019.

Luego de haber sido víctima de abuso sexual en dos ocasiones, la primera por miembros de las Farc, a los 16 años, y después por integrantes de un grupo paramilitar, a los 18 años, un día antes de su cumpleaños, Pérez intentó quitarse la vida varias veces.

Por esos intentos de suicidio estuvo hospitalizada un año en una clínica psiquiátrica en el Meta, departamento en el que nació hace 33 años. Se sentía perdida, los antidepresivos de los que dependía la mantenían sedada y no entendía muy bien lo que pasaba a su alrededor. Sin embargo, un día pudo escuchar unas palabras que la marcaron para siempre.

“Una mujer en la radio dijo que había sido violada, pedía a las víctimas que denunciaran y que buscaran ayuda. Ese fue mi despertar”, recuerda Pérez. “Es una mujer de la que no sé nada, pero a quien le debo estas ganas de vivir; me dejó una semilla en mi corazón”.

La voz retumbó por su cabeza y Ludirlena, de una familia campesina de los Llanos Orientales, decidió ese día salvar su vida.

Tres días después de escuchar esas palabras en la radio, Pérez tenía un control con el médico psiquiatra. La cita coincidía con una visita de su mamá para ver sus avances. “El doctor me preguntó cómo estaba y le dije que estaba feliz. Me preguntó por qué y le contesté que ya no quería estar más ahí, le insistí que me diera la oportunidad y me dijo que sí. Ese día ese señor me dejó ir”.

A los pocos días, volvió a su casa y decidió, también, ganarle la batalla a la depresión. “Comencé a tener equilibrio en mi cuerpo: cuando sentía depresión me iba para la calle, escuchaba música, me ponía a bailar, me metía en la piscina, buscaba a la vecina. No dejaba que los mensajes negativos me embargaran”.

La literatura también le dio una fortaleza que no había encontrado antes. Cuando era de noche, Ludirlena no podía salir para distraerse como lo hacía en el día, así que encontró en Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, un refugio para lo que estaba atravesando. “Ese libro lo he leído y releído, porque Macondo era mágico y lo que yo estaba viviendo también lo era. La lectura fue parte de mi salvación”.

Macondo era mágico y lo que yo estaba viviendo también lo era. La lectura fue parte de mi salvación

Después de leer detenidamente el libro más reconocido del escritor colombiano, Pérez empezó a buscar más de su obra. “Me compré el Coronel no tiene quien le escriba, Crónica de una muerte anunciada. Luego llegaron El principito y El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher. Con ese último libro entendí que yo tenía una armadura puesta y que tenía que liberarme de ella para poder correr con fuerza”.

No era para menos, pues a Ludirlena la violencia le ha tocado por todos lados. Su papá es uno de los 100.000 desaparecidos que dejó el conflicto armado en el país y su mamá también fue víctima de la guerra. Sin embargo, ha sido precisamente ella quien la ha apoyado en todo su proceso de transformación. “Mi mamá se abanderó para sacar a una hija adelante sola, a enseñarle los principios éticos y morales. Ella ha sido un referente, una guerrera. Mi madre, después de tanto dolor y violencia, sigue adelante”.

Cuando Ludirlena logró superar la depresión y recuperarse físicamente de todos los actos atroces a los que la sometieron, se fue de su tierra, como una desplazada más que dejó el conflicto armado. Decidió irse a empezar de cero en el departamento de Caldas. “Tardé unos años en romper mi silencio, tenía miedo pero me encontré con gente maravillosa que me impulsó a luchar en contra de la violencia”.

Gestionando paz

En el 2009 Pérez decidió crear, junto con tres amigas más, la Organización Mujeres Víctimas Gestionando Paz y el 27 de julio del 2016 la inscribieron ante la Cámara de Comercio. La iniciativa, que fue liderada por estas víctimas del conflicto armado, busca ser una plataforma para defender los derechos de mujeres que han sufrido la violencia de la guerra en el país.

Ludirlena, con una sonrisa en la cara, describe a las mujeres con las que fundó la organización como unas guerreras, soñadoras y quienes le “han enseñado a sonreír”. Una de ellas es Mari Dolly Vinasco Piedrahíta, quien, después de romper el silencio, encontró en la educación una oportunidad para vivir, para no “dejar que le sigan pisoteando sus derechos”. Según relató Ludirlena, Vinasco no había terminado su primaria y ya está en décimo de bachillerato con 60 años.

Precisamente por eso, la fundación Gestionando Paz ha empezado a ser reconocida en la región, porque une a todas las mujeres víctimas en una red en la que promueven su crecimiento y autonomía. “Buscamos impulsar a las mujeres para que rompan el silencio, para que puedan transformar sus vidas. Además, les ayudamos a generar proyectos productivos para que tengan una fuente de independencia económica y así decirle no más a la violencia de género”, resaltó.

Para poner en marcha sus iniciativas, Ludirlena y sus aliadas han tenido que ser creativas y recursivas. “Por ejemplo, hemos tenido que vender lechona, hacer empanadas y toda clase de cosas para poder financiar lo que necesitamos y llevar a cabo los proyectos”, detalló.

Además de estos proyectos productivos, la organización también ha hecho numerosas campañas, actividades recreativas, foros y ponencias, entre ellos proyectos para llegar a las mujeres del campo a través de la radio. “Para mí es muy importante el uso de la radio, para que más mujeres que como yo hace muchos años no se animan a romper el silencio”.

Una de esas campañas fue la de ‘Mi cuerpo es mi territorio’, en el que hacían llamados a las mujeres para que hicieran respetar su cuerpo y se apoderaran de él. Pérez describe esa campaña como una de las más exitosas de las que ha hecho la fundación. ‘El no también es respuesta’ fue otra campaña que adelantaron dirigida a los niños y adolescentes para que tomaran consciencia sobre los peligros a los que se pueden enfrentar.

Ludirlena Pérez Carvajal

Ludirlena Pérez Carvajal durante una de las campañas que hace por varios territorios en el país.

Foto:

Cortesía Premio Mujer Cafam

En la fundación también crearon un fondo al que pueden recurrir las mujeres que hacen parte del proyecto. “Estos fondos están focalizados en distintas áreas, como en darles vacaciones a los hijos. Incluso, con la idea de apoyar a nuestras compañeras para realizar un proyecto económico”.

Uno de los aliados de la organización ha sido el Programa de Desarrollo para la Paz del Magdalena Centro. “A través de sus profesionales hemos recibido atención, capacitaciones en empoderamiento y, sobre todo, ellas han entendido el papel tan importante que tienen de la asociatividad”, dice Ludirlena.

Es precisamente el trabajo en red uno de los valores que ha impulsado Ludirlena en su proyecto. “Sin lugar a dudas, reconozco la importancia del trabajo en red. De hecho, pertenecemos a la Red Nacional de Mujeres, del nodo Caldas, no solamente de las mujeres víctimas del conflicto armado, sino de todas las que sufren violencia en el país”.

Tras 10 años de trabajo en la fundación y con apenas cuatro luchadoras a la cabeza, hoy la Organización Mujeres Víctimas Gestionando Paz es liderada por 32 de ellas repartidas por todo el país. “Son 32 sobrevivientes que se empoderan día a día para llegar a ser líderes constructoras de paz en el territorio. No creamos seguidores, creamos líderes. Tienen todas las capacidades y las potenciamos para que puedan salir a flote”, subrayó.

El precio de ser líder

Días antes de recibir el Premio a la Mujer Cafam, uno de sus hijos fue hospitalizado. Sin embargo, Ludirlena decidió dejar a su hijo en el municipio en el que vive, La Dorada (Caldas), para cumplir con sus compromisos en Bogotá. “Tenía un cuadro clínico de apendicitis y me vine para acá sin saber que iba a ganar. Eso es lo que hace un líder, negarse a sí mismo. Negarse a estar del todo bien, negar sus gustos e incluso, dejar a su familiar de lado para estar pendiente de su misión”.

Ludirlena cuenta que ella siempre está disponible para quien la necesite, para todas las víctimas que quieren ser escuchadas, que piden una voz de aliento ante sus dificultades. “Muchas veces son los sacrificios que se tienen que hacer para seguir adelante y ayudar a más personas”, señaló.

Ella, aunque no escogió ser víctima, logró pasar por un proceso de reconciliación, que también promueve en las otras mujeres sobrevivientes del conflicto y dice con optimismo que seguirá luchando por la paz y que “los buenos somos más”.

MARÍA CAMILA GONZÁLEZ OLARTE
Twitter: @CamilaGolarte
marola@eltiempo.com
Redacción Vida​

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