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Los consejos de Hilda Strauss para llevar el duelo en la pandemia
Hilda Strauss tiene un programa radial llamado 'La radio de Hilda Strauss', en el que habla de meditación, entre otros temas.

Hilda Strauss tiene un programa radial llamado 'La radio de Hilda Strauss', en el que habla de meditación, entre otros temas.

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Los consejos de Hilda Strauss para llevar el duelo en la pandemia

Para la conocida mujer de radio, 'es importante dejar ir en paz y libertad a los que amamos tanto'.

En estos tiempos tan difíciles, de contagios, muertes, confinamientos, miedos, sorpresas de toda índole y proximidad con la enfermedad, entendemos que el ser humano es sobrenatural y maravilloso, pero también que es frágil y, desde distintos puntos de vista, asombrosamente vulnerable.

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Aún con la muerte a bordo, en estos tiempos recordamos que en medio de la tragedia hay bendiciones y que no hay casualidades; todo es causal. En el hilo del destino estaba aguardando la pandemia, que ha llegado como la madre muerte, mirando a la humanidad con sus ojos impasibles.

En la gran enseñanza de la muerte recordamos el Tíbet y el budismo, la ciencia eterna de la meditación, y al asomarnos a esa ventana del ser, somos conscientes de tantas cosas. Como en el zen, como en el budismo, como en el Tíbet, la gran enseñanza que nos deja la pandemia es que "nada dura mucho", todo pasa, la gran ley de la vida es la impermanencia. Algún día tendremos que partir, para abrir nuestro panorama espiritual, para ampliar la conciencia de la existencia y recuperar en pasos milenarios la memoria perdida.

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Recuerdo la partida de mis padres adorados y el momento final que he presenciado de tanta gente que, en estos cuasi 88 años, he visto irse, desde cerca a otras dimensiones. Realmente somos eternos y retornamos en la proximidad. Aún resuenan en mi mente las palabras bonitas de los pésames, parecía que nada me podría consolar y pensaba casi con remordimiento que agradecía más el silencio en esa meditación del triste momento.

Existimos en varias dimensiones al mismo tiempo, el cuerpo material dura poco y todos nuestros demás componentes, en otros planos, permanecen; en realidad, somos eternos. Pero la humanidad actual no es como los sabios del Tíbet o como los seres de otro mundo en el pasado Egipto, que se entrenaban con cierta intensidad para el momento de irse.

No estamos preparados para la muerte, evadimos el tema, nos distraemos, la negamos de mil formas, no sabemos qué decir, le tenemos miedo. Miramos de reojo a la muerte como niños asustados, no entendemos sus grandes enseñanzas. Ella llega cargada con libros y libros de sabiduría obligatoria, nos enseña a meditar, a mirar para adentro; nos enseña que somos vulnerables y, por tanto, despierta en nosotros la virtud de la humildad; nos enseña a ser desapegados y a recordar la mágica película de la vida.

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En el budismo tibetano, esos puntos de corte de la vida y de la muerte se denominan "bardos", los estados intermedios. Pero allí se entiende como un impulso, con la fuerza de recomenzar y con el sentimiento correcto de la impermanencia de la vida. En la hermosa preparación de los lamas, comprendemos realidades que nos ayudan en esos procesos de muerte que superan la percepción de la mente.

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- Entendemos que nuestra misión en la vida es el desarrollo interior.
- Entendemos que la mejor manera de acompañar el proceso es con meditación, consideración y presencia espiritual.
- Entendemos que la consideración es pensar en el otro con generosidad.
- Entendemos que debemos desprendernos con amor de los apegos, soltar, dejar ir, como se suelta el aire después de una respiración profunda. Ese acto consciente de "soltar" es la mejor y la más amorosa despedida.
- Entendemos que la mejor manera de celebrar la vida es recordar los aspectos bellos y graciosos de los que desaparecen materialmente, sus obras, sus lindas contribuciones.
- Entendemos que los duelos son como la meditación trascendental. Debemos permitirnos vivir la sensación de injusticia, la negación, la depresión y el desconcierto; pero por poco tiempo, porque en nuestra proyección futura debemos apresurarnos en la aceptación del fenómeno de la impermanencia, y al final de esa meditación de vaivenes el entendimiento con humildad de ese suceso que nos ha obligado a ver la necesidad de tener una vida interna.

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Después de examinar y de reflexionar acerca del tema, nos preguntamos: ¿cuál es la preparación para la muerte? La respuesta es: la meditación. Cada cierto tiempo, debemos hundirnos en meditación en el tema de la partida nuestra y en la de los demás, con desapego, con sencillez, como quien observa la mente, como el que ve los pensamientos, sin sufrimiento, en el asombro de la belleza de la vida; es la única manera de perderle el miedo a la muerte.

Todos estamos unidos en el tejido del Dharma aún después de la muerte, nos unen hilos de luz, somos la misma asociación de almas que encarnan en oleadas. No obstante esa generalidad, debemos cumplir particularmente con los ciclos normales en la eternidad, con la inevitable libertad en la tela de las dimensiones.

Esto nos lleva a hacer la meditación del tiempo en las fases de la respiración. Inhalamos y vivimos. Nos desarrollamos espiritualmente. Retenemos el aire y recordamos los puntos importantes de la existencia, aquello que nos ha marcado. Y luego exhalamos, profundamente, despacio.

Dejamos ir con paz y libertad a los que amamos tanto. Desechamos la pena. Prescindimos del apego. Nos libramos del sufrimiento. Dejamos ir, soltamos, soltamos. La vida, realmente, es una respiración.

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