Es mejor ser feliz que tener la razón / De tu lado con Álex

Es mejor ser feliz que tener la razón / De tu lado con Álex

Estamos tan seguros en nuestra verdad que no nos tomamos el tiempo para cuestionarla.

Perdón

Estamos tan seguros y confiados en nuestra propia verdad que no nos tomamos el tiempo ni hacemos el esfuerzo para cuestionarla antes de juzgar y condenar al prójimo.

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IStock

Por: Alexandra Pumarejo
25 de febrero 2020 , 06:00 p.m.

Les voy a contar una historia basada en el poema de Valerie Cox. Una señora está en un aeropuerto y compra un paquete de galletas. Se sienta en la sala de espera, al lado de un hombre a quien no conoce.

Para sorpresa de ella, él abre el paquete de SUS galletas, las cuales había colocado en la mitad de los dos. Toma una y le ofrece otra a ella. Furiosa porque no puede creer que ese hombre esté disponiendo de algo que no es suyo, recibe la galleta, pero no dice nada.

La escena se repite una y otra vez. La mujer no dice nada, pues teme armar un escándalo; solo piensa en lo conchudo y mal educado que es ese señor. No puede creer que ni siquiera le dé las gracias por cada galleta que se come... ¡y que además le esté ofreciendo a ella SUS propias galletas! Cuando solo queda una en el paquete, el hombre, con una sonrisa de oreja a oreja, la parte por la mitad y le da la otra mitad. Escandalizada, le arrebata la mitad que él está a punto de comerse y se levanta furiosa para abordar el avión.

Ya sentada en su silla, y después de haberse amargado y peleado un millón de veces en su cabeza con el hombre que ‘le robó’ SUS galletas, saca un libro de su cartera con la intención de calmar la rabia. Y para su sorpresa y vergüenza, ¿qué encuentra al lado de su libro, escondido en su cartera? El paquete de galletas que había comprado. Intactas y completas.

El señor a quien ella había tildado como conchudo, ingrato y robagalletas, era precisamente lo contrario. ¡Generosamente, él había compartido hasta SU última galleta con una extraña, desagradecida, malacarosa y amargada! Resultó que la robagalletas era ella.

Me encanta esta historia porque, en pocas palabras y con una anécdota cómica, nos muestra mucho de la naturaleza humana. Estamos tan seguros y confiados en nuestra propia verdad que no nos tomamos el tiempo ni hacemos el esfuerzo para cuestionarla antes de juzgar y condenar al prójimo. Estamos tan enfrascados en tener la razón que no reflexionamos sobre las razones de los demás. Somos así con nuestros hijos, con nuestras parejas y con la sociedad en general.

Abramos nuestra mente y nuestros corazones a la posibilidad de estar equivocados, de cometer errores y de no tener la verdad absoluta. ¡Creo que de esta manera encontraremos que es mucho mejor ser feliz que tener la razón!

ALEXANDRA PUMAREJO@detuladoconalex

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