Los motivos que llevaron al expresidente de Bancolombia a renunciar

Los motivos que llevaron al expresidente de Bancolombia a renunciar

Carlos Yepes vivió una vida llena de estrés. Su familia y los sueños aplazados lo hicieron cambiar.

Carlos Raúl Yepes

Carlos Raúl Yepes renunció a la presidencia de Bancolombia en el 2016. Hoy, se dedica a acciones sociales y está terminando una maestría.

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Cortesía Cámara Lúcida

Por: Natalia Noguera
06 de julio 2020 , 09:31 a.m.

El tiempo cobró un nuevo sentido para Carlos Raúl Yepes en el 2016. Después de renunciar a su cargo de presidente de Bancolombia, que ocupó durante cinco años, volcó la mirada sobre sí mismo. Sobre su familia. Dejó atrás las reuniones de trabajo, los nuevos proyectos financieros y las extensas jornadas de trabajo, que ya venían cobrándole factura a su cuerpo.

Como un acto de honestidad y humanidad consigo mismo, Carlos Raúl renunció a un cargo influyente, muy bien remunerado, que guarda estrecha relación con los poderosos. Se dio la oportunidad de descubrirse fuera de un esquema de productividad. Se reconcilió con sus sueños postergados, se reencontró con su familia y se entregó al autocuidado.

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Un lustro después no se arrepiente de la decisión. Sigue casado con Gloria Cecilia, su mejor amiga desde hace 27 años. En tiempos de pandemia, también convive con sus dos hijos. Con una visión optimista, cree que este momento representa un nuevo descubrimiento sobre sus relaciones de familia y sobre sí mismo.

Desde su casa en Medellín, Carlos Raúl recuerda su proceso de reinvención y repasa lecciones de la pandemia.

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¿Cómo ha vivido estos últimos meses?

Para mí han sido maravillosos en medio de tanta dificultad. Uno es consciente de los problemas de otros, pero también, ha sido un tiempo de descubrimiento... Por ejemplo, de lo físico, como rincones de la casa donde no acostumbraba a ir. Descubrimiento del valor de la amistad, de la solidaridad y la gratitud. También, descubrimiento de cosas que antes hacía de una manera y que ahora hago de otra.

Por ejemplo...

La más importante ha sido compartir con la señora y los hijos. Todos tienen actividades fuera de la casa, pero ahora, convivir ha sido una experiencia linda. Hemos hecho cosas que no hacíamos antes, como jugar: desde el primer día armamos una mesa para esto.

En una hoja en blanco, que está en la cocina, escribimos a qué nos comprometíamos individualmente y a qué como familia. Pensamos qué íbamos a dejar de hacer y qué haríamos de una manera diferente.

Lo más importante de estos meses es el descubrimiento de que uno puede desacelerar el ritmo de vida, pararse a pensar y hacerse preguntas.

Hace cinco años usted ya había cambiado de ritmo y dejó la presidencia de Bancolombia. ¿Extraña algo de su trabajo?

¿Qué extraño? Nada. ¿Quisiera volver? No. La vida lo lleva a uno por otro camino, por eso el título de mi libro (Por otro camino: de regreso a lo humano).

El día que me nombraron presidente del banco, el 28 de noviembre del 2010, me escribí la carta de renuncia a mí mismo. Lo primero, fue mi fecha de caducidad: dije que estaría en el banco hasta el primero de febrero del 2019. Después de años de leer a Chopra y a raíz de mis enfermedades, le empecé a coger miedo al poder, al apego. Estos cargos son de mucha influencia y muy bien remunerados.

En la carta escribí que quería recuperar mi salud, compartir con mi familia por tantos momentos que no pude y realizar sueños atrasados. Quería seguir avanzando en mi en camino. Y hay que pasar la página. Eso sí, tengo una gratitud eterna por el banco.

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Se dio plazo hasta el 2019, pero renunció en el 2015...

Yo estaba ilusionado. Las cosas venían saliendo bien. Pero desafortunadamente me enfermé. En los cinco años y medio que estuve como presidente de Bancolombia (en la organización estuve casi 23 años) entré a la clínica unas 10 veces.

Primero fue el hígado, el páncreas, después de diabetes, me tuvieron que cortar 60 cm de colon. Me dio peritonitis, estuve 21 días en cuidados intensivos y salí con colostomía. Y a pesar de eso, seguía exigiéndome.

¿Cómo tomó la decisión?

En septiembre del 2015 me dio pancreatitis. Estuve 10 días en la clínica. Cuando llegué muy débil de la clínica a mi casa, encontré sobre mi almohada la carta de mi hija María Luisa. Era un llamado. Ella decía: “ya te lo hemos dicho, pero tú no entiendes. Por eso quería escribírtelo y te lo voy a decir las veces que sea necesario”. Guardé la carta y empezando el año siguiente, me di cuenta de que tenía que hacerme a un lado.

¿Fue una buena decisión?

Ha sido la mejor decisión de la vida. No sentí un cambio profundo, no me hace falta el poder. Pero soy recordado. Hay una canción que dice: “la ausencia causa olvido, pero no se puede olvidar lo que siempre se ha querido”. Eso es lo que he sentido, el cariño. Me escriben y uno se mantiene vivo en ese cordón umbilical.

Ahora cuando me preguntan ‘cómo está’, acuñé la respuesta: aliviado, contento y ocupado. Y creo que incluso sería al revés: ocupado, aliviado y, por supuesto, muy contento.

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¿Cómo ha sido la vida después del banco?

Pienso en dos palabras: disciplina y responsabilidad. Yo no sentía como si estuviera enjaulado y me hubieran abierto al mundo. Pero sí era encontrar una forma de vivir que nunca había tenido. Fui un estudiante dedicado, un trabajador dedicado. Siempre me sentí un soldado, nunca un general.

Al otro día, me levanté sin remordimientos. Tuve la disciplina del día a día: rutinas como alimentarme bien, hacer ejercicio, todo lo que no había podido hacer antes. Después vino el libro. Durante ocho meses, se volvió mi trabajo.

En la carta de renuncia que me escribí a mi mismo, decía que quería trabajar para la sociedad. Tuve una opción de voluntariado y ahora, más. Son mis nuevas responsabilidades. Físicamente no me queda tiempo. Lo que pasa es que es un tiempo diferente, distribuido de otra manera. Es un tiempo querido.


Además de voluntariados está en una maestría en humanidades...

Yo soy abogado, tengo especializaciones de negocios, pero siempre he sentido que mi formación es humanista; está presente en uno ese valor de pensar en el otro.

Y me decidí por el programa de Eafit. Ese es otro descubrimiento, demasiado gratificante, por los profesores y los amigos extraordinarios que conocido. Ese mundo de filósofos, sociólogos e historiadores es muy enriquecedor. Todos los días algo se aprende. Tengo una actitud permanente de aprender. Ya entro al último semestre.

¿Qué lecciones le deja esta pandemia?

Esto fue una parada en seco. Siempre estoy pensando en positivo y creo que este es un momento de reflexión, de cambio de ritmo, de aprender cosas tan sencillas como valorar el tiempo o buscar lo simple. Es un momento de reflexión para que cada uno se haga las preguntas correctas.

(Vea el especial '11 vidas reinventadas' completo aquí)

Al final queda el llamado: ser conscientes de las cosas. De la relación con la naturaleza, con la familia y con amigos. Entre descubrir, conectarse y pensar en el otro: por ahí está la vida.

NATALIA NOGUERA - monnog@eltiempo.com
REDACCIÓN VIDA

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