‘Deben prepararnos para hacer travesuras’: Víctor Pavía

‘Deben prepararnos para hacer travesuras’: Víctor Pavía

Los juegos ‘de mentiras’ son los que más contribuyen al desarrollo del intelecto de los niños.

‘Deben prepararnos para hacer travesuras’

Jugar de forma lúdica, con reglas propias, se acerca mucho a la sensación que produce la travesura.

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123RF

Por: ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
22 de octubre 2018 , 11:16 p.m.

Víctor Pavía es un profe poco común. En sus clases busca dejar un mensaje: los niños deben jugar de manera lúdica. Y, aunque suene paradójico, en su concepto, el juego no siempre es así. A veces se pone muy formal, con muchas reglas, con lo cual deja de ser placentero, divertido, educativo.

Su premisa es que el juego es la forma más humana de salir del aburrimiento, y al hacerlo permite la creatividad, el estar con otros, mejor salud y desarrollo del intelecto.

Sus cursos son reconocidos en España, Uruguay, Paraguay, México, Cuba y España, entre otros lugares, donde ha estado impartiendo talleres a maestros y lutocarios, es decir, a los profesionales que enseñan a niños y adultos a jugar.

Por ello, este argentino invita a los adultos a que dejen a los niños jugar juegos de “mentiras” y a hacer travesuras. No acciones que hacen daño (como describe el diccionario esta palabra), sino las que significan ingenio y riesgo de atreverse a hacer algo.

Pavía participó en el VII Encuentro Internacional de Juego, Educación y Ludotecas ‘Entornos protectores para la infancia’, que se llevó a cabo recientemente en Bogotá. El evento fue organizado por la Corporación Juego y Niñez en alianza con la Universidad Minuto de Dios, con participación de 400 ludotecarios y maestros del país. EL TIEMPO habló con él.

¿A qué se refiere con juego de mentira y juego de verdad?

Es la manera de vivir un juego. Entre las niñas y niños de mi región (la Patagonia) hay una pregunta común: ¿cómo jugamos: de verdad o de mentira? La consulta pone al descubierto dos modos de jugar un mismo juego. Cuando la opción es “de mentira”, se agregan efectos especiales y escenografías invisibles (que solo se activan en la imaginación de cada jugadora y jugador), se ejerce la voz para negociar reglas, etc., apertura impensable cuando se juega “de verdad”.

Me adelanto a decir que, en mi opinión, elegir jugar “de mentira” es uno de los modos más auténticamente lúdicos de jugar. En este hay un ‘guion imaginativo’, con reglas que se negocian para adaptarlas a la medida de cada jugador o jugadora, con altos niveles de ‘permiso’ para probar, para arriesgar, para experimentar (siempre podrá decirse: “¡Pero si estamos jugando!”).

También hay ‘confianza’ en que nada perjudicial va a pasar; mejor aún: en que lo que va a pasar es bueno, ya que se trata, precisamente, de un juego.

Sabemos que hay modos de jugar que tienen poco de lúdicos por ser excesivamente formales, reforzadores de estereotipos, con las exigencias propias de un ‘acá se juega de verdad’, con las expectativas puestas en obtener un premio material, algo de prestigio, etc. Tenemos derecho a disfrutar de tanto en tanto de una muy buena propuesta de juego compartido, jugado de un modo auténticamente lúdico.

Elegir jugar 'de mentira' 
es uno de los modos más auténticamente lúdicos de jugar. En este hay un ‘guion imaginativo’, con reglas propias

Entonces, no siempre debe haber algo educativo detrás del juego.

Lo que intento decir es que no se trata de discutir juego educativo vs. no educativo, jugar para aprender vs. jugar por jugar, etc., sino de pensar lo educativo en el mundo del juego desde una perspectiva diferente de la pedagogía tradicional.

Lo educativo está primordialmente en desarrollar competencias para crear y recrear formas variadas de juego, imaginativas, ingeniosas, y para jugar de un modo lúdico con otros, en paz, disfrutando de la diversidad, en un tiempo de libertad, en entornos saludables.

¿Por qué está a favor de las travesuras?

El modo de jugar que llamo lúdico se acerca mucho a la sensación que produce la travesura. No como acción peligrosa que puede producir algún daño, sino como algo inocuo que rompe con lo habitual, que es creativo y desafiante, y solo por eso, bien vale la pena arriesgarse (jugarse) disfrutando a pleno de sus potencialidades, ir más allá de las tendenciosas definiciones de los diccionarios; hay que revisar por qué se construye sentido alrededor de la idea políticamente correcta de que toda travesura es peligrosa.

Las instituciones educativas, incluidas las superiores, donde nos formamos para trabajar con niños, niñas y adolescentes, deberían prepararnos mejor para hacer travesuras, comenzando por lo maravilloso del juego jugado de un modo lúdico.

Entornos protectores, el tema del encuentro

Durante el encuentro se reunieron expertos de Sudáfrica, España, Argentina, Uruguay, México, Brasil y El Salvador, así como de diferentes zonas de Colombia, para hablar sobre el papel del juego en el desarrollo de los niños, y especialmente de las ludotecas como espacios protectores.

“La protección, el cuidado y el respeto de niñas y niños requieren entornos protectores que contribuyan al ejercicio de sus derechos. Una sociedad que respeta a sus niñas y niños es una sociedad que avanza en el desarrollo. Los espacios lúdicos como las ludotecas son muestra de ello”, señaló Ruth Camelo, directora de Corporación Juego y Niñez, organizadora del encuentro.

ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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