Pequeños grandes maestros / Opinión

Pequeños grandes maestros / Opinión

Escuchar a los niños con atención, sin importar su edad, nos puede traer grandes enseñanzas.

Educación de los niños

Los niños son una fuente de inocente sabiduría.

Foto:

123RF

30 de octubre 2017 , 02:00 a.m.

Es de noche y dos padres primerizos discuten airadamente cerca al cuarto de su hija de tres años. No notan que la pequeña se ha levantado y los mira sorprendida. De repente, y quizás recordando el cuento que hace apenas unas horas le leyeron en el que un oso le gruñía a una niña de cabellos dorados por tomarse su avena, la menor interrumpe la discusión con la siguiente pregunta: “¿Están gruñendo?”. Por primera vez en media hora la pareja hace silencio. Los dos observan al pequeño ser que, despeinado, los cuestiona. Se miran, sueltan una carcajada, se agachan y lo abrazan. La riña terminó. Meses después ninguno recuerda la causa de la pelea, pero siempre recordarán la forma como terminó.

En el libro ‘Niños que ríen’, Louis R. Franzini sostiene que los niños con sentido del humor hacen grato su entorno, suelen convertirse en los amigos preferidos y tienen una imagen positiva de sí mismos. Resulta que también, con cierta frecuencia, son capaces de disolver un conflicto con mayor rapidez que un diplomático.

La misma noche, un papá y su hijo de 10 años juegan a los piratas, descalzos sobre un piso alfombrado. El niño le dice a su padre que debe taparse el ojo con un parche para poder ver en la oscuridad del barco como lo hacían los piratas. Su padre abre el clóset rápidamente y agarra una bufanda para cubrir su cabeza, sin notar que esta reposaba debajo de una cajita de costura que vuela por los aires y cae esparciendo decenas de agujas sobre la oscura alfombra. “¡Estatuas!”, grita el niño, y los dos se quedan en silencio. El padre se agacha y con cuidado alcanza a recoger los alfileres que se podían ver. El menor que ha permanecido inmóvil le dice a su papá que irá por el imán que le regaló su abuelo para que, al pasarlo por encima de la alfombra se le peguen las agujas que no ven a simple vista.

Los niños son una fuente de inocente sabiduría. Escucharlos con atención, sin importar su edad o la hora, nos puede traer grandes enseñanzas, grandes carcajadas y, eventualmente, salvarnos de un pinchazo en el pie.

FERNANDO ESCOBAR
Escritor y conferencista@ferescol

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