Los macacos y los diseños de moda / En defensa del idioma

Los macacos y los diseños de moda / En defensa del idioma

Es más auténtico quien dice “sumerce´”, “mesmo” o “endespués”.

En defensa del idioma

En defensa del idioma.

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123RF

Por: Jairo Valderrama V.
20 de junio 2018 , 06:12 p.m.

“Un macaco, a pesar de que luzca las prendas de los más afamados modistos del mundo, seguirá siendo un macaco”, recordaba hace unos años un apreciado académico de número de la Academia Colombiana de la Lengua. Como es de suponer, este maestro (nominado con la letra N) establecía una comparación entre el uso de la lengua y del vestuario, y permitía que se dedujera con mucha facilidad cómo el disfraz de algunas palabras no necesariamente mejora la calidad intelectual o el conocimiento de quien las profiere.

Cuando se ponen de moda (o los ponen) los diseños de verano, invierno, otoño o primavera, aunque en Colombia no contemos con estaciones, también abundan como un estilo novedoso las palabras y expresiones que se van contagiando en el dinamismo social. Una vez más: ¡claro que la lengua es cambiante!, y responde a una infinidad de causas en este devenir cultural. Sin embargo, habrá que pensar en qué proporción es la misma gente la que origina ese cambio, o si serán ciertas directrices con fuerzas e intereses en el ámbito sociopolítico y económico las que producen esas alteraciones en las bases de la sociedad.

La sutileza de la publicidad y la incursión de nuevas corrientes siguen proponiendo una práctica generalizada de la vida, con una carga discursiva casi siempre de gran vaguedad. Esta va siendo asimilada por muchas personas sin considerar qué tanto entienden o qué están replicando. Ese ejercicio reiterado, en que no importa tanto el fondo o la carga significativa, sino la propagación de unas palabras, uniforma de manera casi imperceptible también los modos de pensar y las formas de abordar eso que se piensa.

Por supuesto, los acentos, palabras, tonos, ritmos, incluidas las variantes sintácticas (orden de las palabras) permiten calcular el perfil aproximado de una persona. Sin embargo, cuando los usos de una lengua se estandarizan (al menos por épocas), y surgen los clichés empresariales o los remedos circulares de las ofertas políticas, se sospecha que la gente no está pensando por ella misma. Entonces, empiezan a desdibujarse los rasgos distintivos de cada quien, y se configuran con mayor consistencia los trazos que caracterizan a las muchedumbres.

Cuando algunos hablantes van incorporando los términos acusados de los personajes famosos o de los sectores que consideran distinguidos, imaginan que esto basta para que también ellos se conviertan en reconocidos o se incorporen a la llamada distinción social. Solo para citar unos pocos ejemplos, examinemos cómo se introdujeron algunas palabras y expresiones entre la gente sin que esta misma fuera consciente de ello.

Apareció de unos años para acá el trillado “tema”: tema es todo lo que puedan imaginarse, y si no lo imaginan, también; y como “tema” es “todo”, acaba por no ser “nada”. De la vaguedad de las palabras, da cuenta también “impactar positivamente”, cuando ese adverbio guarda una gran cantidad de significados (polisemia) y depende, como todas las palabras, del contexto. Junto a estos, se habla también de “productos” (cuando apenas son cuentas bancarias), “sostenibilidad” (cuando se tambalean), “emprendimiento” (para “montar un negocio”); ahora ya nadie “entra”, sino que “accede”. Tampoco se “impulsa”, se “empuja” o se “estimula”, sino que se “apalanca”; desapareció “recibir” y ahora se “recepciona”; ya nada se “informa”, sino que se “socializa”.

Y con motivo del fútbol (más frecuente que los parpadeos), ya no hay “goles”, sino “anotaciones”; nadie “entra a un estadio”, sino que “accede a uno de los templos del fútbol”; los “equipos” pasaron a ser “oncenos” o “los dirigidos por…”; el equipo nacional dizque es “tricolor”, como si no tuvieran tres colores en su bandera también Francia, Senegal, México, Brasil, Rusia, Bélgica, entre otros equipos.

Claro: estos desaciertos aumentan en el uso de la legua porque los mismos hablantes ni siquiera consideran la carga de significado de esas palabras; les parecen llamativas, grandilocuentes, impactantes, exclusivas o distinguidas; creen que eso los sitúa en una escala social mayor, o les ayuda a obtener un reconocimiento público más efectivo, a pesar de que en, en últimas, solo la ridiculez los acompañe.

Por eso, es más auténtico quien dice “sumercé”, “mesmo” o “endespués” (vestido con sencillez), y muy afectado quien acude al “empoderar”, al “étcito”, a la “retroalimentación”, al “cero estrés”, “cero vacaciones”, “cero grasas”, siendo tan claros “sin estrés”, “sin vacaciones” y “sin grasas” (vestido con los diseños de los afamados modistos).

Para concluir, acudo a otro maestro, Ernesto Sábato: “Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables”.
Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRAMA V.
Docente de la Universidad de La Sabana

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