‘No más tareas en casa y no más notas, este es el momento’

‘No más tareas en casa y no más notas, este es el momento’

El psicopedagogo Francesco Tonucci es un reconocido crítico del sistema educativo tradicional.

Maestros

Los niños extrañan de la escuela a sus amigos y disfrutan pasar más tiempo con sus padres. Sin embargo, los desmotivan las guías y tareas virtuales.

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Por: Simón Granja Matias
24 de junio 2020 , 09:43 a.m.

Francesco Tonucci es un reconocido psicopedagogo italiano, autor de la Ciudad de los niños. Es un experto en infancia que dicta conferencias sobre esta materia en todo el mundo, pero más allá de ello es un convencido de la importancia de darles voz a los niños. Por esa misma razón ha sido siempre un fuerte crítico del sistema educativo tradicional, en el que se sienta a los niños en un salón de forma inorgánica y más bien industrializada y en el que se debe repetir sin cuestionar lo que el profesor dice.(Lea también: ¿Cómo acceder a ayudas para pago de pensión en colegios y jardines?)

EL TIEMPO conversó con Tonucci (1940), quien lleva más de tres meses encerrado en su casa en Roma, tiempo durante el cual ha pensado acerca de cómo esta crisis es una oportunidad para cambiar el statu quo de la educación, que no ha variado en los últimos 200 años.

Durante la pandemia se ha hablado de proteger a los niños y niñas, pero nadie los escucha...

A mí me sorprendió mucho que se les pedía a los expertos consejos para los padres y los maestros, pero nadie se preocupaba de hablar con los niños y las niñas. Lo que nosotros hicimos con el proyecto ‘La ciudad de los niños’ es pedirles a los alcaldes de nuestra red internacional convocar los consejos de niños y niñas que tenemos en todas las ciudades para hablar con ellos y preguntarles cómo están viviendo esta temporada y qué propuestas tienen.

Francesco

Francesco Tonucci también conocido por el seudónimo «Frato», es un pensador, psicopedagogo y dibujante italiano.

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Getty

¿Qué encontraron?

En nuestro proyecto tienen un papel de asesores de los alcaldes. Son niños y niñas de 8 a 10 años que se encuentran periódicamente y hacen propuestas a su propia ciudad para que sea mejor. De estas consultas salieron elementos muy interesantes, tres observaciones. Primero, tanto en España como en Italia y Latinoamericana, salió muy claro que lo que más les faltaba a los niños eran los amigos. Segundo punto, y que me parece muy interesante, es que les gusta pasar más tiempo con sus padres, eso fue como un regalo de la pandemia para muchos niños... sé que hay muchos problemas de violencia intrafamiliar, pero en la normalidad de los casos los niños lo viven bien. Y el tercer punto es que los niños están cansados de las tareas y de las clases virtuales.

Respuestas muy dicientes...

Por un lado, me pareció bastante evidente que la didáctica de distancia no es una propuesta para el futuro, ese no es el camino. Es útil y necesaria en el momento de la emergencia, pero no creo que la escuela que tenemos que pensar para mañana sea una escuela digital. Detrás hay muchos intereses económicos, pero hay muy pocos intereses culturales. Las tecnologías son útiles, importantes, instrumentos que pueden entrar en la economía de nuestra vida, están entrando, los aprovechamos, pero no pueden sustituir la escuela presencial. A los niños no les gusta. Dicen que los niños son aficionados a sus móviles, pero pasar horas frente a una pantalla para escuchar a un adulto que enseña cosas es muy complicado y no funciona. La tecnología es una herramienta más que los profesores deben aprender a usar para enseñarles a sus estudiantes cómo usarla.

¿Usted cree que la pandemia va a llevar a replantear la forma como ha venido funcionando la educación?

Yo creo que es la mayor oportunidad que hemos tenido en siglos. Hoy se habla de una escuela inclusiva, pero se los homogeneiza; a mí me gusta más hablar de una escuela como si fuera hecha a propósito para cada uno de los estudiantes. Hasta ahora, esta era una propuesta de avance, de progreso, que tenía muchos maestros interesados, pero con muchas dificultades; sin embargo, la pandemia nos obliga hoy a vivir cambios de todo tipo. Por ejemplo, la distancia social tiene una ventaja porque obliga a romper la clase. Cuando se vuelva a la escuela, una clase de 25 niños tendrá que convertirse en una de 12 niños o de menos... Y esto obliga a un cambio. Hay que pensar en cosas nuevas, por ejemplo, que se deben trabajar por grupos.

Francesco

Francesco es un reconocido dibujante sobre temas de educación.

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¿Eso en qué cambiaría?

La clase no puede seguir trabajando con 25 niños que están frente a un maestro escuchándolo, intentando entender lo que dice y repitiéndolo si el maestro lo pide. Esta es una forma pobre, a nivel cognitivo, que no merece todo el gasto que la escuela necesita y todo el tiempo que requiere, es una inversión a pérdida, por lo cual la pandemia nos obliga a pensar una educación en grupos pequeños.

Usted ha hablado de renunciar a las aulas...

Si pensamos en la naturaleza, no existen lugares que se parezcan a la escuela, donde todos los espacios son iguales... así eran los conventos o las cárceles, y no hay muchas razones para pensar que es un modelo que funcione para la educación. Desde hace tiempo yo digo que la escuela debería renunciar a las aulas y pensarse como una escuela de talleres y laboratorios. No sé si es fácil imaginarla, pero la idea es que todos los espacios de una escuela se transformen en lugares donde se hace una cosa. No la clase donde se hace de todo. Son lugares distintos donde grupos de niños se mueven para hacer cosas. Espacios especializados, equipados con un laboratorio de ciencias, un taller de música, de arte, una huerta al aire como laboratorio de ciencias naturales, puede tener un taller de carpintería... lo importante es que tenga muchos matices distintos, de manera que todos los estudiantes encuentren lo suyo.

La casa se convirtió en escuela y los padres, casi que en maestros...

Se debe aprovechar esta experiencia en casa. Hay una propuesta didáctica, y es convertir la casa en un laboratorio. Tengamos en cuenta que una buena escuela es aquella que se hace sobre la vida de los alumnos, no sobre los libros de texto. Una buena escuela no se hace sobre los programas ministeriales, sino promoviendo que cada uno de los alumnos descubra su vocación y se dedique a esta.

Esas no son tareas tradicionales...

La idea es justamente dejar las tareas tradicionales de lado, están aburriendo a los niños. Están cansando muchísimo. Más bien es convertir las cosas que se hacen en casa como tareas, aprender y enseñar a través de lo que se hace en el hogar: coser botones, cocinar, recuperar las fotos de la infancia de los niños, reconstruir su historia; pueden hacer una experiencia muy interesante de lectura colectiva, el adulto lee en voz alta media hora todos los días... los niños pueden tener un diario para no perder memoria de esta tragedia que estamos viviendo, de esta experiencia, y si el niño o niña prefiere que sea secreto, respetarle su intimidad... ese diario puede ser un espacio en el que se desahogue, en el que pueda confiar lo que está viviendo.

Pero ¿ahí dónde entra la escuela?

La escuela trabaja la matemática de la pasta, la lengua de las recetas, la geometría del plano de la casa... Se pueden pensar muchas cosas y utilizarlas para hacer lo que la escuela debe hacer: reflexionar sobre la realidad.

Reflexionar sobre la realidad debe ser algo que se haga estando o no en cuarentena...

Claro, cuando nos enfrentemos a la apertura, me gustaría que se conservara esta idea, pero desde un mundo más amplio que será la ciudad, el barrio, el entorno de cada uno de los niños, y que la escuela sea capaz de trabajar sobre esto y no volver a encerrarse en sus programas y en sus libros de texto.

Es que la escuela está enclaustrada en los libros de texto, ¿no?

La escuela que yo hice hace ya casi 80 años, la que hicieron mis hijos y la que hace mi nieta es una escuela que propone un programa, y la evaluación de los alumnos se hace si han podido, sabido, querido aprender lo que el maestro ha enseñado. Por lo cual son los estudiantes los que tienen que llegar al nivel que la escuela propone. Pero el objetivo de la educación no es que los alumnos consigan los resultados previstos, sino al contrario: que la educación –la familia y la escuela– ayude a los niños a descubrir sus aptitudes para desarrollarlas al máximo posible.

Las evaluaciones, las notas, homogeneizan a los estudiantes...

Sería mucho más correcto que la evaluación fuera para que los educadores se cuestionaran si han conseguido que cada uno de sus alumnos descubriera sus aptitudes. Entonces, la evaluación debería ser para los adultos, no para los niños.

El sistema educativo no ha cambiado desde hace 200 años...

Hay un problema de fondo y es que la escuela sigue siendo para iguales. Su objetivo es que todos lleguen al mismo nivel, y esto es sumamente injusto porque las personas no son iguales, son diferentes... somos diferentes por derecho, cada uno de nosotros tiene derecho a su diversidad, y una escuela para ser democrática y correcta debe basarse sobre esto, garantizar la diversidad y fortalecerla, no que desaparezca, que es lo que hace el actual sistema.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo 
En Twitter: @simongrma

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