La rebelión de las princesas de la mano de Camila Valenzuela

La rebelión de las princesas de la mano de Camila Valenzuela

La autora ha reescrito 'Blanca Nieves' y 'La Bella Durmiente' para jóvenes con enfoque feminista.

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Según la autora, la reescritura de cuentos de hadas la hace desde lo feminista y lo local.

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Por: Claudia Guzmán V. - El Mercurio / Chile (GDA)
09 de noviembre 2019 , 08:30 p.m.

Camila Valenzuela recuerda la voz de su padre leyéndole el cuento La Bella Durmiente desde un tiempo que no puede precisar. Ella se lo pedía una y otra vez. La escritora –autora de la saga juvenil de corte fantástico Zahorí– cierra sus ojos y narra: “Escucho la voz de mi papá, sentado al lado de la cama. Él, cabeceando, como diciendo ‘que se duerma ya’, y yo diciendo ‘quiero más’ ”.

De esa íntima escena familiar, Camila terminó por hacer una línea de creación, pero reversionando esos cuentos de hadas desde la perspectiva feminista. En 2014 publicó Nieve Negra (SM), basada en Blanca Nieves, y ganó el premio Barco de Vapor, que distingue a lo mejor de la literatura infantil y juvenil chilena.

Este año lanzó Las durmientes (Libros del Pez Espiral), una versión libre del relato que casi cada noche le pedía a su papá que le leyera: “Siempre me llamó la atención el porqué esta princesa dormida espera a un príncipe para ser feliz –explica–. Pensaba ¿por qué no puede ser feliz ella sola? Bueno, además siempre me llamó la atención que de los más de 200 cuentos que tienen los hermanos Grimm, justamente los que más recordamos son los protagonizados por mujeres: La Cenicienta, Blanca Nieves, Caperucita Roja, La Bella Durmiente. Porque si uno estudia el corpus completo de los Grimm, tanto en los cuentos de hadas como a nivel de títulos, la mayoría es protagonizado por hombres”.

¿Por qué cree usted que se produjo esa selección?

Creo que los cuentos de hadas se han usado como una herramienta aleccionadora, disciplinadora de la infancia.

¿Quién los ha usado?

La sociedad, pero no de forma consciente. No es que un papá haya dicho ‘voy a leerle este cuento a mi hija para que...’. No, sino que simplemente lo reproducimos, y en esa reproducción se transmite un imaginario. Se reproduce sin ningún cuestionamiento crítico, justamente porque estos cuentos están tan asentados en el imaginario simbólico y mítico de la sociedad, porque siempre fue así, porque siempre funcionó así.

¿Cuál debiera ser la alternativa?

Doy un curso en un diplomado que es justamente sobre los cuentos de hadas e imaginario crítico. Y mis estudiantes me dicen: ‘Bueno profe, entonces no leamos estos cuentos. Saquémoslos del imaginario colectivo’. Y yo les digo: ‘No, el ejercicio es leerlos con una mirada crítica’. O sea, leerlos y ver justamente cuáles son los imaginarios que se están reproduciendo ahí. ¿Por qué? Porque es entendible que los Grimm hayan tenido esta visión si estaban en la Alemania del siglo XIX.

Colonia y terremotos

La premiada Nieve Negra es un relato que viaja entre el presente y la época colonial para hablar de la historia de una adolescente que, a través del hallazgo de un espejo enterrado, va develando una conflictiva relación familiar. En Las durmientes –su Bella Durmiente–, la protagonista se desdobla en varias jóvenes y transcurre también en un contexto colonial, pero en el Maule, en Chile.

“Decidí hacer mi tesis doctoral sobre los cuentos de hadas –explica Valenzuela– y después de años de investigar, necesité dar una salida creativa al trabajo que estaba analizando. Y surgió un proyecto de largo aliento, hacer reescrituras de cuentos de hadas, pero no solo desde la revisión feminista, sino desde la idiosincrasia chilena también”.

¿Por qué eligió la Colonia para ambientar sus primeros cuentos de hadas?

Porque en términos de imaginario cultural más remoto es quizás lo que más se asemeja a este imaginario de castillos y princesas que tienen los cuentos de hadas, y que es muy europeo. Como Nieve Negra salta del presente al pasado, habría sido muy raro que hablara de castillos, princesas y dragones, pero el imaginario colonial, con toda la violencia que significa la Colonia en términos de evangelización, del patriarcado europeo, de esclavitud, dominio y silenciamiento de lo indígena, era mucho mejor. Por eso, en Nieve Negra no hay hada madrina con vestidos pomposos, sino que está La Negra. Es un intento por latinoamericanizar estos cuentos de alguna forma que no sea como tan panfletaria tampoco, porque no me interesa la literatura panfleto.

La próxima adaptación de Camila Valenzuela será La Cenicienta. Ahora, la historia transcurrirá en Chillán, en 1939, después del gran sismo que asoló esa ciudad.
“Parte justo después del terremoto, con la muerte del padre de una niña de 15 años que se tiene que ir a vivir a Talagante, a la casona de su tío, a quien ella no conoce. Y al llegar allá empieza en realidad la historia de la Cenicienta, porque vemos que la figura de la madrastra ya no está, sino que es este tío quien la sobreexplota en todas las labores domésticas. Es él quien ejerce violencia sobre ella, y no otra mujer”.

De esa íntima escena familiar, Camila terminó por hacer una línea de creación, pero reversionando esos cuentos de hadas desde la perspectiva feminista

Valenzuela dice que ella prefiere la literatura que sugiere y no la que es explícita, por lo tanto, la violencia sexual no será parte de la narrativa de su creación.

“Además –cuenta–, esto está escrito en formato de diario de vida, entonces hay muchos abusos que ella no los cuenta en forma explícita, porque hay un trauma ahí. Pero claro que él ejerce todo tipo de violencia contra ella, desde criticarle cómo cocina, pegarle, violarla, todo. Pero ella tiene a cambio unas vecinas que observa. Porque ella trabaja de día, y de noche observa a sus vecinas que van al bosque, y las empieza a seguir. Ahí descubre a una mujer que está en el bosque, y sucede algo en términos de una colectividad femenina”.

Para el próximo año, la escritora dice que ya tiene un título en vista: Barba Azul. El relato de Charles Perrault que trata de un árabe que desposó a una mujer, que debía mantenerse en casa sin entrar jamás a una habitación cerrada con llave, y que quiso cortarle la cabeza cuando descubrió que lo había desobedecido por descubrir el lugar donde guardaba los cuerpos sin cabeza de sus esposas anteriores.

Valenzuela dice que ella prefiere la literatura que sugiere y no la que es explícita, por lo tanto, la violencia sexual no será parte de la narrativa de su creación

“Perrault no dedicó su libro a la infancia, sino que en la dedicatoria de su libro de 1697 dice que es para las mademoiselles de la corte francesa –explica–. Entonces, ahí se podría comprobar la tesis de que al menos Perrault tenía la intencionalidad de dedicar estos cuentos a las jóvenes de la corte para aleccionarlas.

Porque Barba Azul hoy lo podríamos leer como este marido violento y abusador, como esta violencia patriarcal en su máxima expresión. Sin embargo, desde su publicación en 1697 hasta mediados de 1900 se leyó como un cuento que aleccionaba a las mujeres sobre la curiosidad femenina: ser curiosa está mal. Si tu marido te dice que no abras la puerta, no la abras. No desobedezcas”.

CLAUDIA GUZMÁN V. 
EL MERCURIO / CHILE
(GDA)

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