El colombiano que se enfrenta al desempleo juvenil

El colombiano que se enfrenta al desempleo juvenil

Juan David Aristizábal fue elegido como uno de los 19 líderes emergentes en educación mundial.

Juan David Aristizabal

Juan David Aristizábal fue elegido por la revista ‘Forbes’ en el año 2013 como uno de los treinta jóvenes que están cambiando el mundo.

Foto:

James Vasquez.

Por: Simón Granja Matias
16 de mayo 2020 , 09:32 p.m.

Un día la profesora Beatriz Galvis le preguntó en clase a cada uno sus estudiantes cuál era su pasión, era el año 2003 y el lema país era ‘Colombia es pasión’. Juan David Aristizabal no supo qué responder, llegó a casa frustrado después de ver que sus compañeros tenían muy clara la respuesta. Habló con sus padres, quienes le pidieron buscar la palabra ‘pasión’ en la Encarta. Las tres definiciones que encontró eran: “lo contrario a la acción”; “la acción de padecer”; y “el sufrimiento de Jesucristo”.

“¿Después de leer esto, sigues preocupado por saber cuál es tu pasión?”, le preguntó su padre, y luego su madre intervino y le dijo algo que lo marcó para ser quien es hoy: “Obsesiónate con un problema, con un propósito. La pasión es un sentimiento muy volátil, no dependas de ella para vivir”.

Años antes, entre 1998 y 1999, la empresa cafetera de su familia había entrado en quiebra. Cuando se le preguntaba al padre de Juan David por qué había quebrado, respondía que se debía al bajo precio del café. Era tal la situación que aunque su hermana había tenido uno de los mejores Icfes del país, la situación económica no era suficiente para que estudiara una carrera.

El tiempo pasó, y una tía abuela de Juan David les dejó una herencia a su hermana y a él. Ella pudo palanquear su educación superior, y él decidió ir a estudiar inglés en Estados Unidos, donde encontraría que cada tres cuadras había un café en el que cobraban tres dólares por cada taza. “Lo primero que sentí fue rabia, recuerdo que llamé a mis papás ese día y les dije que no entendía por qué ellos no eran los dueños de Starbucks (risas)... de ahí surgió parte de mi obsesión personal y es descubrir por qué dejamos de ser prósperos como sociedad. Y entonces por eso empecé a meterme en el mundo del emprendimiento”, cuenta Aristizábal.

Hoy en día Juan David es administrador de Empresas del CESA. Ganó una beca Fulbright. Es educador, autor y desde hace 10 años emprendedor dedicado a crear proyectos, emprendimientos y a las causas sociales. En el año 2013 fue reconocido por la revista 'Forbes' como uno de los “30 menores de 30 años que está cambiando el mundo” y en el 2019 fue co-presidente del Foro Económico Mundial. Y hace dos semanas, el World Innovation Summit for Education (WISE) de la Fundación Qatar, la mayor plataforma en el mundo en apoyo y mejoramiento de la innovación, nombró a Juan David desde su sede en Doha (Qatar) como uno de los 19 líderes emergentes más importantes para la educación en el mundo.

EL TIEMPO conversó con Juan David.

¿Por qué no dejarse llevar por la pasión?

Depender de un sentimiento tan volátil como la pasión hace que muchas veces uno no se quiera levantar de la cama y buscar que las cosas se hagan. No dependas de un sentimiento como la pasión para hacer tu proyecto de vida. Esa fue una de las lecciones de vida que me dieron mis padres y yo digo que hasta el día de hoy me sirve para los días grises. Lo que me dijeron es “enamórese de un problema y a la hora de resolver ese problema se encontrará con momentos super aburridos pero también satisfactorios”. Creo que este país le mete demasiado la pasión para hacer las cosas. Yo no digo que sea malo, ni que no nos apoyemos en la felicidad ni en el entusiasmo, pero me preocupa que en nuestro lenguaje, nuestra narrativa cultural, tengamos la pasión como el centro de todo. Creo que hemos insistido demasiado en ser apasionados.

¿Cómo aprender a enamorarse de los problemas?

Con filosofía, con pensamiento crítico y con curiosidad. En vez de insistir a la gente que encuentre su pasión, vaya y conozca qué no y qué sí le gusta del mundo. Pregúntese por qué existe cierto problema y por qué ese problema es la causa de otro problema. Si uno lo ve desde el punto de vista de los emprendimientos, estos no están basados en la pasión sino en resolver problemas. Eso no significa que no haya gente que le guste lo que hace... Es totalmente distinto, pero cuando motiva la curiosidad de entender problemas también le pone contexto y hace que la educación valga la pena. Entonces la filosofía le ayuda a uno muchísimo, empezando por Sócrates, hacerse muchas preguntas. Y listo, si partimos de que tal cosa le apasiona: ¿por qué le apasiona? Y resulta que hay algo más que la pasión.

¿Y ya?

La segunda tiene que ver con la curiosidad, estudios han demostrado que los niños son genios en curiosidad pero van perdiendo esa habilidad porque les enseñamos la palabra imposible y resulta que la curiosidad es vital para que la gente encuentre un problema. Y la tercera es algo así como tener actitud de turista en la educación, es decir, salir a la calle, no quedarse en un libro, sino en el contexto donde ese libro vive.

Una obsesión suya es la generación del empleo juvenil, y justamente el proyecto con el que lo seleccionaron en Wise es principalmente con ‘Los Zúper’, que a grandes rasgos combina tecnología y educación para que los jóvenes encuentren empleo…

Sí, es fundamental la articulación de la educación con las necesidades laborales actuales para que se pueda así cerrar brechas socioeconómicas que afectan las oportunidades para los jóvenes en Colombia y América Latina. La cifra de desempleo en Colombia es muy alta: 18% tasa de desempleo juvenil en Colombia y a eso se suma que 60 % de jóvenes están en empleos informales.

En el desempleo hay muchos factores…

Hay que juntar todo lo que afecta a un joven cuando está estudiando y cuando se está formando. Partamos de la educación y de que a nuestros maestros les pagamos muy mal. Arranco por ahí porque los profesores son fundamentales en el desarrollo de habilidades técnicas y socioemocionales de un joven. Si uno empieza a solucionar eso, soluciona muchas cosas. La segunda tiene que ver con la construcción del capital social de nuestros jóvenes, es decir, enseñarles cómo construir su futuro. No saben de ofertas laborales, no saben crear redes de apoyo, no saben quién les puede dar información. Y esa es una construcción de capital social y va unida a una que para nosotros es muy importante: los mentores.

(Le puede interesar: La transformación de las universidades ante la pandemia)

Depender de un sentimiento tan volátil como la pasión hace que muchas veces uno no se quiera levantar de la cama y buscar que las cosas se hagan

¿En eso consiste Los Zúper?

Es una organización que educa en habilidades socioemocionales. Cada joven de Colombia debería tener un mentor, alguien que le guíe en la vida, lo inspire, lo retroalimente. Hay plataformas tecnológicas que lo permiten... El tercer problema del desempleo es que no se les enseña la practicidad: muchos salen del sistema educativo conociendo muchas cosas pero no saben cómo ponerlas en práctica.

Pero el sector productivo también tiene responsabilidad…

Desde el punto de vista empresarial hay varias cosas, la primera es que nos está faltando mucho espíritu emprendedor en el país. Los colombianos somos muy propensos a crear emprendimientos chiquitos para no tener jefe, pero no un emprendimiento escalable y grande. El otro reto es que necesitamos tecnificar, tenemos que ir a donde se utilice talento calificado y muchas veces las empresas no lo están encontrando, y muchos emprendimientos no están en los sectores que están creciendo... y por el otro lado el gobierno: desde el punto de vista fiscal, yo creo que hay que lograr que a los jóvenes se les pague por sus prácticas y por el otro hay reglas que no le permiten a los empresarios contratar gente, tienen que pagar un montón de requisitos.

Dice que una obsesión suya es saber por qué dejamos de ser prósperos...

Entender eso me ha llevado a encontrar tres caminos que parten de la separación entre pensadores y hacedores: espíritu emprendedor, educación y tecnología. Mi abuelo tuvo espíritu emprendedor durante un tiempo pero se dejó de alimentar el espíritu emprendedor, no se crearon nuevos productos, no pensamos distintas maneras de exportar... se siguió haciendo lo mismo. Y yo creo que ese espíritu emprendedor tiene mucho que ver con hacedores, con lograr ser más curiosos, los hacedores tiene que ver con preguntarnos cómo hacerlo mejor, es una habilidad de poner en práctica la creatividad, la invención, es hacer... Pero, no es suficiente. Por otro lado, nos faltó educación: mi papá ingeniero electrónico, mis tíos tuvieron una formación pero no nos formamos en comercio exterior, ni en agroeconomía, faltó formarse en nuevas habilidades. Entonces la educación se convierte en un factor importante entre pensadores y hacedores porque se necesita entrenar nuevas habilidades. Si uno no se forma en nuevas habilidades y no está en constante reaprendizaje pues es imposible pensar o hacer las cosas de mejor manera, y la tercera: el acceso a la tecnología. En el caso de nosotros, de mi familia cafetera, se quedó con la tecnología vieja, de los molinos, del secado y hoy el reto que se tiene es que cada vez se abre más la brecha en tecnología.

Bueno, pero ahí el sistema educativo tiene gran responsabilidad porque entrega conocimiento pero no cómo aplicarlo...

El mundo hay una obsesión porque la gente conozca cosas pero no como ponerlas en práctica. De ahí la importancia de meterle a la educación contexto, osea, lo que estoy aprendiendo para qué funciona. Entonces, creo que la educación tiene un dilema y es tener gente con todo el criterio y todo el conocimiento para vivir en una sociedad pero también con el espíritu emprendedor para poder actuar con ese conocimiento. Me gusta pensar que a la educación le falta es practicidad.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo 
En Twitter: @simongrma

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