Las universidades enfrentan la enfermedad del costo: Alejandro Gaviria

Las universidades enfrentan la enfermedad del costo: Alejandro Gaviria

El rector de los Andes habló con EL TIEMPO sobre su nuevo reto profesional. Entrevista.

Alejandro Gaviria

Alejandro Gaviria, exministro de Salud, nuevo rector de Uniandes.

Foto:

Universidad de los Andes

Por: Educación/Vida
29 de mayo 2019 , 11:10 a.m.

Hace un año, casi para estas fechas (era el 31 de mayo), la mayoría de los actores del sector salud invitaron a Alejandro Gaviria para rendirle un homenaje de gratitud.

La cita fue por la noche, en el Salón Monserrate del Hotel Tequendama. Sobre la tarima, los organizadores habían dispuesto un sillón cuyas proporciones más bien parecían las de un trono y, a pesar de las apariencias, le resultaba incómodo.

Allí, tensamente sentado al borde del cojín, como quien se siente usurpando una silla que no le corresponde, escuchó varios discursos halagadores.

La tensión se rompió poco después, cuando sus hijos, Mariana y Tomás, aparecieron en el escenario y fueron sometidos a preguntas que dieran respuesta a la faceta más familiar y relajada posible del homenajeado.

Una de las preguntas fue formulada a Tomás, quien ya para entonces era una celebridad. Unos meses atrás, durante la visita del papa Francisco, había declarado espontáneamente en la radio que su mayor deseo era que a su padre, que para entonces estaba sometido a un tratamiento contra el cáncer, se le acabara "esa hijueputa tos".

Alejandro Gaviria es de los que aquellos que, como mecanismo de defensa, consideran que las cosas que se desean profundamente en realidad son improbables. Estrategia de triple propósito: evitar la ansiedad, prevenir la decepción si las cosas no salen o sorprenderse cuando se vuelven hechos.

Pero esa noche Tomás, otra vez, cometió una imprudencia delatora: le preguntaron cuál era el mayor deseo de su papá en la vida, y él contestó, sin advertir el bajo perfil con que su padre manejaba los sueños, “ser rector de la Universidad de los Andes”.

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Muchos de los que han estado a su lado lo admiran por su nivel intelectual. Alejandro Gaviria es de esos conversadores que pasan de los versos de Jorge Luis Borges a las teorías de Charles Darwin sin trastabillar, o de los que pueden hablar de la historia del vallenato con la misma fluidez con que citan las ideas filosófico-económicas de John Stuart Mill.

La universidad de los Andes ha fichado a un intelectual que representa el pensamiento universal, un hombre que se desenvuelve con similares destrezas en las ciencias exactas, las ciencias sociales y las ciencias humanas. Nacido en Chile por accidente, pero paisa hasta el tuétano, el nuevo rector andino siempre ha sido un estudiante inquieto y sobresaliente.

Gaviria habló con EL TIEMPO y explicó cómo las universidades pueden atraer a más estudiantes, y lo que significa para él ser el nuevo rector de la Universidad de los Andes.   

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¿Ser rector de una universidad era uno de sus sueños?

Había dicho recientemente que no tenía grandes aspiraciones profesionales, que mi deseo era aportar desde la educación. Ese deseo se me cumplió con creces. Pasaron casi 30 años desde el momento en que pisé la universidad por primera vez, como un ingeniero desubicado que quería reinventarse, hasta el momento de mi nombramiento en la rectoría. Un hecho improbable, casi increíble, pero aquí estoy.

La universidad no atrae tantos jóvenes como antes, ¿qué va hacer frente a eso?

El cambio en los mercados laborales y la misma ubicuidad del conocimiento (las clases de todos los temas disponibles para todos en internet) representan un desafío para todas las universidades.

Las mejores van a prevalecer. Pero deben transformarse. Tienen que mostrar, por ejemplo, que el aprendizaje requiere una conversación permanente, que la cercanía a profesores y estudiantes es clave, que la reflexión general sobre el propósito de lo que hacemos es invaluable. Las universidades deben ir más allá de la simple acumulación de conocimientos prácticos.

El cambio en los mercados laborales y la misma ubicuidad del conocimiento (las clases de todos los temas disponibles para todos en internet) representan un desafío para todas las universidades

¿Los Andes es una universidad privada, la educación que brinda es diferente a la pública?

Creo que esas diferencias se han sobrestimado. Las mejores universidades privadas tienen más similitudes que diferencias con las mejores universidades públicas.

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Se habla de crisis económica en la universidad, ¿cómo separar el negocio de ser fuente de saber en estos centros?

Las universidades enfrentan lo que los economistas llamamos la "enfermedad del costo": Un crecimiento tendencial de los costos por encima de los ingresos. Es un problema global, complejo. No tiene una solución única. Requiere atención permanente. Pero no creo que se trate de una gran crisis. Las universidades necesitan, por supuesto, ser sostenibles. Pero este es un objetivo intermedio que no debe afectar sus objetivos fundamentales: la formación, la investigación, el pensamiento crítico, el cuestionamiento del status quo, etc.

Las universidades se han venido diversificando socioeconómicamente. Hoy son más conscientes de ese problema. Las becas son más comunes, pero todavía insuficientes

Usted habla de inclusión de cerrar brechas y de equidad como principios básicos de una sociedad, ¿cómo aplicarlos en un país en donde la educación es uno de los sectores más inequitativos y excluyentes?

Las universidades se han venido diversificando socioeconómicamente. Hoy son más conscientes de ese problema. Las becas son más comunes, pero todavía insuficientes.

No es fácil conciliar los objetivos de investigación, formación de calidad e inclusión. Hay que diversificar ingresos. Buscar formas innovadoras de financiación. Tener más inversión estatal. Esta es una tarea de todos. No es un asunto solamente de unas pocas universidades.

Hay gente que lo ve como un tipo muy liberal,  ¿no cree que sus posturas frente a Dios, el aborto, la eutanasia, la marihuana medicinal, entre otros, espante a las familias a la hora de matricular a sus hijos en los Andes?

Por supuesto que no. Los Andes es una universidad plural, donde coexisten muchas visiones del cambio social. Yo no vengo a imponer ninguna idea. Pero seguiré, eso sí, expresando lo que pienso. Creo en la urgencia de sociedades más abiertas, incluyentes y solidarias.

Su opinión sobre el impacto en estudiantes y universidades como los Andes sobre el final del programa Ser Pilo Paga y la llegada de Generación E.

Apenas estoy en proceso de empalme. Mirando los números. Entendiendo los nuevos desafíos. Las evaluaciones de Ser Pilo Paga son muy positivas. Hay debate necesario sobre los problemas fiscales y de equidad. Ese es mi tema. Escribí un libro sobre educación y movilidad social hace varios años. Ya tendré la oportunidad de pronunciarme al respecto.

Usted en un comienzo fue renuente a apoyar la ley que elevó la salud al rango de derecho fundamental y luego se convirtió en uno de los defensores más radicales de este precepto; ¿cree que la educación en Colombia debería transitar por el mismo camino?

La salud es un buen ejemplo de los beneficios y los problemas de la judicialización de los asuntos sociales. La única respuesta sensata a esa pregunta sería "depende de los detalles". Yo creo en la coherencia y le temo a la institucionalización de las promesas de difícil cumplimiento.

¿Cree que la universidad es el espacio donde podemos resolver la polarización, donde se reconozca que hay razones éticas y válidas en cada una de las orillas?

Es uno de los espacios, no el único por supuesto. Debe dar ejemplo de tolerancia, de virtudes republicanas y de respeto a las opiniones de los otros. También debe ir más allá de la indignación superficial o el cinismo indiferente que caracterizan muchos debates actuales.

Usted dice que la universidad es el espacio para decir verdades incómodas. Si lo pensó, es porque ya tiene una verdad incómoda que decir. ¿Cuál sería esa verdad?

Voy a mencionar tres tomadas de mi último libro 'Siquiera tenemos las palabras':

La corrupción no se combate entregándoles más poder a unos pocos que parecen más interesados en el espectáculo que en la verdad. 

Tenemos que recuperar el sentido de la tragedia. Hay problemas sociales que no tienen una solución definitiva. Hay catástrofes imprevisibles e inevitables. 

La manipulación demagógica del bienestar de los niños es cada vez más frecuente y más ruin. Detrás de ese discurso oportunista suelen esconderse las pretensiones totalitarias de políticos extremistas. 

Carlos Francisco Fernández R.- Asesor Médico EL TIEMPO
Camilo Peña Castañeda -Redactor Educación

REDACCIÓN VIDA DE HOY

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