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Emblemático edificio de EL TIEMPO ahora es del campus del Rosario
Edificio El Tiempo

El 30 de enero de 1961 se inauguró el edificio de EL TIEMPO en la avenida Jiménez con carrera 7.ª, diseño del arquitecto italiano Bruno Violi

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EL TIEMPO

Emblemático edificio de EL TIEMPO ahora es del campus del Rosario

La construcción diseñada por el arquitecto Bruno Violi fue la sede principal del diario hasta 1978.

EL TIEMPO inició su vida en esa esquina en 1911, en una edificación de la época que luego, en 1961, fue transformada por el arquitecto italiano Bruno Violi en un referente urbano para el país.

Aunque en 1978 EL TIEMPO trasladó su sede a la avenida Eldorado con carrera 69, seguía atendiendo allí asuntos de interés. De hecho, Citytv, filial de esta casa editorial, nació en esa esquina y estuvo allí hasta hace un par de semanas.

La Universidad del Rosario, que nació en 1653 muy cerca de ese edificio, adquirió la icónica edificación de EL TIEMPO hace unos meses, la cual será ahora un centro académico.

A lo largo del tiempo, esta joya de la arquitectura ha sido testigo de situaciones que son parte de la memoria colectiva que nos define como sociedad.

Esta arquitectura, que hizo parte del conjunto de edificaciones de la modernidad, cambió la imagen urbana colonial del centro de la ciudad, visibilizó una idea de progreso y desarrollo para la nación.

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EL TIEMPO inició su actividad en una casa localizada en el parque Santander. En los primeros años, de la mano de la familia Villegas, el diario avanzó en el uso de máquinas de impresión, que poco a poco fueron delineando la arquitectura de sus instalaciones.

Al principio, el diario se imprimía en las mismas máquinas que producían la Gaceta Republicana. Posteriormente, se adquirieron imprentas propias y se ampliaron las instalaciones, que pasaron por dos espacios diferentes: una en el parque Santander y la segunda sobre la calle 14, en el antiguo edificio de la Bolsa de Valores.

En 1913, la familia Villegas vendió el diario a Eduardo Santos Montejo, quien asignó la dirección periodística a su hermano Enrique Santos Montejo ‘Calibán’.

En 1918 fue incorporado el sistema de composición en linotipo, que posibilitó la impresión en una rotativa Dúplex y permitió un tiraje de más de diez mil ejemplares de ocho páginas. En 1926 se adquirió una segunda máquina, que imprimía quince mil periódicos de 24 páginas por hora, y en 1928, la empresa aérea Scadta, hoy Avianca, llevó en avión por primera vez a Barranquilla el diario.

Este crecimiento exigió que la arquitectura fuera adaptada, y en 1936 fue construido el primer edificio dedicado al periódico, sobre la avenida Jiménez, en el predio contiguo a la casa de Eduardo Santos (entre las carreras 6.ª y 7.ª). Esta construcción reunía la planta de producción y las oficinas en un eje de mucha importancia, por cuanto allí se instalaron las instituciones del Estado, la banca y empresas privadas. Era la esquina más importante del país.

En ese momento, la dirección del periódico fue asumida por Germán Arciniegas, quien luego fue reemplazado por Roberto García-Peña ‘Áyax’, el 1.º de abril de 1939. La década de los cuarenta dejó una huella imborrable en la historia de Bogotá con el asesinato, en esta esquina, del líder del Partido Liberal Jorge Eliécer Gaitán. El Bogotazo, como se recuerda, llevó a una ola de violencia de casi una década, que luego migró a otros tipos de confrontación y que aún hoy no hemos podido superar.

EL TIEMPO y la Universidad del Rosario coincidieron desde sus orígenes en la misma cuadra y han forjado desde allí una buena parte de la historia del país

Esta época, entre los años 1949 y 1957, tuvo consecuencias graves para el periódico, pues fue cerrado durante la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, en 1955. No obstante, mantuvo funcionando su planta de producción y siguió publicando el diario, pero bajo el nombre de Intermedio.

Para 1957, Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez firmaron el Pacto de Sitges y Benidorm, en el que se acordó gobernar el país de forma bipartidista y que se conoce como el Frente Nacional. Ese año, el periódico EL TIEMPO reanudó su publicación.

En 1958, para la celebración de los 50 años de existencia del periódico, Eduardo Santos encargó el diseño de un nuevo edificio al arquitecto italiano Bruno Violi, graduado de la Escuela Superior de Arquitectura de Roma en 1928.

Con una experiencia que incluía el diseño del edificio del Ministerio de Obras Públicas y su condición de profesor en las facultades de Arquitectura de la Universidad Nacional y la Javeriana, Violi proyectó el edificio bajo criterios que incluían espacios para linotipos y para el funcionamiento del diario.

Integró detalles propios de la arquitectura de estilo racionalista, desde su implantación y volumetría, desarrollo de terrazas y fachadas con revestimientos en placas de piedra, con fuertes vetas que hacían parte de la composición, con puertas y ventanas corredizas que caracterizan la esquina; sistemas de circulación vertical con acabados interiores en vestíbulos por cada piso y la construcción del sótano que albergó la rotativa Goss Headliner, con una capacidad para imprimir 50.000 periódicos por hora, lo hacían único.

El 30 de enero de 1961 se inauguró el edificio de EL TIEMPO en la avenida Jiménez con carrera 7.ª, que integró el predio de la Compañía Colombiana de Tabaco y el antiguo edificio del diario. Para ese momento, los edificios del Banco de la República, la Gobernación de Cundinamarca, la iglesia de San Francisco y los sótanos de la Escuela de Arte Dramático en el mismo entorno consolidaron una esquina de alto valor cultural.

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La primera parte de la década de 1970 trajo la pérdida de los dos hermanos Santos. Enrique Santos Montejo murió el 28 de septiembre de 1971, apenas cuatro días después de escribir por última vez su ‘Danza de las horas’. El expresidente Eduardo Santos Montejo falleció el 27 de marzo de 1974.

Al no tener hijos que le sobrevivieran, Eduardo Santos dejó el legado a sus sobrinos, Hernando y Enrique Santos Castillo, quienes quedaron a cargo de administrar la empresa periodística, el primero como subdirector y el segundo como editor general.

En 1978, EL TIEMPO trasladó su planta a la avenida Eldorado con carrera 69, a un edificio diseñado por el arquitecto Germán Samper, y dejó algunas oficinas en el centro de la ciudad.

Un espacio compartido

Otro gran hito de ese entorno lo constituye el Claustro del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, que desde el siglo XVII, con su labor de formación y producción de conocimiento, le da a este sector de Bogotá identidad propia.

El claustro dio luz a una vida intelectual que trascendió sus aulas e integró los antiguos cafés referente en la historia social, cultural y política de Colombia. El Colegio Mayor del Rosario, fundado en 1653, conserva construcciones de gran importancia para nuestra sociedad, como la capilla de la Bordadita, el Claustro Colonial y Republicano o la Casa Rosarista.

Desde sus orígenes, la universidad ha sido cimiento para la construcción de lo que hoy es la república. Ha sido líder durante 366 años en la formación de hombres y mujeres en diversas disciplinas del conocimiento, como ciencias naturales, medicina y derecho.

Durante décadas se habló del Rosario como cuna de presidentes. Hernando Santos Castillo y Enrique Santos Castillo (director y editor general de EL TIEMPO), sobrinos de Eduardo Santos, fueron alumnos de la Facultad de Derecho del Rosario.

Con una carga de memoria histórica asociada a la construcción de la nación, por siglos a las dos instituciones las ha unido esta proximidad y ambas han contribuido en procesos que llevan a acercar las visiones de la sociedad con las perspectivas de las instituciones del Estado. Este diálogo ha ayudado a identificar situaciones que merecen ser tenidas en cuenta al momento de plantear políticas públicas que nos definen como una sociedad equitativa.

El periódico informa sobre situaciones que aquejan a la sociedad, orienta y genera opinión a lo largo y ancho del país; mientras, la universidad forma, investiga, profundiza e innova en el conocimiento y da respuesta a las necesidades que tenemos como sociedad.

En 1958, para la celebración de los 50 años de existencia del periódico, Eduardo Santos encargó el diseño de un nuevo edificio al arquitecto italiano Bruno Violi

Estos procesos se daban en aulas, salas de redacción, en la famosa esquina, en el corredor de la carrera 7.ª y la plazoleta del Rosario, donde era posible expresar ideas. Hoy, en el siglo XXI, estos espacios globalizados e incluyentes integran las tecnologías y el mundo virtual, consolidando nuevos espacios públicos que recogen ideas y proyectan en el tiempo formas de materializarlas.

EL TIEMPO y la universidad coincidieron desde sus orígenes en la misma cuadra y han forjado buena parte de la historia del país. Los dos son guardianes de la institucionalidad y conservan a través de su arquitectura los diferentes periodos de construcción de Bogotá.

La nueva alianza

La nueva alianza se gestó los últimos años y se volvió más estrecha con el trabajo de los equipos de la Universidad, liderado por el rector Alejandro Cheyne, y de EL TIEMPO, orientado por el entonces director Roberto Pombo.

Ellos construyeron una sinergia entre las dos instituciones y, a través de la Oficina de Contribución a los Grandes Debates, ahora convertida en el Centro de Diálogo Nacional, han puesto sobre la mesa, de manera conjunta, el examen de la agenda pública del país.

La comunión de intereses por el bien del país en este análisis de los asuntos que inquietan a los colombianos, única razón que ha guiado su labor, condujo a que la universidad adquiriera el emblemático edificio de EL TIEMPO.

El resultado de esta sinergia fue que en los espacios donde estuvieron por décadas los periodistas informando, ahora habrá estudiantes y profesores investigando en laboratorios. También, gracias a esta comunión de intereses, EL TIEMPO no se irá definitivamente de su edificio emblemático, sino que seguirá ahí para continuar examinando desde el Centro de Diálogo Nacional los grandes temas nacionales, de manera conjunta.

Esta comunión de razones abre espacios de cooperación y diálogo, en los cuales la arquitectura de Violi vuelve a agrupar y contener visiones de mundo que permiten identificar y apropiar multiplicidad de perspectivas desde las ciudades hasta las regiones apartadas, visibilizando comunidades culturales que dan cuenta de nuestra diversidad como nación.

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Esta esquina vuelve a representarse como un centro de diálogo multivocal, desde donde el reconocimiento y el vínculo entre sociedad y Estado permiten trazar lineamientos para la toma de decisiones de forma responsable.

Con una tradición desde el conocimiento y la información, fortaleciendo reflexiones y diálogos alrededor de la construcción de nación y de su proyección hacia el futuro, esta fusión permite que en ella confluyan miradas incluyentes e influyentes para el fortalecimiento del Estado y de nuestra sociedad.

Por eso, hoy 26 de marzo, cuando el edificio de EL TIEMPO reabre sus puertas a la academia, a estudiantes y profesores, el rector del Rosario, Alejandro Cheyne, y el nuevo director de EL TIEMPO, Andrés Mompotes, serán los encargados de cortar la cinta inaugural de esa nueva era.

Los dos líderes y sus instituciones tienen el propósito de trabajar, desde la formación y la información, por un mejor país. Por una Colombia próspera, innovadora y en paz. Desde esta esquina tan llena de historia seguirán juntos, como lo han estado por siglos, sirviendo a los colombianos.

LILIANA BELTRÁN BELTRÁN 
​*Arquitecta restauradora
Especial para El Tiempo

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