El payanés de 17 años que inventó manilla para salvar vidas

El payanés de 17 años que inventó manilla para salvar vidas

Tras el preinfarto de su abuelo materno, Juan David Hoyos se lanzó a crear el artefacto médico.

Juan David Hoyos

En un laboratorio de robótica de la Universidad de los Andes, Juan David se siente en su elemento.

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Sophia Rodríguez Pouget

Por: Sophia Rodríguez Pouget
19 de diciembre 2019 , 10:15 p.m.

Con tan solo 17 años, Juan David Hoyos Hurtado se proyecta como una de las promesas de la robótica colombiana. Este hijo del Cauca representa la otra cara de un departamento que requiere tanto la atención de sus problemáticas como el impulso de sus fortalezas.

Nacido en Popayán, hijo único de Claudia Hurtado Pino, una madre comunitaria Fami del ICBF reconocida por su enorme carisma y calidad humana, y de Carlos Hoyos Paz, electricista y conductor ejemplar de valores sólidos, es campeón regional de robótica desde los 15 años y creador de un dispositivo médico que está llamando la atención de diversos expertos en desarrollos tecnológicos: la manilla inteligente para prevenir muertes por fallas cardíacas HKALD-3.

Cuando habla, uno se lleva la sensación de estar frente a un señor sabio y reposado, que al tomar un micrófono se transforma en un conferencista de las grandes ligas.

Callado, reservado, de pocos amigos, Juan David dialoga con seguridad y observa detrás de sus gafas a ver si su interlocutor le sigue el hilo, aunque como buen ‘centennial’ le cuesta trabajo escuchar atentamente sin dejar de mirar la pantalla de su celular.

Mientras su mamá trata de resumir en pocos minutos todo lo que han tenido que vivir con él desde niño, Juan David la interrumpe constantemente para ir –como él prefiere– despacio, metódicamente, enumerando en orden cronológico lo que ha sido su trayectoria de niño inventor, pues a su corta edad ya tiene toda una biografía digna de contar.

Por momentos parece demasiado tímido, absorto, casi ausente. Pero esa característica del temperamento de los genios es la contracara de este joven adelantado, noctámbulo, que crea, produce e inventa en las noches, mientras en las madrugadas duerme unas pocas horas para cumplir juiciosamente con su formación escolar de jornada vespertina en el Centro Educativo Empresarial Comfacauca de Popayán, donde acaba de recibir su título de bachiller.

“Cuando era niño era muy difícil para nosotros como padres adaptarnos a sus horarios. Toda la noche lo escuchábamos por ahí despierto, trabajando frente al computador, desarrollando proyectos, inventando cosas o componiendo música. A veces hasta teníamos que pedirle relevo a mi mamá a las cinco de la mañana, para alcanzar a descansar nosotros un poco, antes de ir a trabajar”, comenta su mamá.

“Lo curioso es que en el colegio –dice su padre– era un alumno aparentemente normal, sin notas excepcionales, pero en casa veíamos que tenía áreas de interés y capacidades muy puntuales que desarrollaba por fuera de la jornada escolar. Un día, cuando tenía 9 años, nos dimos cuenta de que venía compitiendo a través de internet y ganaba concursos nacionales sin que nos diéramos cuenta. Ahí empezamos a ponerle más atención y empecé a acompañarlo en sus participaciones y a colaborarle caseramente en la construcción de sus prototipos”.

Así ganó el Concurso Nacional de Competidores en Línea de Paletas Drácula, y a los 11 años se aficionó a la robótica, por lo que, pese a las muchas dificultades económicas, sus padres lo inscribieron en unos modestos cursos del Parque Informático de Popayán, donde buscaban mover un brazo robótico para una muestra. Juan David logró hacerlo. Desde ahí empezaron a convocarlo a diversas exhibiciones.

Luego, logró otros cursos en la empresa informática Cluster CreaTIC y desarrolló con ellos algunos proyectos que le dieron visibilidad a nivel regional.

En la noche lo escuchábamos
por ahí despierto, trabajando frente al computador, desarrollando proyectos, inventando cosas o componiendo música

“Desde muy niño –comenta Juan David– he tenido pasión por el estudio, curiosidad científica, deseo de aprender cosas nuevas y vocación de inventor. Soy autodidacta en programación y robótica, e incluso aprendí en solitario música y culinaria. Interpreto diversos instrumentos como guitarra, piano, teclado, ukelele, caja de ritmos, y compongo música, especialmente lo-fi, rock alternativo y pop”.

No pasa día sin que a las seis de la tarde disfrute de un choco cono bajo los majestuosos atardeceres de la ciudad blanca, y no cambia por nada saborear una chuleta apanada mientras escucha la música de Gorillaz.

“A los 15 años, con ayuda de mi padre, construí un robot seguidor de línea que llamé el Robot Gabo 1, hecho artesanalmente en madera –dice–. Durante el proceso, en la tienda donde compraba los componentes electrónicos, me invitaron a participar en el Primer Megatorneo de Robótica del Cauca, en mayo de 2018, en Popayán, y obtuve el título de campeón en la categoría seguidor de línea júnior.

Esto me acreditó para participar en los torneos de Bogotá, Pasto y Ambato (Ecuador) de ese año. Por falta de recursos no pude asistir a los dos primeros, pero sí al de Ecuador –la Copa Utabot 4– gracias al apoyo de familiares y de amigos. Ahí representé a Colombia y obtuve el tercer lugar a nivel internacional, acreditándome para concursar en Rumania y México, pero de nuevo la dificultad económica me impidió competir allí en 2018”.

Ese mismo año, con unos compañeros, participaron en un programa concurso impulsado por Canal 13 de Bogotá con una camiseta capaz de medir parámetros del corazón y controlar el ritmo cardíaco.

“Esa vez quedamos en sexto lugar, porque al parecer en el mundo ya existía un invento similar, por lo que mis compañeros prefirieron no continuar. Yo decidí seguir adelante solo, con una nueva idea: la creación de la manilla HKALD-3, un dispositivo similar a un reloj inteligente que monitorea el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y previene fallas cardíacas. Su nombre significa ‘heart, hope y help’ (corazón, esperanza y ayuda). Las demás letras las incluí en honor a los integrantes que se retiraron de nuestro equipo inicial. Hoy mi proyecto está siendo reconocido y se encuentra en fase de prototipado”, apunta el joven inventor.

La idea del dispositivo le surgió cuando su abuelo materno, quien vive solo, sufrió un preinfarto, recuerda. “Una vecina que pasaba lo auxilió y pudo recibir la atención necesaria. Pero esto me hizo pensar en crear algo que ayudara a las personas, en especial de la tercera edad, a recibir pronta atención ante una falla cardíaca. En Colombia esta población es de cerca del 10 por ciento de los habitantes, más de cuatro millones de personas, que en su mayoría viven solos y son susceptibles de sufrir problemas cardíacos. De esa realidad y de lo vivido en mi familia, me surgió la pregunta de qué podía hacer yo. La diferencia de mi manilla con otros dispositivos es que, tan pronto detecta la falla, emite una alerta a una central de ambulancias, o a un amigo o familiar predeterminado, permitiendo recibir atención oportuna”, señala.

Sobre el estado y objetivo de su invento explica que por ser de aplicación médica, su desarrollo busca prevenir muertes y brindar una herramienta que mejore la calidad de vida de quienes sufren fallas cardíacas, facilitándoles atención oportuna.

El alcance implica consolidar el prototipo, patentarlo, que pueda ser usado masivamente por la población que lo requiera, e incluso sensibilizar a las entidades gubernamentales para que lo incorporen en los programas de salud y campañas de prevención de afecciones cardíacas. En la actualidad, la fase de prototipado muestra resultados satisfactorios y se han hecho lanzamientos de prueba de mucha acogida en el público”.

El pasado mes de septiembre, Juan David representó a Colombia en el Robot Rumble 4, evento internacional de robótica que se realizó en México. Pudo asistir gracias a recursos recaudados en un bingo familiar y al apoyo de un empresario payanés. Allá compitió con cincuenta jóvenes de excelencia y se destacó entre el grupo de mejores de la robótica juvenil mundial.

A su regreso, la Fundación Elic, organizadora del 10.º Congreso Mundial para el Talento de la Niñez, realizado en octubre pasado en Colombia, lo invitó.

Su conferencia llamó mucho la atención por su invento, su capacidad expositiva y su carisma personal. “Para mí fue muy importante. Estoy muy agradecido con los organizadores y con un reconocido docente y consultor que patrocinó mi viaje a Bogotá. Sin esa ayuda me habría sido imposible asistir”.

Gracias a esta participación, el joven inventor fue invitado al Concurso de Robótica Móvil Unrobot XII, organizado por el Comité de Estudiantes de Ingeniería Mecatrónica de la Universidad Nacional de Colombia y la Sociedad de Robótica y Automatización (Ceimtun-ras), que se realizó en noviembre pasado en el campus de la Nacional.

En esa ocasión, estudiantes de todos los niveles educativos y máximas destrezas en robótica se encontraron para competir en diversas categorías, como seguidor de línea escolar, robot sumo escolar, seguidor de línea velocista, seguidor de línea multinivel, carrera de drones, entre otras.

Hoy, pese a las dificultades y limitaciones económicas, Juan David dice que su sueño es estudiar Mecatrónica o alguna carrera afín con mi vocación. “Mi deseo es aportar nuevos avances tecnológicos y desarrollar muchos inventos e ideas de innovación que tengo en beneficio de la sociedad”, anota.

Y anticipa que ya está creando y trabajando con unos amigos en nuevas aplicaciones que serán muy útiles en campos como el transporte y la movilidad, entre otro. “Pero es fundamental –agrega– lograr apoyo, porque los desarrollos tecnológicos requieren muchos recursos e inversión. Este es un llamado también a las personas o entidades que puedan apoyarnos para hacer realidad todo esto”.

SOPHIA RODRÍGUEZ POUGET
Especial para EL TIEMPO

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