El hombre que dice sin tapujos lo que significa ser un privilegiado

El hombre que dice sin tapujos lo que significa ser un privilegiado

Leopoldo Fergusson habla de las desigualdades y de las voces sin posibilidad de expresarse.

Leopoldo Fergusson

Leopoldo Fergusson se graduó de economista en los Andes, 2002, con la distinción ‘magna cum laude’;

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

Por: Myriam Bautista
05 de abril 2019 , 10:04 p.m.

‘Los privilegiados somos a veces ciegos frente a nuestros privilegios’ fue el titular con que se conoció su intervención, en la que este profesor de los Andes contó que había estudiado en el MIT, en Harvard y en la Universidad de Chicago, hasta los 31 años, para demostrar su condición de afortunado. Estancias y años que poquísimas personas pueden acreditar en su hoja de vida, sobre todo en nuestro medio.

Ese discurso, que reprodujo El Espectador en la edición digital del domingo 17 de marzo, se hizo viral. En esa página hubo varios comentarios de felicitación y otros que lo criticaban y tildaban de populista. A Fergusson le ocurrió otra cosa. Así lo contó: “Lo más especial del premio fue la reacción que generó. Mucha gente se acercó a expresarme su admiración, a decirme que teníamos visiones similares, que compartíamos ideas, que mi discurso los había inspirado. También recibí múltiples correos con mensajes muy honrosos”.

Esta distinción se la entregó la Fundación Juan Luis Londoño de la Cuesta, en ceremonia que tuvo lugar en Fedesarrollo; un premio compartido con su amigo, compañero de estudios y colega Juan Fernando Vargas, quien hizo un discurso que tituló ‘La apertura democrática no funciona sino con protección de las nuevas fuerzas políticas’.

Fergusson, durante veinte minutos, cosió la historia de su vida, la biografía resumida de sus primeros 40 años, con esas investigaciones y trabajos por los que ha sobresalido, con la solvencia de un escritor curtido y con la honradez de un demócrata de pies a cabeza.

“Fui la sexta promoción de uno de esos oasis de excelencia que tiene este país, similar a algunos pero distinto del que pueden conocer la gran mayoría de estudiantes colombianos. De allí agradezco muchas cosas, pero sobre todo que el aplicado (no solo el matón, el indisciplinado o el rico) también podía ser admirado…”.

Entonces relató los asesinatos de jóvenes de sectores sociales bajos que siguen sin verdad, sin justicia, sin reparación. Se preguntó ‘si los jóvenes de Soacha y de otros sitios del país asesinados y mostrados como guerrilleros caídos en combate hubieran sido estudiantes de los colegios de la Uncoli (Unión de Colegios Internacionales de Bogotá), ¿qué creen que hubiera pasado en el país?’ ‘¿Conservaría el Presidente su puesto?’ ‘Y, si no su puesto, ¿su popularidad?’ ‘¿Pueden creer siquiera que esto podría pasar en Colombia?

Este episodio conocido como ‘falsos positivos’, palabras que tacha porque fue un fenómeno verdadero, que no tuvo nada de positivo, lo refiere cada vez que puede porque muestra otra cara de la desigualdad en esta sociedad. “Me parecía un recordatorio importante ahora que discutimos cómo vamos a enfrentar la verdad y la memoria”, advirtió.

‘Las pescas milagrosas’, otro eufemismo utilizado sobre esa práctica producida en este conflicto que ha disminuido pero sigue sin acabar, es señalada por Leopoldo Fergusson como “un horror criminal que se disfraza con palabras que banalizan el delito”.

‘Las pescas milagrosas’, otro eufemismo utilizado sobre esa práctica producida en este conflicto que ha disminuido pero sigue sin acabar

Una de las frases finales de su plática fue: “Este mundo de los que asistimos a esta ceremonia es muy chiquito. Tenemos que agrandarlo. Colombia ha logrado dar pasos enormes, pero falta, y mucho”.

Leopoldo Fergusson se graduó de economista en los Andes en 2002, con la distinción magna cum laude; un año más tarde, su tesis de grado de maestría fue seleccionada como la mejor en el premio Juan Luis Londoño-Andes.

El año pasado, en este periódico, en su columna sabatina ‘La derrota de los economistas’, Carlos Caballero Argáez escribió: “Leopoldo Fergusson promovió la semana pasada la firma de una carta al Congreso solicitándole eliminar de la Ley de Financiamiento cerca de nueve millones de pesos en exenciones que no solamente atentan contra la equidad, sino contra el recaudo tributario”. Y el profesor Caballero, economista de la vieja guardia, introdujo así su comentario: “Las nuevas generaciones de tecnócratas, que por fortuna renuevan la sangre en el partido de los economistas, están muy bien preparadas y son posiblemente más exigentes que las anteriores”.

“Esta carta surgió, dice Fergusson, de unos compañeros del Observatorio Fiscal de la Javeriana. No obtuvimos respuesta alguna. Como fui uno de sus impulsores más visibles, se me adjudicó su autoría”. Fergusson utiliza con frecuencia el plural porque considera, y así lo subrayó en su discurso, que “no hay logro personal, especialmente en la academia, que no sea una conquista colectiva”.

Escribe de manera permanente en el portal electrónico La Silla Vacía. Pero su tribuna más preciada es sin duda la cátedra, porque conecta con esos jóvenes que, aunque no de manera unánime comparten sus apreciaciones, lo admiran por su inteligencia, su capacidad para explicar con sugestivos argumentos los fenómenos económicos que invariablemente relaciona con la ciencia política. En esas oportunidades, los debates son ineludibles, pero siempre dentro del respeto, así las ideas sean antagónicas.

“En mis clases, cada estudiante sostiene sus posiciones con la mayor libertad. Gente a la que estimo, pero con la que estamos profundamente en desacuerdo, no pierde puntos por defender sus puntos de vista. En la academia, y en la vida social, familiar, se debe aprender a convivir con los distintos, intercambiar opiniones sin estigmatizar ni reprobar”.

La dupla

Fergusson se siente orgulloso de ser economista. En algún momento de su vida se le ocurrió que podía llegar a ser escritor por unos cuentos que remató con fortuna y fueron premiados, pero desechó rápidamente esa idea. Y, cuando entró a estudiar su pregrado, estuvo tentado a hacer el programa doble con ciencia política, pero se quedó con la economía. Sostiene, eso sí, que “no hay elección en la vida que no implique algún costo, o que no hay almuerzo gratis, decimos los economistas”.

“Bien o regular desde mi campo de economista, me he acercado a los problemas sociales, estudio estos temas con la ayuda de muchos colegas de ciencia política. Los economistas políticos, más que explicar cómo mejorar el mundo, explicamos por qué anda tal mal y lo difícil que es cambiarlo”.

Con su colega, y uno de sus mejores amigos, Pablo Querubín escribió el libro 'Economía política de la Política Económica', que se lanzó en la pasada feria del libro; un texto de estudio en su facultad que devoran quienes buscan llegar a las ligas mayores de esta profesión.

Su profesor, mentor y amigo James Robinson, reconocido economista inglés que hace su vida académica en Estados Unidos, les escribió una “bella introducción”, como la califica Fergusson.

“No se me ha ocurrido la idea de ser líder político, o por lo menos hasta hoy. Quiero seguir haciendo lo que hago.
Varios intentamos hacer nuestro aporte al debate público; a veces no se nos oye y en otras ocasiones logramos resonancia. Es lo que pasó con mi discurso. Tuvo eco. Ha sido difundido, y eso me complace”.

Como académico, investigador, docente, hay áreas en las que es especialista. En algunas oportunidades lo llaman de los medios para que hable sobre problemáticas que no le son tan cercanas y se niega. No lo entienden, ya que abundan personas que pontifican en esos espacios mediáticos, día de por medio, sobre lo que sea.

De su discurso derivó en opiniones sobre asuntos capitales. “La desigualdad no solo es económica, sino que se da en ámbitos diversos. Hay voces que valen mucho más que otras, y no siempre están referidas al trabajo que la persona desempeña. Mucha gente trabaja a diario para salir adelante, pero no tiene posibilidades, o muy pocas, para expresar lo que piensa”.

“El papel de la Comisión de la Verdad y de la Justicia Transicional es muy importante en esta etapa de nuestra historia”.

La inclusión

Le pregunto al profesor Fergusson si no considera “inocuas” cruzadas como la de la emisora La W en favor de algunos jóvenes de la costa Pacífica para que estudien en los Andes, y él responde:

“No creo que sea inocuo. Es una oportunidad enorme para quienes han sido o serán seleccionados. Estamos trabajando con una piscina de talento, habiendo un mar de personas que lo merecen. Se debe relevar también que es importante que nos mezclemos con personas diferentes en cultura, gustos, maneras de pensar. Gente de la que uno puede aprender, y mucho. No creo que ninguno de los becados diga ‘no voy a estudiar allá porque no son iguales a mí’. Los que terminen el programa, de seguro, lograrán destacarse.

“Pero esa no puede ser la política pública de la educación en Colombia. Tampoco, programas como Ser Pilo Paga, que no es sostenible por ser muy costoso, aunque ha tenido buenos resultados para esos poquísimos que obtuvieron becas”.

Leopoldo Fergusson Talero es un tipo silencioso, hasta un poco tímido, se podría decir, pero con gran talento para comunicar,
para escribir con una prosa elocuente agudos análisis, para reírse y hacer reír a los demás con apuntes irónicos, inteligentes, incisivos sobre asuntos muy serios.

Anda feliz, emocionado y muy orgulloso de su hijo de 10 meses. Resiente que por la naturaleza de su trabajo ha dejado de lado la literatura. La última novela que leyó fue Los divinos, de Laura Restrepo. “Mi pluma se ha endurecido a punta de escribir informes muy académicos”.

MYRIAM BAUTISTA
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