Las niñas son las que más sufren de presión social

Las niñas son las que más sufren de presión social

La experta Lisa Damour habla en su libro sobre cómo guiarlas en un mundo que las presiona y fatiga.

Presión social

El estrés y la ansiedad solo son un problema, recalca la psicóloga, cuando se cruza el umbral de la normalidad, los sistemas fisiológicos se colapsan.

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Por: Sofía Beuchat - El Mercurio (Chile) - GDA
14 de marzo 2020 , 10:59 p.m.

Lisa Damour lleva 25 años trabajando con niñas y adolescentes en colegios en Estados Unidos. Hace diez notó un cambio. Hace cinco se alarmó. En su consulta, esta psicóloga graduada con honores en la Universidad de Yale y autora de una columna sobre adolescencia en ‘The New York Times’ constató que los tradicionales problemas de la niñez y la adolescencia –como la relación con los padres y la búsqueda de identidad– se habían ido complejizado y multiplicado tan rápido que las niñas comenzaron a colapsar. 

Vio a muchas alumnas totalmente sobrepasadas, incapaces de lidiar con la alta exigencia académica, los estereotipos inalcanzables (“ahora, además de lindas, tienen que ser ‘power’ ”, dice) y el poco respeto, por parte de sus pares masculinos, al desarrollo sano de su sexualidad. Un coctel que las ‘inseguriza’, estresa y lleva su ansiedad a límites nunca antes vistos.

Pero Damour también observó con atención a los padres de esas niñas. Y notó que ellos han sido poco capaces de transmitirles calma y entregarles herramientas para ayudarlas a caminar de pie, seguras de sus propias capacidades para enfrentar nuevos desafíos. Esto la preocupó aún más. Y ahora arremete con ‘Under Pressure’, libro en el que comparte su propia experiencia como madre y profundiza sobre las causas de los altos índices del estrés en las niñas, además de proponer caminos por seguir para aliviarles la carga.

La experta asegura que antes, las niñas consultaban, por ejemplo, sobre problemas con las amigas, el ‘bullying’, los trastornos alimentarios. Estaban creciendo con todo eso, que es causa y a la vez fuente de más estrés, sin que los adultos tuvieran mucha conciencia de ello, hasta que el asunto empezó a salirse de control. Hoy, ser una mujer implica enfrentarse al juicio de otros sobre cómo hablamos, cómo nos vemos, etcétera, y eso es una presión muy grande cuando estás creciendo –dice–.

Culturalmente, les hemos enseñado a las mujeres a llevar las frustraciones en sí mismas, de modo que colapsan por dentro.

La psicóloga explica que los expertos en salud mental siempre han observado mayores índices de estrés y ansiedad en las mujeres que en los hombres. Atribuye esto a cómo a las niñas se les ha enseñado a encerrarse en sí mismas, a guardarse las cosas, lo que se vincula con síntomas depresivos, mientras que a los niños aún se les enseña a arreglar los problemas. Así, mientras que ellas tienden a deprimirse, ellos suelen expresar sus dificultades y vacíos a través de, por ejemplo, problemas conductuales.

(Lea también: El empoderamiento de la mujer cuestiona reinados de belleza)

“Culturalmente, les hemos enseñado a las mujeres a llevar las frustraciones en sí mismas, de modo que colapsan por dentro, mientras que en los niños se espera que saquen la rabia hacia fuera. Esto hace que, aunque ellos también pueden sentirse ansiosos o depresivos, sus índices en este sentido sean menores”, explica, y comparte algunas cifras en esta línea, que están en su libro: el 31 por ciento de las niñas reconocen sentir síntomas de ansiedad, mientras que solo el 13 por ciento de los niños dicen experimentarlos. El porcentaje de niñas que dicen sentirse frecuentemente nerviosas, asustadas o preocupadas saltó en un 55 por ciento entre 2009 y 2014, mientas que entre los adolescentes hombres el porcentaje se mantuvo intacto.

Seguridad vacía

La sociedad de hoy es, sin duda, particularmente exigente con las mujeres. Si bien se han liberado en muchos aspectos, dice Lisa, el peso que sienten sobre sus hombros está lejos de aliviarse. Sienten presión por cumplir con estereotipos físicos (tienen que ser lindas), intelectuales (tienen que destacar y rendir) y también emocionales (tienen que ser equilibradas y nunca perder el control).

“Los estudios muestran que las niñas, como grupo, se preocupan más sobre sus resultados en el colegio y sienten más apremios por no decepcionar a sus padres y profesores. Esto no es del todo irracional: su ingreso al mundo laboral y público es más reciente, lo que hace que sientan que tienen que demostrar su capacidad”, explica la psicóloga.

Les han enseñado a ser ‘perfectas’, pero el resumen ‘perfecto’ termina siendo el menos útil para lograr sus objetivos.


Pero, advierte, su manera de responder a esto no es la más adecuada: tienden a estudiar muchas horas, pero de manera poco eficiente. Van repetidamente sobre la materia y hacen coloridos resúmenes con códigos de colores, que tal vez son útiles en la primera infancia, pero pronto quedan obsoletos porque toman horas en hacerse pero finalmente no ayudan a una mejor comprensión y retención de los contenidos. Les han enseñado a ser ‘perfectas’, pero el resumen ‘perfecto’ termina siendo el menos útil para lograr sus objetivos. Y cuando sienten que los resultados académicos no se condicen con el tiempo invertido, muchas comienzan un ciclo negativo de ansiedad que les nubla su capacidad de ir enfrentando el problema.

Los efectos del acoso

En el caso de las adolescentes, los altos índices de estrés y ansiedad tienen también una causa que, dice Lisa, suele ser pasada por alto: la normalización del acoso.

En entrevista con ‘USA Today’, Damour afirma que “las niñas están enfrentando acoso sexual a niveles que los adultos de hoy nunca enfrentaron”. Recuerda una investigación reciente de la American Association of University Women en la cual se mostró que las niñas que están en los ‘high school’ (de primero a cuarto medio) se ven afectadas a diario por conductas inapropiadas de sus compañeros hombres.

Esto va desde hacerles bromas con contenido sexual hasta tratar de tocarlas o alcoholizarlas para abusar de ellas.

SOFÍA BEUCHAT
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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