Del Liceo Lunita, en Chía, a ver la Luna en la Nasa, en EE. UU.

Del Liceo Lunita, en Chía, a ver la Luna en la Nasa, en EE. UU.

Elizabeth Barrera les enseña a sus alumnos que, en la vida, no hay metas imposibles de alcanzar.

Elizabeth Barrera

El método de enseñanza de Elizabeth Barrera en su colegio de Chía se basa en explotar las ciencias y las artes.

Foto:

Iván Valencia

Por: Andrea Carolina Tapia Godoy
31 de mayo 2020 , 01:01 a.m.

El Liceo Lunita es la materialización de los últimos 20 años de trabajo de la profesora Elizabeth Barrera. Está enfocado en brindar educación de calidad con eventos, viajes, intercambios culturales y conferencias dictadas por personajes reconocidos a nivel mundial.

Uno de sus objetivos es llevar a los muchachos a una excursión de último año. Con cada curso, ella acuerda el destino, las actividades que harán y el tiempo de estadía. El primer viaje fue en el 2012, cuando el colegio graduó la primera promoción: “Yo quería lo mejor para el Liceo y para mis niños, empezamos a buscar recursos e hicimos un viaje de inmersión de dos meses a Canadá”, señala.

Gracias a la autogestión, a los convenios que ha conseguido y a los eventos que realiza, han ido también a Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Italia, Austria, Turquía y China. Ella les ayuda a organizar todo y con rifas, juegos, ventas de artesanías y obras de teatro contribuye con una parte de los costos del viaje.

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Son muchos los recuerdos que ha acumulado en estos años. Sin importar el país al que vayan, lo primero que empaca en su maleta son los elementos de la cultura local (tejidos, trajes muiscas y café colombiano), porque el objetivo de los viajes es hacer un intercambio cultural. A cada lugar al que van bailan, cantan, hablan en lenguaje muisca y ofrecen comida típica colombiana.

Así logró llevar a sus estudiantes a la Nasa. “La primera visita fue con los chicos del 2016. Acordamos ir a Orlando, ellos se imaginaron los parques temáticos, pero no podíamos perder la oportunidad y fuimos a la Nasa”, cuenta.

Para este año, el destino era Israel. Ya estaban organizando todo, pero tuvieron que suspenderlo por la pandemia. Sin embargo, eso no la detuvo; antes de que se iniciara la cuarentena, empezaron a fabricar gel en los laboratorios de química y cuando no pudieron seguir con las clases, instaló los computadores del colegio en las casas de los niños para asegurar que todos tuvieran conectividad.

También hizo acuerdos de pago: “Los papás están haciendo caretas y tapabocas, de ahí salen los recursos, nos ayudamos entre todos”, comenta Barrera.

Además, para cuidar la salud mental de los niños, está haciendo clases virtuales de rumba, concursos en familia y talleres de artes. La idea es motivarlos, estimularlos y que no se cansen de las actividades de siempre.

Elizabeth extraña tener a los niños en el colegio: verlos correr, emocionarse cuando aprenden algo nuevo y jugar con ellos. Hace todo lo posible para que disfruten en sus casas como en las aulas. Mientras tanto, está adecuando el lugar con todos los protocolos de bioseguridad y una cabina de desinfección.

Ella fundó el colegio, inicialmente, como un jardín infantil enfocado en las artes, y ya lleva 20 años innovando en el municipio de Chía, Cundinamarca.

Elizabeth comenta que su madre jugó un papel importante en su vida. “Mi mamá comprendió lo que el arte era para mí, pero no alcanzó a ver mis sueños, mis viajes. Ella quería que yo fuera azafata, que aprendiera muchas lenguas y que conociera el mundo”, recuerda.

Mi mamá comprendió lo que el arte era para mí, pero no alcanzó a ver mis sueños, mis viajes. Ella quería que yo fuera azafata, que aprendiera muchas lenguas y que conociera el mundo

Aunque ella no pudo ver todos los logros de su hija, Elizabeth siempre tuvo sus objetivos muy claros, y su esfuerzo ha sido tan visible que ha estado nominada al Premio Compartir al Rector, que reconoce el trabajo de los educadores.

“Sueño con que algún día no tengamos que cobrar la educación, que no tengamos que pensar en el dinero nunca y que podamos dar educación de calidad para todos, una educación buena, chévere, en la que los niños disfruten, en la que puedan estudiar porque quieren, porque están motivados, y no porque los obligan”, agrega.

De cara a las estrellas

En 2018, mientras terminaba la maestría en Educación, Elizabeth conoció a Michael Lester, gerente de la Asociación de Transferencia de Tecnología de la Nasa, quien visitó el país para conformar un grupo de diez maestros que trabajaran con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEAM, por su sigla en inglés), y quedó seleccionada para tomar un curso. Ahí, dice, se dio cuenta que sus alumnos podían llegar a trabajar con científicos de nivel internacional: “Volvimos a la Nasa, aprendimos mucho, tomamos un curso con ellos y ahí surgió un convenio con un grupo de astrobiología en Colombia para que los mejores estudiantes estén dos meses en algunos de los institutos; así empezó el proyecto de ‘El corredor científico de la sabana’, con el que llevamos científicos a los municipios y a las regiones”, cuenta.

Sueño con que no tengamos que cobrar la educación y que podamos dar educación de calidad para todos, una educación buena

El corredor científico empezó este año con la visita de Seth Shostak, astrónomo del Instituto Seti, en California, cuya misión es explorar, comprender y explicar el origen, la naturaleza y la prevalencia de la vida en el universo; como es usual en el colegio, aprovecharon su presencia para mostrarle el resguardo indígena de Chía, fue un encuentro entre lo ancestral y la ciencia.

Esta parte es fundamental en las clases del colegio, han participado en competencias de cubo de Rubik, en el Lego League y en concursos de robótica; sus eventos son tan exitosos que el año pasado invitaron al turco Melik Duyar, un récord Guinness en memoria y cálculo mental que promueve el entrenamiento cerebral y la alfabetización.

Esta emprendedora ha utilizado la educación como una herramienta con la que quiere enseñarles a los niños que pueden cumplir todo lo que se propongan: “Este proyecto está enfocado en acabar con la desesperanza aprendida, como yo lo hice, como mi mamá me enseñó”.

Su trabajo es tan significativo que ha trascendido la vida de los estudiantes y de sus familias. Camilo Caldas, exalumno de la promoción del 2013, la considera una segunda mamá porque impulsó su carrera como productor musical.

ANDREA CAROLINA TAPIA GODOY
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

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