El secreto para frenar el deseo consumista de los hijos en Navidad

El secreto para frenar el deseo consumista de los hijos en Navidad

Una madre encontró la forma de calmar a su hija cuando aparecían las pataletas por los regalos.

Compras en Navidad

Es importante enseñarles a los hijos que la Navidad no es solo regalos, sino compartir en familia, agradecer y también dar desde el afecto.

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iStock

Por: Laura Reina - La Nación (Argentina) - GDA
21 de diciembre 2019 , 10:10 p.m.

Hace unas semanas Kristina Watts, una mamá norteamericana, compartió en sus redes sociales la “fórmula mágica” para frenar los deseos consumistas de Emie, su pequeña hija, en Navidad. Su ‘posteo’, afirma, es un intento de ayudar a todos los padres y madres del mundo que en esta época lidian con el mismo problema que ella: “Todo lo que ve lo quiere”, un clásico que para los niños parece nunca pasar de moda.

¿En qué consiste su fórmula mágica? Watts lo explica: “Cuando tu hijo se pare en el centro comercial ante cada juguete que desea, escucha lo que te dice. No le digas no, porque esta negativa suele ir acompañada de enfrentamientos, llantos y discusiones. Una vez acabe de hablar, saca el celular y le dices: ‘Voy a hacerte una foto con este juguete y se la vamos a enviar a Papá Noel para que te conozca y sepa que lo quieres’. Se la puedes enviar a los abuelos, a los tíos o a los Reyes Magos. O simplemente guardarla en tu celular. Da igual. Lo importante es que tu hijo se quede tranquilo. Mágicamente, Emie sonríe. Pide ver la foto. Luego coloca el juguete en su lugar y se va. Es mágico. No hay lágrimas. No hay berrinches. Y ella se olvida de todo en minutos”.

Muchos usuarios que vieron y compartieron el ‘posteo’ celebraron y agradecieron el consejo de Watts y prometieron ponerlo en práctica; otros tantos, en cambio, la trataron de cruel y banal. Más allá de los antagonismos que generó el consejo de Watts, la técnica que ella recomienda no hace más que abordar un problema universal: cómo frenar el deseo consumista de los niños (aunque también se traslada a los grandes, claro) en plena Navidad.

(Lea también: Cuatro ideas ecológicas para envolver regalos de Navidad)

Para Vanesa Gómez, psicopedagoga especialista en crianza y educación y miembro de Positive Discipline Association (PDA), la idea de esa mamá norteamericana no está muy alejada de lo que ella misma aconseja hacer para apaciguar el deseo irrefrenable de consumo. “Es importante transmitirles a los chicos que todos los deseos son válidos. Pero eso no significa que vayan a concretarse. Cuando surja un pedido, decirle que van a agregarlo en la carta para Papá Noel. Eso servirá para frenar el ímpetu del momento y bajar la ansiedad –recomienda–. Al escribir la carta, decirles que le vamos a poner todo lo que deseamos, pero aclararles siempre que Papá Noel elegirá una o dos cosas de esa lista. ¿Cuáles? Seguramente, las que considere que son mejores para cada chico. Y si hay desilusión, acompañarlos. Pero, en general, los chicos van a estar contentos”.

Más allá de la carta, Gómez asegura que hay muchas instancias previas para evitar que los niños asocien Navidad únicamente con recibir regalos. “Por esta época es constante el bombardeo mediático. Todas las publicidades están dirigidas a ellos; por eso, lo primero que habría que hacer es intentar bajar el nivel de exposición, apagar la tele, sacarles la ‘tablet’ y jugar más con ellos –plantea–. Otra cosa importante es tratar de transmitir el sentido que para esa familia tiene la Navidad, que no solo es recibir regalos, sino estar juntos, recordar que nos queremos. Y también propiciar el dar más que el recibir. Que ellos se involucren en campañas solidarias y tengan algo para ofrecer a quien quieran: pueden ser galletitas que hayan hecho, o adornos. Lo que sea que puedan darle a alguien que elijan”.

Para la psicoanalista Susana Mauer, en cambio, es importante evitar las expectativas desmedidas y listar solo lo realmente deseado. “Lo primero es filtrar los estímulos. Y sacar el foco de que ilusión es sinónimo de paquete -propone-. El Papá Noel todopoderoso, capaz de satisfacer los pedidos de todos, parece una panacea en épocas de consumismo. Pero no es la realidad. Acaso hoy los únicos privilegiados a la hora del recorte son los niños, pero hay que tener coherencia y poner el foco en el encuentro y los afectos”.

Por su parte, el psicoanalista Juan Eduardo Tesone, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), sostiene que “culturalmente, lo esencial de la Navidad consiste en saber que se festeja el nacimiento de un niño, más allá que se crea o no en Jesús. El regalo, no tanto por el objeto en sí e independientemente de su valor mercantil, expresa que se pensó en ese niño que espera una demostración de afecto plasmado en el acto de dar y recibir. Más allá de que pueda existir un desfase entre lo esperado y lo recibido que genere cierta desilusión”.

Es importante transmitirles a los chicos que todos los deseos son válidos. Pero eso no significa que vayan a concretarse

Dar ejemplo

Aunque parece algo bastante obvio, no siempre es tenido en cuenta. El famoso ‘predicar con el ejemplo’ suele ser tan o más efectivo que cualquier otra técnica que se aplique. “Si los más chicos ven que por esta época los grandes compran y compran, claramente no están recibiendo el mejor ejemplo –sostiene Gómez–. Pero si están todos los otros condimentos como la conexión, la buena energía, los chicos aprenden a no poner el foco en los regalos”.

Más allá de que los mayores deberían dar el ejemplo, Joel Waldfogel, un economista de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), recomienda firmemente dejar de comprar regalos en Navidad. Autor del libro 'Scroogenomics', el especialista, en su libro 'Deseo consumido' (Sudamericana) reflexiona: “¿Cuántos de nosotros recibimos cada Navidad regalos que no nos gustan y cuántos hacemos regalos sin ninguna certeza de que vayan a gustar?”. La respuesta que el experto da es contundente. En los regalos desatinados, solo en Estados Unidos, se gastan unos 85.000 millones de dólares. “Es hora de que paremos con esta locura y pensemos dos veces antes de comprar”, plantea el economista.

Waldfogel afirma que, por más lindo y costoso que sea un regalo, quien lo recibe nunca le da el valor que realmente se pagó por él. Con frecuencia es menor. Si un presente costó 100 dólares, quien lo recibe estima que salió 90. Es decir, hay un desperdicio de 10 dólares.

Ese desperdicio era mayor si lo hacía un tío o un abuelo: ahí, la pérdida era del 40 por ciento. La conclusión a la que arribó Waldfogel es que ese acto de intercambiar presentes en Navidad destruía entre un 10 y un 30 por ciento el valor que se le asignaba a ese regalo.

LAURA REINA
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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