Aprenda a identificar si usted es un padre ‘buldócer’

Aprenda a identificar si usted es un padre ‘buldócer’

Se distinguen porque les allanan el camino a los hijos sin medir las consecuencias hacia el futuro.

Padres de familia

El diario ‘The New York Times’ reportó el caso de una persona que tras años de ser ultraconsentida en la comida por sus padres no pudo soportar la de la universidad y abandonó sus estudios.

Foto:

iStock

Por: Juana Libedinsky - La Nación (Argentina) - GDA
15 de febrero 2020 , 08:45 p.m.

Los ‘padres helicóptero’, es decir, aquellos que sobrevuelan con ansiedad por encima del hijo protegiéndolo en cada decisión y que fueron el gran tema de 2018, son muy... 2018. Ahora, quien quiera estar en la última en cuanto a pedagogía infantil y juvenil –y en la Gran Manzana, en Nueva York, eso quiere decir absolutamente todos– solo puede hablar de un concepto: los ‘padres buldócer’.

También llamados ‘padres ratrack’ en las zonas nevadas, o ‘padres aplanadora, retroexcavadora o cortacésped’ en las zonas urbanas, el concepto hace alusión a aquellos que van por la vida adelante de los hijos, allanándoles brutalmente el camino y removiendo cualquier obstáculo que pudieran encontrar. Obstáculos que incluyen, naturalmente, cualquier potencial fuente de frustración o desencanto.

Si bien el término existe desde hace años, que se esté discutiendo más hoy tiene mucho que ver con un famoso escándalo que tuvo lugar el año pasado, cuando se destapó, en la gran prensa de Estados Unidos, que estrellas de Hollywood, grandes ejecutivos, cabezas de megaestudios de abogados y presidentes de fundaciones habían hecho trampas burdas para que sus hijos pudieran entrar a universidades de prestigio, como Yale y Stanford.

(Lea también: La importancia de enseñarles a los niños a ser autónomos)

Algunos de los casos develaron cómo, a través de un complejo sistema de coimas, conseguían que otra persona diera los exámenes estandarizados en reemplazo de sus hijos, o que entraran en la plaza reservada para eximios atletas sin serlo. Las historias salieron a la luz por un empresario a quien se estaba investigando por otra causa y decidió ofrecer la información de esta red a la justicia estadounidense para así obtener una reducción de pena.

Los detalles que se publicaron de estos más de 50 casos son, literalmente, increíbles. Personas cultas, sofisticadas, comprometidas con causas sociales, que parecían ‘buldóceres’ rompiendo límites legales y éticos a toda máquina. Por ejemplo, hacían alterar digitalmente fotos de deportistas de élite en acción y reemplazaban sus caras por las de sus hijos en las carpetas que enviaban para ser evaluadas en el proceso de admisión a las universidades.

La actriz Felicity Huffman, famosa por la serie ‘Esposas desesperadas’, fue condenada a 14 días de cárcel, 250 horas de servicio comunitario y una multa de 30.000 dólares por pagar un soborno de 15.000 dólares para que su hija fuera admitida en una universidad de élite.

Pero el tema es mucho más profundo. ‘The New York Times’ contó el caso de una joven que abandonó la universidad porque no le gustaba la comida con salsas. Toda su vida sus padres la habían ayudado a evitar la salsa, llamando a la escuela para controlar el menú y a los amigos a cuyas casas iba de visita para evitar que se le mezclara salsa con la comida. En la universidad no supo cómo manejarse con las opciones que le daban –todas cubiertas en salsa– y no pudo seguir adelante.

Julie Lythcott-Haims, quien trabajada como decana de los alumnos de primer año de Stanford, contó que en la universidad veía estudiantes que daban por sentado que sus padres les armarían las salidas con sus nuevos compañeros como habían hecho toda la vida y que si no conseguían una pasantía deseada, simplemente se sentaban a esperar a que sus padres llamaran a los empleadores para quejarse y así torcer la decisión a su favor.

“La cuestión es preparar a los chicos para el camino y no el camino para los chicos”, declaró Lythcott-Haimsal a ‘The New York Times’. Pero a la salida de las escuelas, por estos días cada vez hay más personas con historias extremas de ‘padres buldócer’ para reportar. Entre los temas de este debate se encuentra una práctica bastante difundida que es conseguir que un médico particular certifique que un alumno tiene algún tipo de problema de aprendizaje y, con eso, que la escuela le otorgue un tiempo extra en los exámenes estandarizados de la secundaria.

La cuestión es preparar a los chicos para el camino y no el camino para los chicos

Demandas colectivas

¿Qué va a pasar en el futuro? El caso de los cincuenta ‘padres buldócer’ del escándalo en los medios sentó un precedente complicado, pues a sus problemas con el Departamento de Justicia se sumó la noticia de que distintos grupos de padres les iniciaron una demanda colectiva por la plaza que consiguieron para sus hijos con trampa y que fue negada a otros.

El asunto es que un graduado de una universidad de élite gana a lo largo de los años (en promedio) más que un graduado de una universidad menos prestigiosa. Y los padres con hijos con características que les hubieran permitido aspirar a una de estas universidades de élite y no entraron porque otros, con trampa, tomaron su lugar reclaman ahora las pérdidas que esto implicó para sus hijos. Y con mucha furia, porque el entrar en la universidad soñada es la razón de vida por muchos años no solo de los chicos, sino también (o posiblemente más) de muchos padres.

Pero la realidad es que en una sociedad extremadamente competitiva y en la que la institución donde se estudia sigue teniendo un valor simbólico y muchas veces económico desproporcionado, los ‘padres tigre’ (de moda hace unos años, basados en el estilo asiático de empujar y exigir excelencia a los chicos sin ningún miramiento hacia las tendencias más ‘blandas’ de Occidente) posiblemente seguirán rugiendo; los ‘padres helicóptero’ seguirán sobrevolando y los ‘padres buldócer’, allanando como sea el camino para sus criaturas.

Ante este panorama, las instituciones educativas están viendo cómo ayudar a los muchachos, que son los grandes perjudicados. Ofreciendo, por ejemplo, clases para lidiar con el fracaso. En el prestigioso Smith College, uno de los cursos más populares se llama Failing Well (‘Fracasar bien’). Este busca desestigmatizar el fracaso y a la vez fomentar la resiliencia. Si no cambian las presiones de la sociedad ni las de las familias, la idea es que los alumnos tengan la oportunidad de una experiencia de aprendizaje, y de vida, distinta.

JUANA LIBEDINSKY
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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