De acuerdo en estar en desacuerdo / De tu lado con Alex

De acuerdo en estar en desacuerdo / De tu lado con Alex

Creemos que solo hay dos formas de expresar nuestras convicciones: con insultos o con el silencio.

Pelea familiar

Se debe aprender a discutir con respeto y tolerancia. 

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123rf

Por: Alexandra Pumarejo
19 de septiembre 2018 , 09:55 a.m.

Una de las normas de etiqueta más reiterativas y claras se refiere a la ‘prohibición’ de hablar de política, religión y aficiones deportivas en una primera cita, en cocteles amenos o en reuniones de trabajo. Incluso, cuando las grandes familias acostumbraban comer juntas, se consideraba de mala educación mencionar estos temas en la mesa, pues, por ser ‘calientes’ y espinosos, podrían disparar emociones pasionales y conflictivas. Era preferible evitarlos, ya que quizá lograrían sacar la fiera que probablemente todos llevamos dentro.

Sin duda, tiene toda la lógica del mundo que evitemos hablar de asuntos que, es posible, generen algún tipo de conflicto con alguien a quien acabamos de conocer o causen malestar en un ambiente ameno.

Sin embargo, hoy les pregunto: ¿no será que todo este tiempo nos hemos enfocado en el tema de una manera equivocada? ¿No será que, acostumbrados a no hablar de ciertas cuestiones sensibles, perdimos la oportunidad de aprender a discutir con altura, tolerancia y tacto?

Al haber evitado la posibilidad de tener estas discusiones en ambientes sociales, estamos adoctrinados y creemos que solo hay dos maneras de expresar nuestras convicciones: con insultos agresivos o con el silencio. No hemos aprendido que podemos esbozar nuestras opiniones de una manera decente y con argumentos sólidos, sin menospreciar a nadie ni sintiéndonos menos por tener opiniones contrarias. Recientemente he escuchado demasiados casos de amistades estrechas o de relaciones familiares que se quebraron a causa de diferencias radicales en las elecciones presidenciales pasadas.

No hemos aprendido que podemos esbozar nuestras opiniones de una manera decente y con argumentos sólidos.

Personas ‘inteligentes’ decidieron que en vez de debatir sus posiciones de una manera civilizada y en calma, era mejor ‘cortar’ totalmente a una persona de sus vidas. No aguantaron que alguien muy allegado pudiera pensar y actuar de una manera distinta a ellos. ¿Dónde queda nuestra compasión por el otro? ¿Dónde queda el respeto por la individualidad del otro?

Hay un refrán que me encanta: “No puedes juzgar mi camino hasta que no hayas caminado en mis zapatos”. Es imposible saber cuál ha sido el camino recorrido por alguien si nos rehusamos a escuchar atentamente e intentar entender su punto de vista.

En últimas, podemos concluir estar de acuerdo… en seguir en desacuerdo. Pero por lo menos nos dimos la posibilidad de abrirnos a escuchar al otro con la misma atención que, ojalá, esa persona nos brinde a nosotros.

Cada día hay más temas ‘sensibles’ y debatibles en nuestra sociedad y cada día nos volvemos más apasionados y disponemos de más medios para defender nuestras convicciones. Sin embargo, si no aprendemos a discutir con altura, ¡todos terminaremos perdiendo la razón!

ALEXANDRA PUMAREJO@detuladoconalex

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