¿Por qué la ética es indispensable para supervivencia de democracia?

¿Por qué la ética es indispensable para supervivencia de democracia?

La filósofa Adela Cortina, quien recibió doctorado honoris causa de la UNAL, habló con EL TIEMPO.

Adela Cortina

Cortina explica que el individualismo olvida que ‘los seres humanos no somos individuos aislados, sino individuos en relación’ permanente.

Foto:

Cortesía Universidad Nacional

Por: Simón Granja Matias
28 de septiembre 2019 , 09:52 p.m.

Ninguna sociedad puede funcionar si sus miembros no mantienen una actitud ética, así como ningún país puede salir de las crisis que se le presentan si las conductas antiéticas de sus ciudadanos y políticos proliferan con total impunidad. Son múltiples, millones, los casos en los que la falta de ética ha sido la norma y en los que las consecuencias son del máximo calibre. Es por eso, dice Adela Cortina, por lo que la ética no solo sirve, sino que es una necesidad vital.

La destacada autora de obras como ‘Aporofobia, el rechazo al pobre’; ‘Un desafío para la democracia’ y ‘¿Para qué sirve realmente la ética?’ (entre otras) se ha consolidado como una autoridad en el campo de la ética, especialmente en España. Actualmente, es directora de la Fundación Étnor (para la ética de los negocios y las organizaciones), y en los últimos años ha liderado el análisis contemporáneo de filosofía política y ética aplicada, con lo que ha logrado volver a darle importancia a la ética en el campo de la educación.

Su cercanía con Colombia ha sido tal que hasta entre risas asegura: “Voy a pedir la nacionalidad colombiana”. Esa estrecha relación llevó a que el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional le concediera el doctorado ‘honoris causa’ por sus aportes en la ética y la equidad social, que la llevaron a acuñar la palabra ‘aporofobia’ para definir el desprecio social hacia los pobres.

Se premia el trabajo por la ética, algo nada fácil de hacer, pero sí muy valioso y necesario...

La ética es un asunto cada vez más actual, hoy en día hay más gente interesada en que se hable del tema y que nos la tomemos en serio, porque se han dado cuenta de que la ética es una necesidad social vital. Lo que se necesita es que se ponga en práctica, que se actúe éticamente. Un punto a resaltar en esto es que las sociedades cada vez son más democráticas, y una sociedad democrática necesita de la ética. En cambio, en una sociedad autoritaria o en una tiranía esto no se plantea de ninguna forma.

¿Por qué es tan estrecha esa relación entre ética y democracia?

En una sociedad democrática y pluralista, la ética es fundamental, porque si los ciudadanos no funcionan éticamente, todo pierde sentido. Es decir, si los ciudadanos y los políticos no son éticos, la democracia no funciona y viene a pasar lo que pasa en muchos lugares del planeta, donde hay países que al no funcionar éticamente, se están convirtiendo, lenta o aceleradamente, en tiranías.

Usted incluye la palabra ‘pluralista’...

En una sociedad democrática no hay una moralidad única, no hay una propuesta política única. Y el mundo necesita de la ética por diversas razones además de fortalecer las democracias. Por ejemplo, el desarrollo tecnocientífico está avanzando muy rápido, y es aún más necesaria una ética más clara para que la ciudadanía se pueda sentir más segura. Hay otro campo importante, las éticas aplicadas. Por eso ha nacido la bioética, la ética económica y empresarial, de la política, de los medios de comunicación. Todo esto porque es una necesidad, sin ética los puentes se caen, la ética está en todos los ámbitos.

Por un lado, se habla cada vez más de la necesidad de la ética, pero por el otro, las democracias parecen cada vez más débiles...

Efectivamente, la ética ha estado poco fuerte en varias democracias y eso conspira para que sean democracias más reales. En principio, se supone que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. En teoría (risas). ¿Qué pasa? El pueblo está mirando más sus intereses privados sin tener en cuenta el bien común. Si cada uno elige según sus intereses, pues sale lo que sale. Eso es una falta de ética, porque la política tiene que buscar el bien común, y los ciudadanos cuando votan tienen que pensar en el bien de todos.

Pero la realidad es que somos sociedades cada vez más individualistas...

Somos unas sociedades muy individualistas, y la gran trampa del neoliberalismo consiste en decir que somos individuos y que cada uno tiene que buscar su bien como mejor pueda, pero los seres humanos no somos individuos aislados, sino individuos en relación. El individualismo es falso, nos hacemos unos con otros. Y si cada uno piensa en su bien o en lo que cree que es su bien, no sé si es bueno para todos porque terminan surgiendo personajes como Bolsonaro, que en el corto plazo pueden a lo mejor favorecer los intereses de esos que los han votado, pero en el mediano y largo plazo producen bastantes males para todos.

¿Por qué se generó ese individualismo?

La modernidad es lo que se ha llamado la era del individuo. Es donde el individuo se da cuenta de que es diferente de la comunidad y que sus intereses a veces coinciden con el resto y a veces no. Esto tiene grandes ventajas, porque el individuo debe tener libertad de expresión, de asociación, de reunión, de conciencia; el individuo no tiene que disolverse en una comunidad, el individuo tiene su entidad y es una persona. En ese sentido, creo que fue un gran avance. Sin embargo, también están los grandes problemas de los que hemos hablado.

El pueblo está mirando más sus intereses privados sin tener en cuenta el bien común. Si cada uno elige según sus intereses pues sale lo que sale

¿Es el colectivismo la opción?

No, a ver, yo aborrezco el colectivismo. El colectivismo consiste en que el individuo se disuelve en la colectividad, y no me parece una buena solución. Yo tengo otra solución que es lo que llamamos el personalismo, que quiere decir que la persona, cada persona, es un individuo en comunidad, en sociedad, las personas estamos ligadas, nos reconocemos mutuamente, vivimos los unos con los otros, y la clave de una sociedad es la persona que es el individuo de una comunidad. Hay que salvar a la persona salvando a la comunidad, salvarlos a ellos para salvarme también a mí.

¿Cómo se puede llegar a esa idea del personalismo?

Se puede llegar, por una parte, a través de la educación, en las familias, en las escuelas, en las universidades, mostrando bien palmariamente que somos en relación y que no somos individuos abstractos. La educación es una ventana para ello.

La enseñanza de la ética, como mucho de lo que se enseña en los colegios, es muy teórica, algo lejana...

Mire, la ética debe ser una materia, nada de transversalidad, porque lo que es de todos no es de nadie. Tiene que haber una asignatura en la que un profesor que conozca el tema sea capaz de hablar con los alumnos sobre esos valores que nos parecen que son valiosos, como la libertad, la igualdad, la solidaridad, el diálogo, el respeto. Que sea capaz de hablar con ellos en voz alta y ver si les parecen valiosos para la vida cotidiana poniendo ejemplos, intentando ver cómo actuar bien en momentos concretos.

La ejemplaridad es una forma de educar, pero si una sociedad tiene, por ejemplo, líderes corruptos...

Efectivamente, la ejemplaridad es fundamental para la formación de la ciudadanía, eso está claro, pero también está claro que los medios educativos tenemos la posibilidad de hablar de unos valores y de unos principios que se pueden asumir y de esa forma poner en tela de juicio y criticar a esos líderes que no están actuando éticamente. No se puede decir: ‘Como hay líderes que no dan buen ejemplo, por eso todos somos mafiosos y corruptos’. Hay que tener capacidad crítica, hay que educar ciudadanos críticos.

¿Cómo erradicar ese dicho, que además se repite de generación en generación, de que ‘el vivo vive del bobo’?

Para eso están las escuelas y las universidades, para decir que eso no es verdad y que los seres humanos somos personas que vivimos en relación y que debemos tenernos en cuenta los unos a los otros.

Las virtudes ahora se ven como algo casi negativo y, al contrario, los seres inmorales parecen ser cada vez más ‘populares’, por llamarlo de alguna forma. ¿Por qué?

La palabra ‘virtud’ en griego se decía aretí, que quiere decir excelencia, el virtuoso es el que es excelente, y necesitamos personas excelentes para hacer una democracia, para que la educación prospere. Hay que recuperar el sentido de las virtudes porque con mediocres no se construye nada bueno. La mediocridad es letal para una sociedad.

¿La corrupción es justificable?

Ese es un debate muy antiguo. La corriente de los funcionalistas justifica la corrupción en determinados momentos, pero yo entiendo que la corrupción en Colombia es letal, que no se pueden llevar adelante una cantidad de proyectos precisamente por el nivel de corrupción que hay, y que no está necesariamente en los lugares más desprotegidos, sino entre las clases más elevadas y los políticos más reconocidos. Y eso no se puede justificar; eso para un país es mortal y le quita la esperanza a la gente de poder mejorar. Tomar medidas anticorrupción es de primera necesidad.

¿Hay una relación entre calidad de vida y ética?

La ética no se puede medir, pero hay distintos lados que tienen que ver con la ética: si una sociedad puede garantizar un mayor nivel de trabajo, mejor asistencia sanitaria, mejor educación... de alguna manera es una sociedad que tiene un mayor nivel ético.

Usted creó el término aporofobia (miedo a la pobreza) a partir de su análisis de los fenómenos migratorios. La xenofobia que se está generando en Colombia está relacionada con lo que usted dice...

El tema de las migraciones es uno de los más importantes en este momento sobre el tapete, pero tiene, a mi juicio, dos pasos: primero, hay que actuar en los países de origen para que la gente no tenga que marcharse de sus casas; por ejemplo, la migración que llega a Europa viene de países en guerra o de naciones africanas con tiranos que han hecho una serie de barbaridades impresionantes. Lo primero que hay que intentar es que la gente no se tenga que marchar de sus casas, eso pasa con el cambio climático, cuando la gente no tenga de qué beber, van a migrar. Y el segundo es que si no se resuelve en el origen, hay que practicar una política de hospitalidad bien organizada para que la sociedad receptora acepte bien a los que vienen de afuera.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.