Debate sobre el uso de íconos culturales en la moda

Debate sobre el uso de íconos culturales en la moda

Las colecciones de diseñadores a partir del trabajo artesanal con comunidades abren la disusión. 

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Chanel en 1994 incluyó versos del Corán en un vestido de alta costura.

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afp

Por: Camila Villamil
10 de agosto 2019 , 10:38 a.m.

El afán por innovar en la industria de la moda ha llevado a los diseñadores a cruzar los límites de la inspiración, muchas veces sin quererlo.

Marcas como Louis Vuitton, United Colors of Benetton e incluso celebridades como Kim Kardashian, con su nueva marca de ropa interior llamada inicialmente Kimono Intimates, han sido denunciadas recientemente por utilizar íconos culturales en la creación de sus nuevos productos.

A esta situación se le conoce como apropiación cultural, un concepto que ha ido ganando fuerza a raíz del activismo en las redes sociales.

La apropiación cultural es un término que hace referencia a utilizar creaciones y a adoptar usos y costumbres de una cultura que no es la propia, sin su autorización y con fines comerciales. En la moda se escucha desde hace décadas debido a que algunas de las marcas más reconocidas han tenido como inspiración el arte o ingenio de pueblos y culturas sin dar reconocimiento de origen, e incluso han tomado referencias raciales y religiosas que han resultado ofensivas.

Chanel

Chanel en 1994 incluyó versos del Corán en un vestido de alta costura.

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AFP

En 1994, Chanel incluyó algunos versos del Corán en un vestido de alta costura; para la primavera del 2004, John Galliano, en una colección para Dior, se apropió de símbolos egipcios vistiendo a sus modelos como faraones y, en el 2013, Jeremy Scott intentó ‘modernizar’ su propia versión del nicab (velo que cubre el rostro de mujeres musulmanas como parte de su vestido con hiyab).

En la mayoría de estos casos, inocentes o no, las consecuencias de la apropiación cultural han llegado, incluso, a iniciar procesos legales.
También hay ejemplos recientes.

Para la colección Resort 2020 de Carolina Herrera, su director creativo, Wes Gordon, tomó referentes de la cultura mexicana sin mencionar, en un principio, cuál era su inspiración. El Gobierno mexicano aseguró que no era inspiración sino copia y que no hubo intervención, participación, beneficios ni aceptación de las comunidades. Diferente fue cuando en el 2017 Christian Louboutin creó el mexicaba, un bolso con diseños aztecas realizados por artesanos de la península de Yucatán, quienes recibieron un porcentaje de los ingresos recaudados.

John Galliano

John Galliano, en colección para Dior, hizo uso de símbolos egipcios.

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Es permitida la inspiración siempre que se respeten los límites culturales y los conocimientos tradicionales

Según Julián Ruiz, abogado experto en propiedad intelectual y derecho del entretenimiento, “es permitida la inspiración siempre que se respeten los límites culturales y los conocimientos tradicionales, ya que puede considerarse de mala fe aprovecharse del nombre de una comunidad para la comercialización de un producto”.
Son varios los casos que México ha denunciado sobre cómo la moda está usando elementos de su identidad cultural en diferentes tipos de diseños, sin su autorización.

Lo mismo ha pasado en otros países como Perú, Guatemala, Panamá y Colombia, en donde existe una riqueza de trabajo manual y de técnicas ancestrales.

Cocreación para no caer en la apropiación

Con el objetivo de proteger la cultura y las tradiciones de comunidades indígenas, en Colombia se han presentado varios proyectos de cocreación de colecciones de moda entre artesanos y diseñadores destacados. Cuando se realiza este ejercicio, además de vincularlos en el proceso creativo, se dinamiza su actividad económica y se les da el reconocimiento por su trabajo.

Expectativa ha generado es la colección cápsula que está desarrollando la diseñadora estadounidense Donna Karan con el clan Ipuana de la ranchería Makú en La Guajira, para su tienda Urban Zen, que promueve la preservación de las culturas ancestrales y el consumo ético.

Adicionalmente, otro de sus propósitos es que las artesanías colombianas elaboradas por las mujeres wayuu lleguen a mercados internacionales.

Otro caso reciente es el de la colección de la marca Arkitect y Maestros Ancestrales, la cual rindió un homenaje a la tejeduría con chaquiras de los miembros de la etnia Embera Chamí en Pereira, Risaralda, compuesta en su mayoría por mujeres víctimas de violencia.

Según afirma Artesanías de Colombia en un comunicado, el proyecto, que estuvo bajo la dirección creativa de la diseñadora Renata Lozano, dejó un balance positivo. “Además de los 160 millones de pesos que obtuvo la comunidad artesana Embera Chamí vinculada a Maestros Ancestrales, Almacenes Éxito subastó piezas especiales en la pasarela de lanzamiento que dejaron 50 millones de pesos más a la misma comunidad.

A estos 210 millones de pesos recibidos por los artesanos se suma el récord en ventas de lanzamiento, dejando ver que la dupla artesanía– moda es un vínculo afortunado capaz de dinamizar la economía de los artesanos y demostrar que la industria de la moda también puede generar apuestas por la sostenibilidad a partir del sector artesanal”.

Camilo Villegas Guerrero, abogado y docente experto en fashion law, asegura que en Colombia “ya algunos diseñadores están ejecutando buenas prácticas en estos ejercicios de cocreación, como también lo hicieron Diego Guarnizo y María Luisa Ortiz con su marca SOY, la diseñadora Laura Laurens y el diseñador Juan Pablo Socarrás”. Sin embargo, dice Villegas, “por el contrario, hay otros que no han comprendido la dimensión y sí dan lugar a la apropiación cultural porque descontextualizan y no comparten la información correcta”.

En algunas ocasiones, los conocimientos tradicionales han logrado protección por vía de denominaciones de origen

¿Pero por qué algunas marcas caen en el error de la apropiación cultural, en lugar de hacer un trabajo con las culturas que les han servido como fuente de inspiración?

Expertos consultados coinciden con su respuesta: porque es más fácil en términos de costos y logística, o por simple desconocimiento.

En cuanto al área legal, en países como Colombia todavía no existe una protección establecida para los conocimientos tradicionales. “En algunas ocasiones, los conocimientos tradicionales han logrado protección por vía de denominaciones de origen, en cuyo caso una marca estaría violando dicha denominación si no está autorizada para producir un producto con esta protección.

En otros casos se ha logrado obtener protección de productos tradicionales a través del derecho de autor, por lo que podría incurrir en infracción al derecho de autor. Sin embargo, cuando no tiene estas protecciones, el riesgo es más reputacional, ya que lamentablemente las comunidades indígenas y afro aún no tienen una protección adecuada”, agrega Julián Ruiz.

CAMILA VILLAMIL
Para EL TIEMPO

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