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Vacunas colombianas: ¿estamos cerca?
Laboratorios UNAL

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Brandon Pinto/Unimedios

Vacunas colombianas: ¿estamos cerca?

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Los científicos colombianos también están trabajando en candidatas a vacunas contra el covid-19.

La rápida expansión del coronavirus en el mundo no solo transformó nuestras vidas. Aceleró la forma como se hace ciencia, agilizando procesos, como la secuenciación del genoma del virus en solo 11 días por parte del Centro Nacional de Datos Genómicos de China (NGDC, por su sigla en inglés), y también puso en evidencia el importante papel que puede jugar para la humanidad el trabajo colaborativo, al publicar el 12 de enero de 2020 esa misma información de forma abierta para que fuera usada como insumo para los investigadores en todo el globo.

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Para mí era obvio que nosotros, teniendo experiencia y pudiendo contribuir con soluciones

A esa primera secuencia genética le siguieron otras con el paso de los días y meses. En Colombia, la primera la obtuvieron los investigadores del Instituto Nacional de Salud (INS) en asocio con otras entidades. Por esos días, cuando llegaba esa información, científicos como el doctor José Manuel Lozano se preguntaban qué podían hacer con ella y con su experiencia de más de 30 años en diseño de vacunas, probablemente, como otros de sus pares a nivel mundial.

“Para mí era obvio que nosotros, teniendo experiencia y pudiendo contribuir con soluciones, debíamos hacerlo, esa fue nuestra motivación”, asegura este profesor de la Universidad Nacional, y aclara que habla en plural porque aunque él arrancó con este proyecto consolidando la información y haciendo los primeros diseños moleculares, pronto se encontró con aliados como la profesora Luz Mary Salazar, quien le abrió las puertas de su laboratorio en el Departamento de Química para poder producir los componentes sintéticos de su propuesta de vacuna colombiana.

“El diseño nos tomó más o menos unos 40 días”, explica el doctor Lozano, pero aclara que aunque parezca un tiempo corto, se trata de una difícil tarea en la que están invertidas décadas de experiencia de él y de la doctora Salazar en este campo del diseño y obtención de vacunas, en el que han trabajado con otras enfermedades transmisibles como la malaria y la leishmaniasis, y también la del profesor Jaiver Eduardo Rosas, químico farmacéutico que se vinculó al proyecto.

Después de los diseños, que se hacen en computador, procedieron a obtener los componentes necesarios para su propuesta de vacuna sintética. Un concepto que le mereció un premio Nobel al bioquímico Robert Bruce Merrifield por el desarrollo de un método simplificado y práctico de producir péptidos y proteínas en condiciones controladas en laboratorio y que empezó a ser aplicado en Colombia por el grupo del doctor Manuel Elkin Patarroyo.

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Siguiendo esta línea, el equipo del profesor Lozano tomó componentes o proteínas importantes que utiliza el virus en diferentes etapas de su ciclo vital, analizó la posibilidad de reproducirlos de manera artificial en el laboratorio, verificó que cumplían con condiciones de calidad necesarias, las formuló en un sistema adyuvante, que es aquel que ayuda a potenciar la respuesta inmune, y los administró en modelos de ratones para obtener información sobre la efectividad que podía tener cada componente de manera independiente y sus diferentes mezclas promisorias.

Hemos adelantado una gran cantidad de estudios preclínicos en modelos animales de experimentación, hemos hecho estudios a nivel de respuesta inmune y a nivel celular in vitro; esto quiere decir que no hemos tocado un ser humano. Lo que sí hemos hecho fue obtener alrededor de 1.500 sueros de personas con diferente grado de infección con el virus Sars-CoV-2 con los que logramos evaluar si nuestros componentes eran capaces de ser reconocidos por los anticuerpos que logró desencadenar el virus”, explica el doctor José Manuel Lozano.

Con ayuda del INS y de un laboratorio clínico asociado, los investigadores también tuvieron la posibilidad de realizar ensayos en los que expusieron a los ratones inmunizados con los componentes obtenidos como candidatos a vacuna a diferentes linajes del Sars-CoV-2 que circulan en el país. Encontraron que los anticuerpos que se estimularon en estos animales eran capaces de impedir que el virus los infectara, resultados prometedores también en materia del uso universal que se le quiere dar a este prototipo frente a las diferentes variantes del virus que han aparecido en el mundo.

Del prototipo a la realidad

No obstante los resultados positivos que los investigadores han obtenido en estos ensayos preclínicos, la carrera por convertir un candidato de vacuna en una realidad tiene un largo trayecto. El profesor Lozano explica que aunque ya vislumbran la posibilidad de hacer ensayos clínicos de fase 1 (las pruebas en humanos tienen hasta 3a y b), todavía les falta cumplir con algunos procesos para esto.

Para ellos, contar con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación sería fundamental si se quiere continuar con los avances. “Estos estudios son muy costosos, no es fácil en términos económicos conseguir financiación para ese tipo de experiencias porque valen mucho dinero, por eso nos toca ir paso a paso”, afirma el docente, quien, no obstante los progresos que ha visto en el proyecto, ha reflexionado que quizá pueda tratarse de una locura muy grande, algo utópico, o un ejercicio que puede quedarse en el ámbito de la academia.

Esto, a pesar de que, de acuerdo con sus estimaciones, su propuesta sintética no requiere de altas inversiones en términos de plantas de producción y formulaciones de los componentes que obtienen a partir de diferentes proteínas del virus, no solo de la popular Spike o espiga.

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“Fue y ha sido un reto importante a nivel conceptual y de salud pública, pero nos encontramos con las limitantes de la realidad. Primero, el país perdió su tradición en el desarrollo de biotecnológicos desde los años 80 y 90, cerró sus plantas de producción, los conceptos de vacunas sintéticas que empezó a generar el doctor Patarroyo por esa época nunca lograron consolidarse, no se logró avanzar con registros del Invima y con la regulación internacional”, manifiesta.

Poner al día a Colombia en el tema no solo de diseño de vacunas, sino de su producción a nivel industrial es el reto que asumirá VaxThera, la empresa que Sura presentó hace unos días, un proyecto que se dedicará a la investigación, desarrollo e innovación de biológicos y a la producción, importación y comercialización de vacunas en Colombia y América Latina.

La creación de esta nueva compañía tendrá una inversión proyectada en primera fase de 54 millones de dólares por parte de Seguros Sura Colombia. A su cabeza estará el doctor Jorge Emilio Osorio Benítez, profesor titular en el Departamento de Ciencias Patobiológicas de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Wisconsin, quien afirma que para el diseño y producción de vacunas se necesita del respaldo de una empresa.

Desde las universidades hacemos investigación en vacunas, pero una cosa es eso y otra el desarrollo del producto


“Desde las universidades hacemos investigación en vacunas, pero una cosa es eso y otra el desarrollo del producto, para conseguirlo se necesita toda una capacidad, un conocimiento y una infraestructura que no la tenemos en nuestro medio”, comenta el doctor Osorio, y añade que desarrollar eso en Colombia es lo que quiere hacer VaxThera.

La promesa de la compañía es tener para 2023 una vacuna de refuerzo contra del Sars-CoV-2, la cual está en fase de pruebas preclínicas. Un proyecto que se basa en el concepto de una vacuna recombinante que también están evaluando contra diferentes linajes del virus que produce el covid-19 para garantizar su efectividad contra ellos.
Un proceso que, según Osorio, adelantan bajo toda la normativa internacional con el fin de obtener una vacuna que no solo se apruebe para Colombia, sino para la región.

Una cuestión de soberanía

Lejos o cerca de conseguirlo, los investigadores colombianos que se han embarcado en esta travesía de las vacunas tienen una misma idea, aportar a que el país deje de lado su dependencia en esta materia y construya su soberanía científica, para lo que el apoyo del Estado será fundamental.

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La de la Nacional y VaxThera no son las únicas iniciativas que se adelantan en el tema en Colombia, aunque sí puede tratarse de las más avanzadas. Desde la Universidad de Cartagena, investigadores del doctorado en Toxicología Ambiental ya han diseñado su propuesta empleando herramientas de bioinformática y química computacional, gracias al apoyo que recibieron del Minciencias para el fortalecimiento de laboratorios, y en el Quindío, la gobernación firmó un acuerdo con el grupo Valentis para la creación de un centro de investigación y desarrollo de biotecnología aplicada denominado Quindío High Biotec, que espera también impulsar proyectos de vacunas virales.

ALEJANDRA LÓPEZ
Redacción Ciencia
@TiempodeCiencia

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