Scott Kelly, el hombre que vivió un año en el espacio

Scott Kelly, el hombre que vivió un año en el espacio

Puso su cuerpo para un estudio de las consecuencias para el humano de pasar meses en gravedad cero.

Scott Kelly, astronauta

Entre los cambios que se produjeron en el cuerpo de Scott Kelly, figura un crecimiento de cinco centímetros debido al estiramiento de su columna vertebral.

Foto:

Cortesía Nasa

25 de agosto 2018 , 10:20 p.m.

En el exacto momento en el que alunizó el Apolo 11, el 20 de julio de 1969, Scott Kelly tenía 5 años y estaba durmiendo tan profundamente como su hermano gemelo, Mark, en su casa en Nueva Jersey. Sus padres vinieron a despertarlos y los llevaron a la sala, donde un televisor transmitía en blanco y negro las imágenes de la hazaña: Neil Armstrong y compañía eran los primeros en pisar el satélite natural.

Desde entonces y durante años, el pequeño Scott tuvo una pesadilla recurrente: que estaba atado del lado de afuera de un cohete espacial a punto de despegar, y él sabía que no sobreviviría al momento de la ignición. “Cada vez que tenía esa pesadilla, me despertaba, sudando y aterrorizado, justo antes de que los propulsores lanzaran sus llamaradas”, relata Kelly, de 52 años, en su biografía ‘Resistencia: Un año en el espacio’.

Por esas vueltas de la vida, ese niño atormentado por el recuerdo de uno de los momentos claves en la historia de la humanidad (y que, además, tenía muchísimos problemas de atención en el colegio y no paraba de darles sustos a sus papás porque siempre andaba trepando algún techo peligroso junto a su hermano) terminó protagonizando otro hito de la exploración espacial: fue el primer astronauta de la Nasa en pasar un año en el espacio (aunque, en rigor, fueron 340 días, del 27 de marzo del 2015 al primero de marzo del 2016, y vale aclarar que no se lleva el récord mundial: ese lo ostenta, desde 1995, el ruso Valery Polyakov, con 438 días consecutivos a bordo de la estación espacial Mir.

La misión de Scott fue única por dos razones. La primera, porque el objetivo principal era estudiar lo que le pasaba al cuerpo humano en un período tan largo, con miras a una futura expedición a Marte (con la tecnología actual, llevaría unos 200 días llegar al planeta rojo). Y la segunda, porque su gemelo Mark, ¡también astronauta!, se quedó en la Tierra y fue tan monitoreado como él por la Nasa, para poder realizar comparaciones de todo tipo.

En total, la misión incluyó 400 experimentos, muchos de los cuales tuvieron a los hermanos Kelly como conejillos de Indias, y uno de los resultados preliminares más llamativos fue que la expresión génica de Scott cambió en un 7 % y él ganó cinco centímetros en altura porque su columna vertebral se estiró a causa de la ingravidez.

Aunque la Nasa planea publicar el informe final y completo a fin de año, ya hay una certeza sobre la cual a Scott le gusta bromear: “Por estar todo ese tiempo en el espacio, resté 13 milisegundos del proceso de envejecimiento que habría tenido en la Tierra, así que ahora soy más joven que mi hermano”, dijo.

Scott estuvo solo durante la mayor parte de la misión en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), con gravedad cero y alimentándose con comida deshidratada e irradiada. Sus tareas diarias consistían en plantar lechugas, observar el comportamiento de unos ratones de laboratorio, arreglar alguna que otra falla de la ISS y, sobre todo, registrar cada mínima sensación de su cuerpo.

“No tuve tiempo de aburrirme”, asegura y, aunque no es un solitario, tampoco es muy conversador.

 Uno de los resultados  más llamativos fue que la expresión génica de Scott cambió en un 7 % y él ganó cinco centímetros en altura porque su columna vertebral se estiró a causa de la ingravidez

Usted y su hermano Mark comparten una profesión muy particular. ¿El astronauta nace o se hace?

En nuestro caso, creo que nuestra personalidad fue de gran ayuda en este trabajo. Hay características claves con las que nacimos: la atracción por los desafíos y el riesgo, la habilidad de manejar el estrés y de responder bajo presión. Muchos de los que terminamos siendo astronautas tenemos una cierta cualidad innata sobre estas cosas, no es algo que hayamos aprendido. Pero con esto no quiero decir que no sea algo que quizás se pueda desarrollar. Y, sin dudas, las habilidades específicas que hay que tener para volar en el espacio no son algo con lo que uno nace, sino que se adquieren con esfuerzo y práctica.

¿Qué es lo más difícil de convertirse en astronauta?

La posibilidad de que te elijan, porque hay mucha gente talentosa y calificada con el mismo deseo, pero hay pocas oportunidades de lograrlo. El factor suerte juega un papel importante en todo esto. Como hay tanta competencia, lo más desafiante es aceptar que estás jugando con muchas variables que no controlas.

Para el que sí llegó y le toca una misión fuera de la Tierra, ¿el mayor desafío es intelectual, físico o emocional?

Personalmente, lo que más me costó fue lidiar con mi preocupación por mi familia, no poder estar si algo le pasaba a alguno de ellos; al menos físicamente, porque desde la ISS podemos hablar por videoconferencia, ver televisión por satélite y todo eso. Pero estar lejos físicamente de mi pareja y de mis dos hijas fue lo que siempre me costó más.

En ‘Resistencia...’ dedica casi tantas páginas a su día a día en la ISS como a rememorar su infancia y su juventud. ¿Qué quería lograr con el libro?

Cuando empecé a escribirlo pensé que iba a ser sobre un astronauta que pasa un año en el espacio. Pero, a medida que trabajaba en él, me di cuenta de que el corazón de la historia era este chico (yo) al que le iba mal en el colegio, que no encontraba el rumbo de su vida, hasta que leyó un libro que lo inspiró (a los 18 encontró un ejemplar de ‘Lo que hay que tener’, de Tom Wolfe, sobre cómo la Nasa eligió a los astronautas del proyecto Mercury). Y eso me llevó a cambiar mi vida de muchas maneras hasta que todo eso desencadenó en que fuera elegido para pasar un año en el espacio.

¿Una historia de reivindicación, entonces?

Sí. De cómo uno puede ser un mal estudiante y tener un ‘slow start’ (inicio lento), pero eso no indica hasta dónde puedes llegar después si tienes perseverancia y confianza. Cualquier cosa se puede hacer, por más inalcanzable que parezca, si se analiza la situación y se identifica qué hay que hacer. Se trata de no rendirse y creer en uno mismo.

***

El libro de Kelly está lleno de detalles insólitos y curiosos que ninguna película de ciencia ficción incluye –ni siquiera ‘El marciano’, protagonizada por Matt Damon en el 2015, de la cual el hombre récord de la Nasa opina que fue “bastante realista”–. Por ejemplo, el hecho de que, antes del lanzamiento, los astronautas deben aplicarse un enema y ponerse pañales. O las enormes diferencias entre los rusos y los estadounidenses.

Sobre esto, relata: “El director de la agencia espacial rusa nos pregunta, a cada uno de nuevo, si estamos preparados para nuestro vuelo. Es casi como contraer matrimonio, salvo que cada vez que te preguntan algo respondes: ‘Estamos listos para el vuelo’ en lugar de ‘Sí, quiero’. Estoy convencido de que a los rusos les parecerían igual de extraños los rituales estadounidenses. Antes de despegar en el transbordador espacial, por ejemplo, nos poníamos nuestros trajes naranja y a continuación jugábamos una partida de una versión muy específica de póquer en la que había muy poco dinero en juego. No podíamos salir a la plataforma de lanzamiento hasta que el comandante hubiese perdido una mano, agotando así toda su mala suerte del día. Nadie recuerda con exactitud cómo nació esa tradición. Tal vez alguien lo hizo por primera vez y volvió con vida, así que todos los demás lo repiten”.

Pero Kelly también habla y hace especial hincapié en los puntos de contacto entre los países rivales de la Guerra Fría, durante la cual el espacio fue una de las principales arenas de batalla. Hoy, la exploración espacial (y la expedición a Marte como principal objetivo) es un esfuerzo global.

“La ISS es un logro notable, no solo de la tecnología, sino también de la cooperación internacional. Ha estado habitada de forma ininterrumpida desde el 2 de noviembre del 2000. Es, con mucha diferencia, la estructura espacial que ha estado habitada durante más tiempo, y la han visitado más de 200 personas de 17 países. Es el mayor proyecto internacional de la historia en tiempos de paz”, señala.

Pero Kelly también habla y hace especial hincapié en los puntos de contacto entre los países rivales de la Guerra Fría, durante la cual el espacio fue una de las principales arenas de batalla

¿Cree que verá nuestra llegada a Marte?

Depende de cuánto viva.

¿Vio el lanzamiento del auto Tesla de Elon Musk en febrero? ¿Qué le pareció?

Sí, fue genial, una gran movida de prensa para él.

¿Por qué cree que es importante conquistar el planeta rojo?

Por muchas razones. Por ejemplo, por el hecho de salir hacia lo desconocido y explorar, que es una actitud que siempre marcó la historia de la humanidad. Hay mucho que aprender. Además, como especie, tenemos que seguir creciendo y expandiéndonos, y Marte es el próximo lugar lógico al que podemos llegar. Primero hay que desarrollar la tecnología para lograrlo.

¿Cree que hay suficientes fondos destinados al desarrollo espacial?

No. Pienso que deberíamos destinar más dinero a explorar la vida en el espacio, porque es una gran inversión. Y no es solo una falta de Estados Unidos, sino de todos los países. No hablo de un presupuesto ilimitado, pero definitivamente más de lo que tenemos hoy. Que tampoco está tan mal, debo decirlo: el presupuesto de la Nasa es de 2.000 millones de dólares al año.

También menciona a su colega Samantha Cristoforetti, resaltando el hecho de que es la primera astronauta mujer de Italia. ¿Qué rol pueden tener las mujeres en esta odisea humana?

Muy simple: la mitad de las personas en la Tierra son mujeres, así que creo que la mitad de los astronautas deberían ser mujeres.

¿Se siente diferente a gran parte de la humanidad por haber estado fuera de la Tierra? Es una experiencia muy transformadora, dicen quienes la vivieron...

No, soy un tipo ordinario que tuvo la oportunidad de hacer algo extraordinario.

DELFINA KRÜSEMANN
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @dkrusemann

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