Misión Posible / Opinión

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Jairo Rodríguez, decano de la Facultad de Ciencias de la Unal, analiza los saberes ancestrales.

Mambe

Un indígena boliviano mambea coca.

Foto:

AFP

Por: Jairo Rodríguez*
31 de enero 2020 , 06:19 a.m.

Muchos crecimos escuchando a nuestros padres o abuelos haciendo recomendaciones de cómo tratar ciertas enfermedades. Calentar cebolla para ponerla en los ojos para los llamados orzuelos, usar la sábila para las quemaduras del sol, la planta conocida como suelda consuelda para las fracturas, sauco para la tos, o limón con agua de panela para la gripa, son tan solo algunos ejemplos.

 Pero también dar consejos para alivianar algunas más graves, como plantas para la tensión o la diabetes. Pues bien, este conocimiento es una fuente de información muy importante hoy en día para la ciencia, el conocimiento popular o conocimiento tradicional.

Si rastreamos el origen de ese conocimiento popular llegaremos al conocimiento acumulado por culturas indígenas que durante siglos han experimentado con la biodiversidad disponible en el medio, ese es el llamado conocimiento ancestral que en nuestro país es abundante pero poco reconocido.

Abundante en dos sentidos, por un lado hay una gran riqueza cultural debida a la multiplicidad de grupos indígenas y esto combinado con la riqueza de la biodiversidad en Colombia, considerado el segundo país con mayor biodiversidad del mundo.

¿Cómo podemos aprovechar este conocimiento ancestral y nuestra biodiversidad para el desarrollo de nuestro país?

En primer lugar, nuestros sociólogos, antropólogos y científicos sociales reconocen, recopilan y estudian todo este saber ancestral ayudando a identificar posibles usos.

Segundo, entran en acción los químicos, biólogos moleculares, químicos farmacéuticos y médicos, quienes investigan e identifican las propiedades de las plantas que pueden tener un uso farmacéutico específico o terapéutico.

Casos como el de los campesinos de Cundinamarca y Nariño, quienes sabían que la uchuva sirve para la diabetes, es lo que se reconoce como saber ancestral, pero el identificar cuál es la sustancia química (molécula) que tiene la uchuva y que actúa con propiedades antidiabéticas es parte del trabajo de los científicos, que además comprueban mediante la experimentación tal propiedad, su grado y condiciones de efectividad.

Hay dos posibles casos, o bien la sustancia química es conocida y ha sido explotada en el mercado, o puede ser una nueva sustancia que nadie había identificado anteriormente.

Si es conocida, puede ser - como en el caso de la uchuva - una fuente nueva, y probablemente más barata, de dicha sustancia. En el caso de ser una sustancia nueva, la siguiente pregunta a resolver es si se puede sintetizar o recrear en el laboratorio y qúe tan barato es dicho proceso.

Volviendo a la uchuva, imaginemos tener tratamientos o medicamentos alternativos probados para tratar los millones de diabéticos en el mundo. Y si este es el caso de una sola especie, pensemos en conocer en detalle la biodiversidad de todas las plantas de Colombia; eso sería sin lugar a dudas el avance más grande en ciencia que podría darse en la historia de nuestro país.

Hoy en día no conocemos ni siquiera el 50% de biodiversidad colombiana. Estudiar y saber en profundidad sobre la totalidad de nuestras plantas involucra a comunidades campesinas, indígenas, investigadores sociales e investigadores científicos, para lograr posicionar a Colombia, no solo como el país con la amplia biodiversidad que es, sino como el país que contribuye con esa biodiversidad al bienestar de la humanidad.

Este es precisamente una parte de la misión emblemática Colombia Bio diversa y cultural que recientemente formuló la misión de sabios.

La misión propone que hagamos de Colombia un país que reconoce su territorio en su biodiversidad. Este potencial desarrollo no se logrará si no hay un esfuerzo de toda la sociedad, llegando mancomunadamente a esa meta, a esa misión que parece imposible.

Esperemos que el actual gobierno fije este rumbo, un primer gran reto para el Ministerio de Ciencia y Tecnología que con la profesora Mabel Torres a la cabeza, como experta en biotecnología, seguramente tendrá ese ansiado éxito.

Pero también sea esta la oportunidad para que el gobierno no sólo le dé beneficios a las industrias farmacéuticas sino que también las ponga en la misma ruta de la misión y apoyen decididamente la investigación científica en lo que se refiere a la bioprospección.

JAIRO RODRÍGUEZDecano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional.

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