Competencia de egos en la conquista del espacio

Competencia de egos en la conquista del espacio

Los multimillonarios son actualmente los grandes benefactores de la carrera espacial. 

Elon Musk y Jeff Bezos

Elon Musk (izquierda), CEO de SpaceX y Jeff Bezos, dueño de Amazon.

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Paul Buck / EFE - Jim Watson / AFP

Por: Martina Rua - La Nación (Argentina) - GDA
01 de julio 2019 , 11:07 a.m.

Mientras la ciencia ficción sigue encontrando en el espacio un lugar fértil para emplazar sus historias, una nueva ola de empresas, científicos e inversionistas predice sociedades interplanetarias y construye un presente prometedor para las próximas tres décadas de exploración y conquista espacial en la que las bases de habitantes permanentes en la Luna, subsidiarias de empresas en estaciones espaciales privadas, miles de constelaciones de satélites que brindan servicios permanentes o hasta el turismo a Marte salen del terreno de la ficción para ser ciencia.

A mediados de los 90, el fin de la Guerra Fría había desinflado a las principales agencias espaciales. Así como la Nasa logró poner hombres en la Luna, la ex-URSS alcanzó los mayores récords de permanencias humanas en el espacio, a bordo de sus estaciones espaciales. Pero con el cambio de política contaban con mucho menos presupuesto, y por ello debieron abrirse hacia la colaboración con iniciativas privadas. “Las agencias espaciales siempre tendrán su participación en la actividad espacial por más que existan las empresas privadas; las primeras tienen la experiencia y las segundas, recursos”, describe Diego Córdova, investigador de historia espacial y autor del libro ‘Huellas en la Luna’.

Más que competencia de naciones contra empresas, existen hoy cientos de programas en colaboración entre ambos mundos. Por ejemplo, este año, Estados Unidos volverá a contar con sus propias naves tripuladas para enviar a sus astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS), lo cual no podía hacer desde 2011, cuando la flota de transbordadores de la Nasa (integrada por el Discovery, el Atlantis y el Endeavour) fue retirada del servicio activo y sus astronautas, hasta el día de hoy, vuelan a bordo de las naves rusas Soyuz. Ahora volverán al espacio de la mano de SpaceX, con su nave Dragon (la cual ya realizó vuelos no tripulados llevando suministros a la Estación Espacial Internacional), y de Boeing con su nave CST-100 Starliner. “También, para 2024, las principales agencias espaciales (Nasa, de EE. UU.; Jaxa, de Japón; ESA, de Europa; CSA, de Canadá, y Roskosmos, de Rusia) están planificando una nueva estación espacial llamada Deep Space Gateway, que orbitará en torno a la Luna y será más pequeña que la actual en órbita terrestre, pero por primera vez un complejo orbital tripulado estará fuera de la órbita terrestre, lo cual será un pequeño paso en la exploración de nuevas tecnologías para los futuros vuelos interplanetarios”, describe Córdova.

La nueva liga espacial

En el mundillo aeroespacial se los conoce como los protagonistas del Newspace; son una coalición de magnates que están corriendo los límites de lo posible en términos de innovación. Un poco por ego, poder y también altruismo, hay un trío de alto perfil que viene conquistando nuevos hitos, generando una infraestructura y una visión que los trascenderá.

Fue la inspiración para crear al personaje de Tony Stark en ‘Ironman’. Elon Musk, el empresario nacido en Sudáfrica, comenzó SpaceX en 2002 con 100 millones de dólares procedentes de su fortuna en PayPal, de la cual fue uno de los fundadores. También, creó Solar City y The Boring Company, entre otras firmas. La compañía ya ha lanzado casi 70 cohetes y ha obtenido contratos con la Nasa, la Fuerza Aérea de EE. UU. y las principales agencias espaciales, para colocar satélites en órbita y ayudar a reabastecer la Estación Espacial Internacional, y pronto llevar también tripulaciones allí. Tuvo lanzamientos fallidos, con explosiones y pérdidas multimillonarias, pero también lanzó un auto Tesla (otra empresa fundada por Musk) al espacio como parte de su proyecto del cohete Falcon Heavy. Musk, amante de los anuncios grandilocuentes, planea enviar personas al espacio en vuelos comerciales. El año pasado anunció el primer “turista en la Luna” de SpaceX, que será el millonario japonés Yusaku Maezawa. Pero un objetivo final es enviar vuelos tripulados a Marte y eventualmente colonizar el planeta rojo.

Tuitero verborrágico, Musk suele soltar primicias en 240 caracteres. El 11 de enero último mostró en Twitter el prototipo de su cohete Starship Hooper, hasta entonces conocido como BFR, con el que espera que podamos viajar a Marte. Sus primeros vuelos de prueba suborbitales, que alcanzarán varias decenas de kilómetros en el aire antes de volver a aterrizar en la Tierra, podrían llegar en abril. Esa versión se combinará con un potente cohete conocido como Super Heavy. SpaceX ha dicho que el dúo, algún día, podría transportar personas de ciudad a ciudad en la Tierra en poco tiempo, así como propulsar a los pasajeros alrededor de la Luna, a la superficie lunar e, incluso, a Marte. Musk cree que de tener éxito, le estaría dando a la raza humana la mejor oportunidad de supervivencia en el futuro.

Elon Musk, el empresario nacido en Sudáfrica, comenzó SpaceX en 2002 con 100 millones de dólares procedentes de su fortuna en PayPal, de la cual fue uno de los fundadores

Alguien que conoce bien a Elon Musk es el astronauta Garret Reisman, por siete años jefe de Operaciones Espaciales en SpaceX. Antes había sido astronauta en la Nasa y hoy continúa como consejero sénior de la firma de Musk. “Creo que estamos al comienzo de una nueva era dorada de la exploración espacial, y uno de los aspectos más visibles será el turismo espacial”, explica Reisman, quien no duda en que será SpaceX la que llegue primero a la Luna y Marte.

El multimillonario inglés ‘sir’ Richard Branson ha perseguido el turismo de vuelos espaciales desde 2004 con Virgin Galactic, cuando logró el primer vuelo suborbital superando los 100 kilómetros con un piloto comercial. Cuenta ya con 600 personas preinscritas, dispuestas a pagar un boleto de 250.000 dólares para hacer turismo en el espacio. En diciembre pasado, tras un vuelo exitoso con su nave Unity, que llegó a una altitud de 83 kilómetros, cerca de la cuarta capa de la atmósfera (los vuelos comerciales vuelan a 12 kilómetros), declaró que él mismo lo tomará este año para luego abrir la experiencia a los turistas. Aún lucha con el fantasma de inseguridad que en 2014 dejó un intento fallido en el cual murió un copiloto.

Como si ser el hombre más rico del planeta y el fundador de la empresa más importante no lo tuviera ocupado, Jeff Bezos también se subió a la conquista de las estrellas. Una compañía menos publicitada que Amazon que tiene el rey del comercio electrónico es Blue Origin, que busca sobresalir en la industria espacial con transporte a Marte, satélites orbitales y vuelos espaciales humanos. Desde 2016, Bezos ha vendido 1.000 millones de dólares de sus acciones de Amazon cada año para poder mantener activa la empresa. Su objetivo, como el de SpaceX, es reducir el costo de los viajes espaciales produciendo cohetes reutilizables. También está preparando el envío de turistas espaciales en un vuelo suborbital, con boletos que podrían costar unos 300.000 dólares por persona. Bezos tiene ambiciones de formar una sociedad con la Nasa para probar la posibilidad de asentamientos humanos permanentes en la Luna.

Otro jugador de peso es la empresa Boeing, que junto con SpaceX trabaja en naves que puedan llevar tripulaciones a la ISS muy pronto. La astronauta Kavya Manyapu es parte del equipo de desarrollo de la nave espacial Starliner que irá a Marte. “La carrera por la conquista del espacio es mucho más que exploración espacial, significa evolución humana”, explica desde la base de Boeing en California.

Desarrollo sin límites

Todos estos avances colosales se explican también con el desarrollo tecnológico logrado en los últimos años en muchas direcciones, como la obtención de nuevos materiales compuestos y miniaturización de la electrónica. “Observaremos grandes constelaciones de satélites muy pequeños, los cuales trabajarán en conjunto a fin de observar nuestro planeta. De esta manera tendremos información precisa y en tiempo real para encontrar soluciones a problemas medioambientales, de logística, comunicaciones, agropecuario y desarrollo urbano, entre otras”, describe Diego Bagú, del Planetario de la Plata (Argentina).

Otra industria que florece es la satelital, que cuenta con un jugador de peso. La compañía argentina de microsatélites Satellogic, dedicada a la analítica geoespacial, firmó un acuerdo de servicios para lanzamientos múltiples con China Great Wall Industry Corporation (CGWIC). Llevará al espacio 90 microsatélites de la empresa desde su base en Taiyuán. El primer lanzamiento, planificado para el último cuatrimestre del año en un cohete Long March 6 (LM-6), pondrá 13 nuevos dispositivos en órbita. La flota formará una constelación para la observación de la Tierra que tendrá la capacidad de proporcionar imágenes de todo el planeta, reduciendo drásticamente el costo de los servicios de análisis geoespacial de alta frecuencia. Así opina Emiliano Kargieman, fundador de Satellogic, sobre el presente exploratorio: “Estamos pasando un momento de transformación importante. No solo las ya líderes, como SpaceX, también pequeñas, como Satellogic, que estamos trabajando en una generación de satélites más baratos, pequeños, livianos para dar servicios de observación de la Tierra y también comunicaciones”.

En el mundillo aeroespacial se los conoce como los protagonistas del Newspace; son una coalición de magnates que están corriendo los límites de lo posible en términos de innovación

El nuevo escenario es prometedor, y eso hace que nadie quiera quedarse afuera. Son muchos los países más allá de EE. UU. que se anotan en la conquista del espacio. Por ejemplo, el jeque Mohammed bin Rashid al Maktoum, vicepresidente y primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos. Su imperio se basa en la riqueza del petróleo, y Maktoum quiere diversificar el PIB de su país, y el sector de ciencia y tecnología es una prioridad. El proyecto, conocido como Mars 2117, incorpora muchas de las tecnologías de investigación y conceptuales más importantes del mundo. Una inversión de 380 millones de dólares en Virgin Galactic le otorga una participación del 38 por ciento de la compañía de exploración espacial. El mandatario declaró recientemente que la primera misión a Marte será “enviar una sonda meteorológica no tripulada llamada Hope a tiempo para celebrar el 50.° aniversario de la nación, en 2021”.

Continuando con el ámbito privado, la ‘startup’ japonesa Momo lanzó su primer cohete comercial, construido por Interstellar Technologies. India prepara su primer cohete comercial, mientras que en 2017 logró enviar 104 satélites a la vez en un solo cohete. ¿Y China? Este año dio un gran avance logístico y tecnológico al hacer alunizar, por primera vez en la historia, una nave no tripulada en la cara oculta de la Luna, con vehículo rodado incluido. El programa chino pertenece íntegramente a su esfera militar, y eso hace que dicho programa sea de interés estratégico.

Los desafíos de asentar comunidades en la Luna y Marte no son solo tecnológicos; están ligados a investigar cómo serán las consecuencias de la vida y permanencia a largo plazo y la posibilidad de que generaciones de humanos nazcan allí. Si bien hay cautela a la hora de marcar fechas para los siguientes hitos, la Luna será la primera en la próxima década, o dos, y luego Marte.

MARTINA RUA
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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