Los agujeros negros son uno de los mayores enigmas de nuestro cosmos

Los agujeros negros son uno de los mayores enigmas de nuestro cosmos

La foto captura un reflejo de hace 55 millones de años ¿Qué significa este hito científico?

Agujero negro

Esta fue la primera imagen que presentó el proyecto Event Horizon Telescope de un agujero negro. Más de 200 científicos de 40 países hacen parte del consorcio Event Horizon Telescope.

Foto:

Event Horizon Telescope

Por: Santiago Vargas
13 de abril 2019 , 10:14 p.m.

Tan solo tres años después de la detección de las arrugas en el espacio y el tiempo, producidas por la fusión de dos agujeros negros, el mundo se vuelve a sorprender, esta vez con la primera imagen real de un agujero negro.

En 2016, se confirmó el efecto que tienen los agujeros negros sobre sus alrededores, creando pliegues en el espacio (y el tiempo) al moverse aceleradamente. Estas son las llamadas ondas gravitacionales, una nueva herramienta para “escuchar” el universo, que no depende de la luz, cuyo hallazgo abrió una nueva ventana para medir el universo y sus extraordinarios fenómenos.

Ahora nos sorprendemos con la fotografía de un agujero negro, la vívida imagen de los efectos de la deformación del espacio producida por su enorme masa. La imagen revelada esta semana deja ver una silueta gracias a la luz que logra escapar del foso, es decir de la atracción ejercida por el agujero.

La sorpresa que genera esta foto no es para menos, pues desde hace casi 250 años, cuando se comenzó a concebir la idea de un cuerpo tan denso que ni siquiera la luz escapa de él, estamos pensando en estos objetos cósmicos y teorizando sobre sus efectos.

Destacados científicos han investigado los posibles efectos que tienen los agujeros negros. En particular, Albert Einstein, el gran genio de la física del siglo XX, lo hizo con su teoría general de la relatividad en 1915, cuando supuso lo que les sucedería al espacio y el tiempo al sentir la presencia de un objeto con masa. Se añade una nueva confirmación de esta teoría: el espacio en la vecindad de un agujero negro experimenta una deformación que hace que, incluso, la propia luz se desvíe tanto que el agujero no la deja escapar.

Rueda de prensa agujero negro

Para lograr la imagen se utilizaron ocho telescopios ubicados en distintas partes del mucho como volcanes de Hawái, el desierto de Atacama en Chile, la Antártida y Europa.

Foto:

AFP

Lograr este hito científico no fue nada fácil, pues requiere una colaboración internacional y varios radiotelescopios en diferentes lugares del mundo para combinar sus observaciones con una técnica llamada interferometría. Solo así es posible ver este agujero negro, tan lejano y que desde nuestro planeta se ve tan pequeño como una naranja en la superficie de la Luna.

Más de 200 científicos de 40 países hacen parte del consorcio Event Horizon Telescope. Su nombre proviene del horizonte de eventos, el límite de la zona alrededor del agujero en donde la materia y la energía ya no pueden escapar y son tragadas por este.

Con ayuda de ocho radiotelescopios y un trabajo de dos años, se pudo espiar el agujero negro que habita el centro de la galaxia M87. Lo que se observa es literalmente materia caliente –a una temperatura miles de veces superior a la de la superficie solar– emitiendo luz al borde del abismo, que logra escapar a la acción succionadora del agujero.

Esa luz tardó 55 millones de años en llegar a nuestros telescopios, es decir, que el reflejo salió de M87 cuando en la Tierra apenas se estaban formando las grandes cadenas de cordilleras, como el Himalaya.

Al observar la estructura de la región brillante alrededor del agujero y compararla con simulaciones de las ecuaciones de la teoría de Einstein, se estima que M87 tiene una masa de 6.500 millones de veces la de nuestro Sol, un verdadero monstruo cósmico con un tamaño comparable al de nuestro sistema solar. Aunque el análisis de la imagen permite concluir que el agujero negro gira, hasta el momento no se ha podido medir su velocidad de rotación o la inclinación.

Se piensa que los agujeros negros supermasivos ocupan el centro de las galaxias. El de nuestra galaxia, la Vía Láctea, se denomina Sagitario A y tendría una masa mucho menor, de unos pocos millones de veces la masa del Sol.

Nuestro agujero supermasivo sigue siendo esquivo. Su observación se complica al ser más pequeño –la materia en su interior gira más rápido–, lo que hace que tenga cambios de brillo en cuestión de días y dificulta el análisis de datos.

Sumado a esto, la gran cantidad de polvo que hay en la dirección en que lo observamos desde la Tierra introduce una enorme dispersión de la luz; pero seguramente obtener una buena imagen de él, gracias a estas novedosas técnicas, será cuestión de tiempo.

SANTIAGO VARGAS
PH. D. en Astrofísica, Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional

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