‘Busco entender por qué los votantes se sienten frustrados’

‘Busco entender por qué los votantes se sienten frustrados’

Para Laurent Thévenot, un enigma por develar es la distancia entre dirigencia y ciudadanía.

Laurent Thévenot

Thévenot es impulsor de la ‘sociología pragmática’, cuyo énfasis está en lo cotidiano, sus objetos y dinámicas.

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Santiago Cichero. AFV - La Nación

29 de julio 2018 , 09:16 p.m.

En la sala de convenciones vacía de un hotel céntrico, el periodista llega y se sienta a una mesa larga donde lo esperan Laurent Thévenot y la traductora. Es una situación de entrevista curiosa, que dispone los cuerpos como sucedería en una mesa examinadora. Pero lo que se quiere examinar aquí y ahora es el pensamiento de este sociólogo francés, uno de los impulsores de la ‘sociología pragmática’, corriente que renovó la investigación al poner el acento en lo cotidiano, sus objetos y dinámicas. Thévenot realizó diversos trabajos en común con Luc Boltanski, hermano del artista multidisciplinario Christian Boltanski, un habitué de Buenos Aires.

Inconfundiblemente parisino, argumenta con respuestas largas y elaboradas, cuyo tono enfático parece desdecir la abstracción teórica que las sostiene.

¿Por qué estamos juntos en sociedad? Para revisar este interrogante central de la sociología, escribió La acción en plural, libro cuya primera traducción al español editó Siglo XXI. El sociólogo reflexiona sobre la actual crisis de las democracias occidentales, considera que un enigma por develar es “por qué los ciudadanos que votan se sienten frustrados y humillados”, y de qué modo esta humillación está siendo capitalizada por la extrema derecha y un nuevo tipo de líder.

Para Thévenot, lo que estos sectores hacen es dirigirse, con un discurso sentimental y emotivo, a las vivencias diarias de quienes quedaron por fuera de la cultura del management, el vértigo tecnológico y el consumo.

En parte, lo distintivo de la mirada de Thévenot tiene que ver con que su formación viene de la estadística (“las cifras son categorías sociales”, dice). Esta perspectiva le permite estudiar transformaciones sociales y gubernamentales a través de la información del big data. O indagar en el actual devenir social, económico y tecnológico de China. Allí, afirma, se desarrollan algoritmos con una desmesurada capacidad de acceso a la privacidad.

¿Cómo pensar, desde su perspectiva, la actual situación de las democracias occidentales?

Hoy se habla mucho de la crisis de la representación: se hace una descripción bastante clásica de la política y se habla de representantes elegidos que no son reconocidos por aquellos que los han elegido. Esto sucede porque los políticos son corruptos o conclusiones similares. No digo que esto no sea así, pero mi análisis es diferente. Quiero entender por qué los ciudadanos que votan se sienten frustrados y humillados. La explicación es que la transformación de los actos de gobierno, resueltos o comunicados según las tácticas de management, aplasta la experiencia familiar que los votantes tienen del mundo. Una experiencia que es vivida a través de canciones, escenas de películas o aquello que se pone en la página de Facebook para que los demás lo vean, y que no aparece ni es contemplada por esos actos de gobierno.

Los ciudadanos se sienten humillados y esa humillación está siendo explotada por la extrema derecha, tanto en Europa como en América o Rusia. Es importante comprender la base de las nuevas formas de liderazgo. Si nos limitamos a hablar de populismo y de un líder que manipula la base, el análisis se termina ahí. No es muy interesante.

La pregunta es por qué la base lo sostiene. Entiendo que manejan un discurso que hace hincapié en los lugares comunes de la experiencia familiar del mundo: esa misma que la política tradicional descalifica y para la cual las ciencias sociales no tienen ninguna categoría. Es una comunicación muy emotiva porque los lugares comunes están investidos de intimidad. Este no es el populismo tal como se entendía. El líder que hoy se caracteriza como populista unifica lugares comunes y los opone a un enemigo. Y eso es lo que está en la base de su apoyo.

Se hace una descripción bastante clásica de la política y se habla de representantes elegidos que no son reconocidos por aquellos que los han elegido

Las sociedades occidentales son caracterizadas como individualistas. ¿Es así para usted? ¿O es un cliché?

Hay un mal análisis de la persona en tanto individuo. En ciertas clases sociales, clases medias y gerenciales, están muy arraigados conceptos de responsabilidad individual, proyectos individuales y demás. Lo que no se explica es cómo este régimen puede resultar muy opresivo y generar reacciones que, otra vez, son explotadas por los nuevos liderazgos populistas. La caracterización del individualismo es cierta, pero está incompleta.

Hablemos del reciente escándalo de filtración de datos de Facebook. Pareciera haberse quebrado la noción de público y privado de la modernidad. ¿Cuál es su análisis?

Es un ámbito en el que me he involucrado y donde la sociología de la cuantificación se ha vuelto importante. Es lo que los ingleses llamarían “gobernar por las cifras”. Mi formación viene de la estadística; he investigado la situación actual de las estadísticas, y este es un caso de gobierno por las cifras. Las cifras son categorías sociales y han ido cambiando. Hace cincuenta años se hablaba de ‘capital humano’. Me interesa estudiar las transformaciones de la dirigencia a través de las cifras antes del big data.

Hace quince años vimos cómo nuevos modelos de empresas como Mc Donald’s captaban la actividad individual de sus empleados no a través de encuestas, sino de máquinas. Así se fue preparando el nuevo modelo, aunque en ese caso solo se circunscribía a empleados de empresas. Por supuesto que el modelo ahora es diferente. La base de captura es universal, y si bien el marketing parece ser el objetivo de todo, hay más.

¿Por ejemplo?

Estoy terminando un libro sobre las políticas de la cuantificación; uno de los autores invitados es chino y vive en Estados Unidos. Trabajó sobre algo que parece de ciencia ficción, pero no es para nada ciencia ficción. En China hay un plan de crédito social del Partido Comunista, en marcha desde hace cinco años.

Como sabe, a través de los movimientos de la tarjeta de crédito las empresas conocen lo que hacen sus usuarios. Pueden evaluar su comportamiento, calificarlos. Pero en el sistema chino no era ese el modo de evaluación de los ciudadanos: se los evaluaba a partir de su trabajo. Se supone que no habría nada más opuesto entre sí que el sistema de evaluación de las personas en el sistema de crédito occidental y el sistema centralizado chino. ¿Cuál es el plan? La confluencia de los dos modelos. Los grandes poderes de internet del mundo no son Google y demás, sino el holding gigantesco que reúne a las redes sociales chinas o el buscador Alí Babá con las bases de datos de sus ciudadanos. Utilizan algoritmos para seguir las acciones de sus usuarios, lo cual es mucho más serio que acceder a través de los movimientos del crédito. El plan es público, no es ningún secreto. Si yo fuera chino me preocuparía, ¿no?

¿Puede decirse que organizaciones surgidas del capitalismo, como Google o Facebook, terminan pareciéndose al funcionamiento de un régimen como el chino?

Sí, con la diferencia de que los chinos lo hacen a la vista de todo el mundo y todos saben que lo hacen con la excusa del mercado y para controlar a sus ciudadanos. En nuestro caso, el acceso a la información privada es oculto, un secreto que solo cuando sale a la superficie escandaliza nuestra forma de vida.

Ya no se trata de los sindicatos fuertes del 68 o de las uniones de estudiantes. Como se ve, no solo cambió el blanco de las críticas, sino también la base del descontento

Estamos en el 50.° aniversario del Mayo francés. ¿Podría darse hoy una alianza entre estudiantes y obreros? ¿Aquellas categorías representan lo mismo hoy?

Estas categorías son totalmente distintas. El objeto de la crítica y de la indignación, también. En el 68 hubo un eslogan muy significativo para mí: ‘Ni dios ni metro’. En ‘dios’ se sintetizaba De Gaulle, la autoridad; y en ‘metro’, la eficacia de los planes industriales. En nuestro análisis serían la ‘grandeza’ doméstica y la ‘grandeza industrial’, y la crítica del 68 se dirigía a los dos. La crítica es hoy más difusa. Ni estudiantes ni obreros forman un bloque frente al régimen de management sobre el que se estructura el poder. Ya no se trata de los sindicatos fuertes del 68 o de las uniones de estudiantes. Como se ve, no solo cambió el blanco de las críticas, sino también la base del descontento.

¿Cuál sería el blanco hoy?

Ya no hay referencia autoritaria encarnada en De Gaulle o el ingeniero director de la fábrica. Tampoco están organizados los más perjudicados por una dinámica social y económica basada en las tácticas del management. Está todo mucho más difuminado, pero la situación no deja de ser tensa, y nada descarta que, en el futuro, puedan establecerse alianzas inesperadas.

Su libro ‘La acción plural’ comienza con descripción del comportamiento de los pasajeros en un tren de larga distancia de Francia. ¿Por qué eligió el tren como metáfora para explicar la sociedad?

En nuestras vidas, el espacio público es muy importante y es a la vez una cuestión fundamental de la política. La pregunta es, entonces, cómo hacemos algo común y político al mismo tiempo. El espacio público ha sido explicado por distintos autores a lo largo del tiempo. Yo pensé en el compartimento de un tren, que es algo absolutamente funcional. Antes de que suba el próximo pasajero ha sido limpiado. Limpiar es suprimir las huellas familiares de algún otro. Hace veinte años hicimos una investigación sobre la limpieza: nadie prestaba atención a esas cosas. ¿Cuál es la implicancia de la limpieza? Sacar lo familiar para disponer lo público. Cuando sube al vagón, está preparado para lo público. Sin embargo, va a estar ahí unas cinco o seis horas en las que lo va a habitar, va a desplegar su familiaridad, que inevitablemente va a chocar con la familiaridad del otro pasajero. En un espacio reducido se ve muy claro el problema de lo político. Nuestra sociología cambia el enfoque de lo político, y por eso elegí el ejemplo del tren.

FERNANDO GARCÍA
LA NACIÓN (ARGENTINA) / GDA@LANACION

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