La bioquímica española Margarita Salas gana el Premio Inventor Europeo

La bioquímica española Margarita Salas gana el Premio Inventor Europeo

Gracias a ella es posible la toma de muestras para identificar el ADN de los autores de un crimen.

Margarita Salas

Margarita Salas (Asturias, 1938) ha sido reconocida debido a su papel pionero en la investigación genética.

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EFE

Por: EFE
20 de junio 2019 , 10:02 a.m.

Margarita Salas obtuvo en Viena el Premio Inventor Europeo 2019 entregado por la Oficina Europea de Patentes por su trabajo en genética. También ganó el premio Popular de la gala de los inventores europeos, elegido por el público entre los 15 finalistas a través de un sistema de votación en internet. 

El descubrimiento de una técnica capaz de multiplicar de forma sencilla el ADN a partir de pequeñas muestras revolucionó la genética y expandió las pruebas de ADN a campos como la medicina forense, la oncología o la arqueología, señala el jurado que le otorgó el premio en la categoría de "Logros de toda una vida".

"Estoy muy sorprendida", declaró Salas por los dos reconocimientos, y recordó que introdujo la investigación en genética molecular en España en 1967 después de haber estudiado en Nueva York durante tres años con el premio nobel Severo Ochoa.

Sus décadas de estudio la llevaron a descubrir la polimerasa Phi29, una enzima muy importante por su capacidad para producir copias genéticas de forma precisa partiendo de rastros escasos, como por ejemplo, una simple gota de sangre.

"Margarita Salas es una pionera en el campo de la genética molecular y una referente para todas las mujeres en la ciencia", dijo en la entrega del premio el presidente de la Oficina Europea de Patentes, António Campinos. "Su trabajo ha puesto la secuenciación de ADN al alcance de muchos más investigadores y científicos, y ha allanado el camino para nuevos avances en genética", agregó.

Margarita Salas

Salas posa para la foto de familia junto al resto de galardonados en la ceremonia que se llevó a cabo en Viena.

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El descubrimiento, patentado en 1989, es el que más regalías ha aportado al CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España), con más de seis millones de euros en los seis años que estuvo activa, de 2003 a 2009.

Entre otros logros, Salas es profesora honoraria del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, la primera en presidir el Instituto de España, la primera española en ingresar en la Academia de las Ciencias de EE.UU. y la primera científica en entrar en la Real Academia Española de la Lengua.

Todo el mundo ha visto alguna serie o película en la que la policía científica toma muestras para dar con el ADN de los autores de un crimen. Muy pocos saben que eso es posible gracias a descubrimientos como el suyo. ¿Falta cultura científica o falta mejor divulgación?

Creo que es un poco de todo. Por una parte falta cultura científica y por otra mejor divulgación. España está mejorando pero todavía falta camino por recorrer.

¿Cree que la idea de que hay que invertir en investigación ha calado en los políticos?

Creo que todavía hay que enseñarles mucho y tienen que aprender mucho para darse cuenta de que tienen que aumentar el presupuesto de investigación. Es como que nos dan casi una limosna. España todavía no se toma en serio que hay que investigar para hacer desarrollo.

Su país sólo ha tenido dos premios Nobel de ciencias, el último fue precisamente su maestro, Severo Ochoa, en 1959, aunque su trabajo lo desarrolló por entero en EE.UU. ¿Qué le pasa a la ciencia en España?

Somos muy pocos y no hay masa crítica todavía. De eso se quejaba Severo Ochoa cuando volvió ya de mayor a España. Si somos pocos es más difícil que salga uno que pueda ser premio Nobel.

Usted defiende potenciar la presencia de las mujeres en la ciencia pero está en contra de un sistema de cuotas.

Cuando empecé la tesis doctoral en el año 61 se pensaba que las mujeres no valíamos para hacer investigación. La mujer estaba muy discriminada. Después, cuando fui al laboratorio de Severo Ochoa en Nueva York, él siempre me trató como una persona, independientemente de que fuera mujer.

Ahora la mujer en ciencia no está discriminada, todo el mundo es consciente de que valemos tanto como los hombres para hacer investigación, lo que creo que no depende del sexo sino de la persona. No soy partidaria de cuotas porque no quiero que a las mujeres se nos dé nada por ser mujeres. Que se nos dé algo si lo merecemos.

Lo que no me parece mal es, por ejemplo, la paridad en los tribunales, en los jurados, entre hombres y mujeres. Pero no que por necesidad haya que meter a una mujer porque le toca la cuota.

Pero es un hecho que cuanto más altas son las posiciones de poder, menor es la presencia femenina. En España, por ejemplo, en las Academias menos del 5 % de sus miembros son mujeres

Todavía somos muy pocas, sí. Creo que ahora las academias ya están mentalizadas de que hay que meter a mujeres. En la Real Academia de la Lengua, a la que pertenezco, cuando ingresé éramos sólo dos mujeres, ahora ya somos ocho. El pensamiento de todos es que hay que seguir metiendo mujeres, pero lo importante es que haga porque lo valen.

Margarita Salas

El trabajo en genética surgió de su trabajo con el nobel también español Severo Ochoa.

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La genética ha tenido un avance increíble en los pasados cincuenta años, ¿Teme por sus consecuencias practicas? ¿Cuál es el límite y quién debe ponerlo?

Los propios investigadores ponemos límites a lo que se debe o no se debe hacer. Por ejemplo, cuando surgió la ingeniería genética en los años 70, los propios científicos se plantearon las posibles consecuencias que podría tener esta investigación, y se hizo una reunión sobre eso. Se pusieron unos niveles de seguridad que se respetaron por todos.

Usted tiene 80 años y va al laboratorio cada día. A muchos profesionales los prejubilan con 60 años, cuando les quedan décadas de vida útil. ¿La sociedad desperdicia talento y experiencia?

Me parece un disparate prejubilar a gente con cincuenta y tantos o sesenta. Soy contraria a la jubilación en ciertas profesiones, como la investigación. A mí me jubilaron a los 70 años. Afortunadamente pertenezco al CSIC y existe la figura del profesor ad honorem que me permite trabajar.

¿Nunca se ha planteado colgar la bata?

Mi modelo es Rita Levi-Montalcini, que se murió en 2012 con 103 años y cuando cumplió cien años vino a Madrid por un doctorado honoris causa en la Complutense. Y decía que con cien años iba todos los días al laboratorio, y que lo importante no era tener arrugas en la cara sino no tener arrugas en el cerebro. Y en broma digo: cuando sea mayor quiero ser como Rita Levi-Montalcini.

EFE

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