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El gran legado de Albert Einstein a los 66 años de su muerte
Albert Einstein

El violín era otro de los talentos del genio de la física.

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AFP.

El gran legado de Albert Einstein a los 66 años de su muerte

Con cualquiera de sus contribuciones  habría pasado a la historia de los grandes físicos.

En la madrugada del 18 de abril de 1955, a los setenta y seis años de edad, en el hospital de Princeton, Nueva Jersey - Estados Unidos, expiró una de las mentes más intuitivas de la profunda naturaleza de la realidad física. El aneurisma que le habían encontrado en su aorta abdominal había explotado.

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Al lado de su lecho de muerte, sobre una mesita, reposaban señales reveladoras de la dimensión humana y la aspiración sobrehumana de Albert Einstein: el borrador del discurso de conmemoración de la independencia de Israel y una docena de hojas llenas de enigmáticas ecuaciones y tachaduras que evidenciaban su lucha por descifrar la mente de Dios.

El paso de Einstein por la historia del tiempo humano nos ha cambiado radicalmente la visión de nuestro universo físico, desde los abismos de lo microscópico hasta la inmensidad de los cielos.

La huella de este genio está por todas partes: desde la tecnología cotidiana como los dispositivos láser, las células fotoeléctricas y los sistemas de posicionamiento global, hasta las grandes centrales nucleares, las antenas detectoras de ondas gravitacionales como LIGO, o el complejo de aceleradores de partículas del CERN.

La parábola de Einstein en el tiempo, del niño atrapado por la magia del campo magnético de la tierra y las brújulas, del joven fascinado por su imaginario viaje sobre un rayo de luz, del hombre retado por los misterios de la gravedad y del anciano obsesionado por la unificación de las fuerzas de la naturaleza, ha revelado a la humanidad muchos de los secretos de la naturaleza, dejado una forma genial de pensar el mundo y heredado a los jóvenes investigadores el gran desafío de armonizar su hija preferida la Relatividad General con su hijastra la mecánica cuántica.

El pensamiento de Einstein descansa, a lo largo de su vida, en tres grandes pilares: la teoría especial de la relatividad, su teoría relativista de la gravedad y la teoría unificada de campos.

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Con el primero, liberó al tiempo del carácter matemático y absoluto de Newton, al descubrir que la simultaneidad de los hechos independientes es relativa, constituyéndose en la pista crucial de la compatibilidad entre dos principios irreconciliables para muchos: el principio de la relatividad y la ley de propagación de la velocidad de la luz en el vacío.

El segundo, su gran obra, la subordinación de la gravedad a sus principios relativistas, gracias a lo que él consideró su pensamiento más feliz: el principio de equivalencia, la igualdad entre masa inercial y gravitacional, bajo una nueva mirada, el detalle que pasó desapercibido por 300 años; Einstein lo reinterpreta afirmando que las leyes de la física son indistinguibles referidas a un marco acelerado o a un marco gravitacional.

El último gran programa de investigación, que trabajó hasta las horas próximas a su muerte, lo fundamentó en las partículas materiales consideradas como singularidades, sustituibles por deformaciones suaves del espacio-tiempo, recurriendo a los agujeros negros. Así Einstein intentó reducir todo a geometría, es decir, reducir la materia a geometría.

La mayoría de las contribuciones de Einstein a la física son extraordinarias, de tal impacto que con cualquiera de ellas hubiese pasado a la galería de los grandes pensadores de la física.

En 1905, llamado su año milagroso, estableció en sistemas de muchas partículas la existencia de los átomos como entidades físicas y publicó el artículo que dio origen a la teoría especial de la relatividad.

También en ese mismo año introdujo la noción de fotón, con lo cual contribuyó a darle sentido a la revolución cuántica que cinco años antes había iniciado Max Planck; explicó el efecto fotoeléctrico por el cual le concederían el premio nobel de física y encontró la intima relación entre la masa y la energía, puerta a la descomunal energía nuclear.

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En 1916 publicó la teoría de la relatividad general, que le valió el calificativo del nuevo Copérnico. Teoría que explica anomalías del movimiento de ciertos cuerpos celestes como el planeta mercurio, y entre otros efectos astronómicos dejó la llave para hoy pensar la teoría del Big Bang y el origen físico de nuestro universo.

Hoy Einstein sigue vivo a través de sus predicciones futuristas. Hace algo más de cien años predijo la existencia de las ondas gravitacionales, observadas hace unos pocos años, confiando en su profunda intuición acerca de la naturaleza de la gravedad como una manifestación de la curvatura del espacio-tiempo en el que vivimos, con propiedades de un campo como las otras manifestaciones de la materia de nuestro universo.

Otra consecuencia de su teoría general de la relatividad nos ha conducido a la observación de fenomenología de agujeros negros. Constantemente su teoría ha estado a prueba.

También en los últimos años se han iniciado una serie de observaciones en la presencia de campos gravitacionales intensos, para someter esta teoría a una confrontación con otras teorías alternativas.

Seguramente se va a encontrar su límite de validez; por ahora ninguna de esas teorías rivales tiene el alcance y la simplicidad que bellamente exhibe la relatividad general de Einstein.

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En su lucha por entender el significado de los principios de la mecánica cuántica, en 1933 Einstein con sus estudiantes Boris Podolsky y Nathan Rosen, propuso el famoso experimento mental EPR, una especie de jaque mate a la mecánica cuántica, pensaba Einstein. Pero ocurrió lo contrario, fortaleció la mecánica cuántica, de acuerdo con los trabajos de John Bell y los experimentos con fotones ópticos entrelazados de Alain Aspect.

Este fue el inicio de una insospechada dimensión conceptual del mundo cuántico y un portal para una tecnología que frenéticamente hoy se desarrolla. Pero como ningún otro reto para la mente humana, Einstein dejo las pistas que hoy siguen muchos físicos teóricos para ingresar al sanctasanctórum de la gravedad cuántica y la física de gran unificación.

José Róbel Arenas
Profesor asociado del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional

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