'Es nuestro deber elevar las voces femeninas, no somos invisibles'

'Es nuestro deber elevar las voces femeninas, no somos invisibles'

La colombiana Diana Trujillo hace parte de la misión Perseverance, que buscará vida en Marte.

Diana Trujillo

Diana Trujillo, miembro del equipo de la misión Perseverance, de la Nasa.

Foto:

Archivo particular

Por: Nicolás Bustamante Hernández
04 de agosto 2020 , 06:02 p.m.

El jueves, a las 6:50 a. m., hora de Colombia, la Nasa empezó a escribir un nuevo renglón en la historia de la exploración de Marte con el lanzamiento de su misión Mars 2020, cuyo objetivo será posar al robot Perseverance sobre la superficie del cuarto planeta del sistema solar para rastrear indicios de vida.

Lo que pocas personas saben es que antes del despegue del cohete Atlas V desde Cabo Cañaveral, en la Florida (Estados Unidos), la misión estuvo varias veces en jaque y que, en el equipo de científicos e ingenieros que la hicieron posible, una Colombiana estuvo en la primera línea de batalla.(Le puede interesar: Virgin Galactic revela su nave para turistas espaciales)

Ella es la caleña Diana Trujillo, jefa del equipo de ingeniería del brazo robótico de Perseverance y quien tiene a su cargo un grupo de 15 personas responsables del desarrollo de los de los instrumentos claves del vehículo: Sherloc, Watson y Pixl, ubicados en lo que sería la mano de este brazo.

La vida de Diana Trujillo ha transcurrido entre grandes decisiones. La primera de ellas fue la que tomó apenas terminó el colegio en Cali y se fue a los Estados Unidos motivada por su padre, quien le propuso que saliera de Colombia para aprender un nuevo idioma.

Diana Trujillo 1

Diana Trujillo trabajando en el robot.

Foto:

Archivo particular

Al llegar a Estados Unidos no conocía a nadie y tampoco hablaba inglés. Con distintos trabajos, incluido uno como aseadora, logró pagarse sus cursos de inglés por tres años. Un día, y en lo que ella considera como una revelación, se encontró con una revista que exaltaba el papel de las mujeres que han trabajado en la Nasa.

Trujillo notó que la mayoría de ellas estaban metidas en carreras de ingeniería aeroespacial y medicina: “Sabía que aunque no hablaba bien inglés, mis matemáticas eran muy buenas, así que decidí que eso era lo que quería hacer”.

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Y fue en ese momento cuando tomó la segunda gran decisión de su vida: “Me sentía vieja, porque en Estados Unidos las personas terminan la universidad entre los 21 y 23 años, y yo la iba a terminar a los 26. Me matriculé en Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de la Florida. Eso ahora suena normal, pero en aquel momento mi mayor acercamiento a los computadores habían sido las clases del colegio, con 20 minutos a la semana frente a equipos sin internet”, asegura Trujillo.

Mientras estudiaba, Trujillo fue seleccionada para hacer parte del programa de la Academia de la Nasa, una suerte de campo de verano en el que la agencia espacial inspira a los jóvenes y aprovecha para ojear potenciales talentos. Ahí, Trujillo conoció a Peter Diamandis, creador de la Fundación XPrize, que, junto con Google, otorgaba un premio de 30 millones de dólares a quienes fueran capaces de hacer viajes espaciales a la Luna.

En la Academia, Trujillo también conoció a Brian Roberts, un experto en robots de la Nasa que le recomendó que, si quería trabajar en la agencia, debía irse a vivir al estado de Maryland, cerca de la capital del país.

Trujillo no lo pensó dos veces: “Al pasarme a la Universidad de Maryland, me atrasaron un año en mi carrera, pero valió la pena porque logré entrar al departamento de educación de la Nasa como gerente de operaciones de la Academia.

Tras graduarse de la universidad, Trujillo trabajó por ocho meses en la empresa Orbital Sciences en un proyecto que compitió contra SpaceX. Al final de 2009, Trujillo y su esposo, William, se trasladaron a Los Ángeles, a trabajar en la sede de XPrize de esa ciudad. Allí, Trujillo se presentó al Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa (JPL, por su sigla en inglés), donde la agencia construye la mayoría de sus naves espaciales no tripuladas.

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“Me entrevistó una persona que se llamaba Gentry y que, en ese momento, no supe quién era. Resulta que es el ingeniero jefe de JPL, una persona muy importante en la Nasa. Todo salió perfecto y me contrataron sin tener maestría o doctorado. Por eso, la gente debe dejar de pensar que para trabajar en la Nasa hay que ser un genio con cinco posgrados. Yo empecé sin saber bien inglés, atrasada en la universidad y ahora estoy aquí, por el empuje de mi raza, que me enseñó a no darme por vencida”, asegura Trujillo.

“También puede ser por el café colombiano”, agrega, en medio de risas, en una conversación que tuvo con EL TIEMPO a propósito de la misión del jueves.

¿Dónde está ahora?

Yo empecé en JPL desde abajo, en la misión Curiosity, que fue la antecesora de Perseverance, trabajando en el equipo del brazo robótico. Le hacía exámenes al robot a las tres, cuatro de la mañana, cuando nadie quería ir al laboratorio. Y pronto llegué a ser la número cuatro de toda la misión, al nivel de colegas que tenían entre 20 y 25 años de experiencia, cuando yo solo tenía seis. Creo que también me motivaron esas ganas que tenemos los hispanos de trabajar duro. Si alguien nos dice que hay 99 por ciento de probabilidad de que algo no funcione, nosotros nos aferramos al uno por ciento restante y resulta que esa mentalidad es lo que se necesita para explorar lo desconocido, el espacio.

Después de varios años en Curiosity, y de que la misión fue un éxito, empecé a sentir que todo fluía, que todo me estaba saliendo muy bien. Acababa de tener a mis dos hijos y sentía que si todo salía tan fácil, era porque no me estaba esforzando. Necesito enfrentarme a nuevos retos todo el tiempo. Y fue así como decidí pasarme a Perseverance.

Yo empecé sin saber bien inglés, atrasada en la universidad y ahora estoy aquí, por el empuje de mi raza, que me enseñó a no darme por vencida

¿Cómo ha sido su trabajo en Perseverance?

Soy la líder de la fase de superficie del brazo robótico y de dos instrumentos. Y esto ha sido increíble porque llegué en un momento en el que todo estaba saliendo medio mal. Pero a mí, si hay caos, llámenme.

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Y el caos no ha faltado...

En diciembre, durante nuestras pruebas del brazo robótico, antes del envío del robot para la Florida en febrero, nos dimos cuenta de que este empezó a filtrar líquido sobre el cuadro de calibración de la cámara Watson. Tuvimos que quitar el cuadro y someterlo a varias horas de tratamientos de calor para lidiar con los contaminantes, porque no era suficiente con limpiarlo. Casi que no llegamos, pero, al final, alcanzamos el avión y pasamos la caja para que fuera a Florida.

Todo el brazo y los instrumentos debían estar integrados el 18 de marzo, y nosotros teníamos plazo para viajar hasta el 15. Pero el 12, JPL dio la orden de parar todas las actividades por la pandemia. En ese momento, varios miembros de mi equipo ya iban en aviones hacia Florida y me tocó decirles que se devolvieran. La razón de devolver a estas personas es que para la Nasa todo el equipo de integración es fundamental, y un solo contagio entre ellos podría poner en riesgo toda la misión.

Entonces les tocó coordinar la integración a distancia...

Fue la primera vez en la historia de las misiones que se hicieron las examinaciones de las partes mecánicas del robot de manera remota. Y para completar fue una operación a ciegas, porque desde California no podíamos ver el robot, ya que esto implicaba meter una cámara de video a la sala de integración de la Florida, que es totalmente estéril. Fue muy estresante: cada uno está en su computador hablando por teléfono con más de diez personas que describen lo que ven. Es una operación con los ojos cerrados. Todo el mundo intentando opinar, tratando de ayudar. A veces ni nos escuchábamos. Por momentos me tocó levantar la voz y hablar fuerte. Tú estás ahí, no quieres ser tosco, pero tienes que buscar la forma de terminar. Al final todo salió bien y yo no lo podía creer.

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¿Qué tanto les sirvió lo aprendido con Curiosity?

La Nasa hace muy bien al conservar los equipos entre misiones, por lo que ahora tenemos una idea de cómo hacer las operaciones normalmente, pero no es exactamente igual porque la tecnología avanza bastante entre misiones. Es como aprender a manejar un Jeep Willys mecánico y llevarlo por las montañas hasta Pasto. Tu sabes manejar sin problema, pero ahora la cosa cambia. No es un Willys, es un Tesla; no es la carretera a Pasto, sino una autopista de siete carriles a 120 kilómetros por hora y no sabes ni prender el carro porque la nueva tecnología no requiere llave.

Sabes cómo hacer la cosa con la manejada, pero el carro cambió bastante. El brazo robótico es mas grande, los instrumentos son diferentes, la misión tiene otro objetivo, la ciencia no la hemos visto antes, no sabemos qué problemas tendrá. Pero de todas formas sabes cómo explorar el espacio y tienes que buscar la forma de seguir.

Esta misión puede darnos una perspectiva de que no somos el centro del universo, aunque a veces nos portemos como si lo fuéramos

¿Qué tan diferentes son los dos robots, tecnológicamente hablando?

Hay partes iguales y otras más avanzadas; en todo caso, ninguna menos. Por primera vez vamos a llevar un helicóptero a otro planeta, Ingenuity. Y solo han pasado 117 años desde el vuelo de los hermanos Wright en la Tierra. Perseverance tiene los mecanismos más complicados que hemos llevado a otro mundo. El brazo robótico tiene siete pies (2,1 metros) y la palma de su mano es mucho más grande, con dos instrumentos que, por primera vez, van a averiguar si hubo vida en el pasado de Marte, entregando un mapa con los puntos más probables para vida antigua.

Una vez encontremos esos lugares taladraremos y podremos almacenar las muestras en 47 tubos en la barriga del robot. Es como una persona trabajando en el laboratorio, tomando muestras, empacándolas, examinándolas y tomándoles fotos. Luego, el robot dejará las muestras en un lugar para que las recoja la siguiente misión. Debe haber total coordinación entre los equipos, porque para esto estarán trabajando varias personas en diferentes lugares del mundo, incluyendo a mi mejor amiga, Tiffany, en la siguiente misión de recolección.

Eso sin mencionar a Moxie...

Es un instrumento que parece sacado de la ciencia ficción: crear oxígeno a partir del CO2 del planeta Marte.

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Ahora que la misión despegó, ¿qué rol va a tener?

Ahora soy líder del programa de operaciones de examinación de superficie, que consiste en asegurarme de que todo lo que se necesita esté listo para cuando el centro de control de la misión empiece a ejecutar las primeras tareas de Perseverance. Esto implica prever todos los escenarios posibles en los que las cosas salen bien o salen mal, y así generar protocolos para solucionar las preguntas y los problemas. La presión es más alta que antes del lanzamiento, porque todo el mundo espera la primera foto que tomará Perseverance.

¿Qué expectativas personales tiene de la misión?

Espero que encontremos que hubo vida en Marte. Si lo hacemos, para personas como yo sería una sensación de felicidad, pero, para otros, creo que generaría una mezcla de sentimientos que pueden incluir miedo. Esta misión puede darnos una perspectiva de que no somos el centro del universo, aunque a veces nos portemos como si lo fuéramos. Yo pienso que de pronto ese descubrimiento  serviría para que nos respetemos entre nosotros y nos demos cuenta de nuestro lugar en el universo, que no somos los  dueños sino unos invitados del cosmos.

¿Cómo ve el rol de la mujer latina en la ciencia?

El rol de la mujer latina es el rol del ser humano. Estamos tratando de hacer ruido para que el mundo se dé cuenta de que las latinas hacemos cosas críticas en el espacio, para que vean que somos una raza mezclada y que contribuye independientemente del género, del color, del lenguaje. Que somos de la misma tribu, la tribu del planeta Tierra por que así es que se explora. No como un país, sino como un planeta.​


En el caso de las mujeres, debemos ser reconocidas como personas que hacemos parte de la ciencia. Yo quiero incrementar la cantidad de mujeres latinas en el espacio, que las niñas piensen que pueden hacer lo que yo hago y hasta más. Pero primero tienen que vernos y ahí empezaremos a contar nuestras historias, porque si no nos ven, seremos solo una voz que desaparece sin fuerza y sin apoyo. Es nuestro deber elevar las voces femeninas, porque no somos invisibles o menos capaces. Somos iguales de inteligentes a cualquier otro hombre.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
Redactor de Ciencia
​En Twitter: @ScienceNico
nicbus@eltiempo.com

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