El colombiano detrás de una de las bases de datos clave en la pandemia

El colombiano detrás de una de las bases de datos clave en la pandemia

Esteban Ortiz Ospina codirige Our World in Data, que registra los últimos datos sobre coronavirus.

Esteban Ortiz

Esteban Ortiz, codirector ejecutivo de Our World in Data.

Foto:

Archivo particular

Por: NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
23 de abril 2020 , 11:06 a.m.

Mientras la pandemia por el nuevo coronavirus sigue su curso por el mundo, superando los dos millones de contagios, otra epidemia, causada por la avalancha de información relacionada con el covid-19 propone un desafío enorme para las personas y los gobiernos, quienes buscan tomar decisiones cada vez mejor fundamentadas.

Y entre toda esa abrumadora cantidad de datos, cifras y estadísticas, provenientes de los medios de comunicación y de las redes sociales, una página web se ha consolidado como una de las principales fuentes de insumos de quienes buscan informar con rigor los últimos datos de la epidemia por covid-19.

OurWorldinData (OWID) nació en 2012 como una idea de Max Roser, investigador de la Universidad de Oxford (Inglaterra), quien sentía que, durante su formación como economista, nunca le enseñaron sobre muchas de las grandes transformaciones que han ocurrido en el mundo. Le frustraba ver que, a pesar del progreso en muchos aspectos, como la reducción de la pobreza extrema, o las mejoras en el acceso a salud y educación, los datos relevantes se quedaban por fuera de las grandes discusiones, al estar plasmados en revistas y formatos arcaicos que solo los académicos y expertos llegan a revisar.

“A Max le preocupaba la ausencia generalizada de conocimiento básico sobre tendencias sociales y económicas en el mundo. Le frustraba que las investigaciones académicas y los datos en temas claves de desarrollo humano y social no fueran más conocidos por fuera de los círculos de expertos. Los académicos estudian problemas de gran importancia, pero sus hallazgos son difíciles de comprender y actualizar, por lo que rompen con las propuestas de ciencia abierta y se alejan de las discusiones políticas,  asegura el economista colombiano Esteban Ortiz Ospina codirector ejecutivo, editor de ciencias sociales de OWID, y mano derecha de Roser.

"De cierto modo -agrega- nuestra forma de reportar la ciencia no ha cambiado desde Gutemberg (el inventor de la imprenta)”. 

Ortiz estudió ingeniería industrial en la Universidad de los Andes. Luego hizo una maestría en la Universidad de Oxford y, después de trabajar dos años en el Departamento Nacional de Planeación de Colombia, regresó a la universidad británica para hacer un doctorado en economía. Al culminar, trabajó como profesor en la escuela de gobierno de Oxford. Y fue allí donde se hizo amigo de Roser.

Inicialmente, Roser pensó en escribir un libro, pero pronto se dio cuenta de que la mejor opción sería hacer un blog, en el que se pudiera actualizar constantemente. Ortiz le daba consejos y opiniones como amigo, pero con el tiempo la sociedad se consolidó y, en 2016, Ortiz y Roser empezaron a trabajar juntos. Así, y junto con Hannah Ritchie y Joe Hassel -también investigadores vinculados a Oxford- rastrean hoy diferentes fenómenos sociales y científicos, y los presentan con visualizaciones llamativas a partir de gráficas, todas en código abierto y de libre acceso.

Desde su puesta en marcha, OWID ha recibido apoyo de organizaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates y, a medida que fueron creciendo y creando alianzas con otras fundaciones, decidieron establecerla como una Organización sin Ánimo de Lucro; actualmente, investigan sobre medioambiente, salud global, esperanza de vida, mortalidad infantil, crecimiento poblacional, pobreza y desigualdad, género, cambios de estructuras democráticas, conflicto y guerras, entre otros. En total, cuentan con 3.450 gráficas interactivas sobre 93 mil variables, en 300 temas distintos.

El covid-19, lo empezaron a cubrir desde comienzos de febrero, y se han enfocado en los registros mundiales de casos, muertes y pruebas. Han publicado más de 100 gráficas y mapas interactivos, cubriendo todos los países del mundo y sus reorrtes han sido citadas en las más prestigiosas revistas científicas y medios de comunicación.

En entrevista con EL TIEMPO, Ortiz aseguró que, aunque es gratificante ver cómo esta acogida que han tenido es un resultado del trabajo, también es “una gran responsabilidad, porque implica que debemos ser absolutamente cuidadosos y rigurosos con la información, sobre todo porque gran parte de nuestro trabajo está orientado hacia los epidemiólogos y los profesionales de la salud, que son quienes deben analizar los datos para tomar las mejores decisiones para el control de la pandemia”.

¿Dónde obtienen los datos con los que trabajan?

Para cada tema hacemos un análisis de la literatura disponible similar a los que se hacen para elaborar un estudio académico: miramos lo que se ha escrito y las fuentes que esos expertos utilizan; esas fuentes pueden ser otros papers académicos, bases de datos públicas y de organismos multilaterales. Utilizamos datos de centros de investigación y, en el caso del covid, empezamos trabajando con los datos de la OMS, teniendo en cuenta que son la fuente oficial y que son los responsables de consolidar la información de los diferentes países. Pero pronto nos dimos cuenta de que iba a ser un caos procesar esos datos.

¿Cómo así?

Nos dimos cuenta de que publicaban la información en PDF imposibles de procesar, uno cada día, en lugar de consolidarlos de tal manera que se pudieran hacer seguimientos. Empezamos a procesar los documentos a mano a diario, y ahí también notamos que había errores e inconsistencias. Entendemos que ellos ahora tienen muchísima presión en muchos frentes. Desafortunadamente, a pesar de ser muy receptivos a nuestros comentarios, no tuvieron capacidad de respuesta a los errores que encontrábamos. La gente se imagina que la OMS recibe la información de los países en formatos limpios en Excel, pero esto no es así. En muchos casos, es necesario verificar comunicados de prensa, incluso cuentas de Twitter de los ministerios de Salud, para ver qué información se puede pescar.

¿Cuál fue la solución?

Evaluamos otras fuentes, y encontramos al Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), que es una agencia de la Unión Europea.

¿Cómo ha sido registrar la evolución del nuevo coronavirus?

Normalmente, con otros temas, arrancamos por el consenso académico y empezamos a construir una perspectiva histórica sobre el mismo. A partir de ahí es más fácil tomar una decisión sobre cómo aportar. El caso del coronavirus ha sido distinto, porque hay mucha incertidumbre e, incluso, los científicos que están liderando los debates académicos están aprendiendo todos los días. Toda la población mundial tiene los ojos en este tema, por lo que hay mucha demanda de información. El problema en este caso, tiene que ver precisamente con eso, que como es un problema en curso, a la gente le cuesta trabajo entender por qué el debate científico cambia tan rápido.

¿A qué se refiere?

Le voy a poner un ejemplo: las tasas de letalidad, en las que se dividen las muertes sobre los casos detectados. Nosotros, y todos los epidemiólogos trabajando en este tema, hemos explicado que todavía no podemos estimar a ciencia cierta la letalidad del virus, porque es un fenómeno en evolución, y hay muchísimos casos que no han sido detectados. Dividir muertes sobre casos detectados en Colombia, en este momento, no da una buena aproximación sobre la letalidad real del virus en el país. Los datos son útiles, y hay que recopilarlos y estudiarlos, pero es importante entender qué se puede, y qué no se puede interpretar en este momento.

¿Qué ha sido lo más difícil de reportar sobre el covid-19?

Pienso que el punto mencionado antes: la incertidumbre y el cambio constante. Comunicar el conocimiento científico en otros temas es un poco más fácil, pues se trata de fenómenos menos dinámicos y, aunque hay cambios, son más lentos; y con frecuencia los cambios no afectan de manera tan visible la vida cotidiana de las personas. En cambio, el coronavirus nos está afectando a todos en muy poco tiempo, por lo que todo el mundo quiere estar enterado e involucrarse, y eso hace que haya más demanda de información y frustración ante la incertidumbre. Además, hay demasiado en juego políticamente, porque buena parte de lo que motiva estas discusiones, y que la gente se involucre, es el interés por defender o atacar a un gobierno.

¿Puede dar un ejemplo?

Uno de nuestros principales esfuerzos es hacer públicos los datos a través de las gráficas. Existen diferentes maneras de representar los datos, enfatizando diferentes aspectos del problema. Por todo este contexto político que hay de fondo, discusiones que serían solo técnicas se vuelven políticas. Un caso concreto es si las gráficas se deben hacer por número de habitantes o en términos absolutos. En este caso, depende de si uno quiere hacer análisis temporales, en un solo país, o comparando entre países. En este sentido, hay sectores políticos, en algunos países, que quieren presentar la información en términos de tasas, porque los puede hacer ver mejor frente a otros. Pero no hay una respuesta correcta; simplemente depende de cuál es la pregunta que se está tratando de responder. Nosotros presentamos los datos bajo ambas perspectivas.

¿Qué ha sido lo más interesante que han aprendido registrando esta pandemia?

Conocer cómo son los protocolos de recolección de los datos en lo países. Yo tenía fe en que iban a ser mejores. Un aprendizaje muy grande ha sido que no hay protocolos ni definiciones estandarizadas en los países, ni siquiera para definir los contagios. Los países cambian sus definiciones con frecuencia, tanto para los casos como para las muertes. Otro aprendizaje, aunque muy duro, es que las muertes pueden ser más dicientes que los casos. Tristemente, hemos podido identificar que hay excesos de mortalidad, un dato que se obtiene al comparar cuánta gente se murió en un lapso de tiempo frente al mismo periodo en otro año. Ese exceso de mortalidad nos da cuenta de algo atípico más allá de las cifras oficiales de casos y muertes confirmadas, en las que hay subreportes significativos en todo el mundo.

¿Cómo ha sido el trabajo de Colombia reportando sus cifras?

Creo que hacen un esfuerzo importante. Falta mucho, y sin lugar a dudas ha habido problemas, pero creo que hay mucha gente tratando en hacer un buen trabajo en este tema. Un aspecto donde me quedan dudas es qué tanto subreporte hay. Creo que un problema de Colombia, al igual que en otros países con economías similares, es que no se están haciendo suficientes pruebas. En esa medida, es difícil entender la pandemia, porque no se puede detectar infecciones si no hay prueba de por medio. No he visto estudios detallados sobre exceso de muertes en Colombia, y me gustaría verlos.

¿Por qué son tan importantes las pruebas?

Ningún país conoce el número total de personas infectadas con covid-19. Todo lo que sabemos es el estado de infección de los casos confirmados por un test. En todo el mundo, los investigadores, los encargados de la formulación de políticas y el público interesado observan los conteos oficiales de casos confirmados y muertes para comprender el desarrollo de la pandemia y lo que puede suceder en los próximos meses. Sin embargo, estas cifras solo pueden interpretarse si se comprende cuántos tests se están haciendo, y cuáles son los criterios de priorización para asignar dichos tests.

¿Cómo obtienen la información de un país tan hermético como China?

Seguimos los reportes oficiales, y ahí nos toca tomar esa info con pinzas. Pero no solo hay sesgos en China. Otros países como Estados Unidos o Rusia también los tienen. Hace algunos días, en China revisaron las cifras oficiales de muertes e hicieron un ajuste de exactamente 50 %, y esto hace que haya sospechas. Nosotros reportamos al ECDC cuando hay datos que nos parecen extraños.

¿Qué países sobresalen por sus sistemas de registro de la epidemia?

Islandia es un país pequeño donde hay datos muy completos, en gran medida porque han podido tener una mayor cobertura de tests. Esto les permite tener menor subregistro de casos, y hacer seguimiento de manera mucho más completa.

¿Cuál ha sido la clave de su éxito frente a otras páginas similares?

Hay otras páginas que recopilan datos. Worldometers es una, quizás la más conocida. Esta página es muy popular porque tiene una interfaz muy efectiva, pero también porque actualiza los datos varias veces al día, y esto le da a la gente la sensación de inmediatez, como si estuvieran leyendo un reporte de última hora.

Desafortunadamente esto viene con el costo de menor rigor en los datos. Con frecuencia hay errores, las fuentes no son claras, las definiciones de los conceptos se mezclan, etc. Ahí es donde OWID agrega valor. Las definiciones son muy claras, y nuestra documentación de fuentes es rigurosa, completa y transparente.

¿Cómo vislumbra su trabajo en el futuro?

Nuestra apuesta, y en donde estamos enfocando los recursos tecnológicos, es en los casos de éxito. Queremos que nuestra plataforma les permita a los expertos identificar y destacar los países que están manejando mejor la epidemia. Buscaremos ofrecer datos para hacer comparaciones entre países, y ahí los tests vuelven a ser, claves porque permitirán reconocer desigualdades en detección y subreporte de casos.

Nuestro objetivo es brindar los datos y las herramientas para que los epidemiólogos puedan investigar y producir conocimiento y hacer evaluaciones de las medidas que más funcionaron.

¿Cuál ha sido el mayor impacto de su trabajo?

Lo primero es que el conocimiento científico llegue a los debates públicos y a la toma de decisiones sociales y políticas. Para entender que el mundo cambia no es suficiente con leer las noticias, pues los medios se enfocan en cambios pequeños, recientes y anecdóticos; y con frecuencia con un enfoque en lo negativo. Todos debemos entender cómo está cambiando el mundo, y cómo podemos aportar para mejorarlo. Esto es importante porque mucha gente piensa que el mundo no cambia, o que solo cambia para mal; sin embargo, el mundo cambia mucho más de lo que uno se imagina.

Por ejemplo, en todos los países, las personas viven más que hace cien años, y se mueren menos niños. Hay varias tendencias que nos muestran que el mundo puede cambiar y que los problemas se pueden solucionar. Eso no quiere decir que todo vaya por buen camino, o que debamos sentarnos complacientes con la satisfacción del deber cumplido. Al contrario. Nos dice que hay que dejar a un lado el cinismo y trabajar para solucionar lo enormes problemas que aún tenemos.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
Redactor de Ciencia
@NicolasB23
nicbus@eltiempo.com

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