Roxana Panchí, la indígena trans que replantea el ser embera

Roxana Panchí, la indígena trans que replantea el ser embera

Luego de media vida ocultando su esencia femenina, lidera el primer resguardo transgénero del país.

Roxana Panchi

 ‘Roux’ marca el paso liderando el primer resguardo transgénero del país y exhibiendo su cultura en la moda mundial.

Foto:

Pedro Santos y David Grandorge

Por: PILAR BOLÍVAR - PARA EL TIEMPO
02 de julio 2020 , 08:57 p.m.

Muchas huyen del castigo hacia Santuario, la población risaraldense que es ‘escampadero’ de las indígenas transgénero de la comunidad embera chamí. En los cafetales hallaron el ecosistema para mimetizarse como recolectores y conseguir algún dinero para sobrevivir. Si bien el gobierno local y los habitantes han cobijado alrededor de 30 indígenas trans de esta etnia que se disemina por la cordillera Central –siendo Risaralda el departamento con mayor número de asentamientos embera– aún las de Santuario luchan por su reconocimiento en sus propios pueblos. Es la cuota de ser doble minoría.

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“A una amiga trans, de Risaralda, la echaron de su comunidad; se fue a cambuchear y a recolectar café. La invité a mi resguardo, pero me dijo que no, que le gustaba su nueva vida”, dice Roxana Panchí Gutiérrez, la primera transgénero del asentamiento Karmata Rua (conocido como Cristianía, por imposición de la Iglesia, ubicado en Jardín, Antioquia) en resignificar el ser embera mediante su talento artesanal y su pasión por la moda.

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“Me da tristeza pues las que escapan viven en el monte y los ‘hombres negros’ (los guerrilleros) tampoco las admiten. En Cauca, las que son expulsadas, se van como desplazadas a la ciudad; otras se quedan en sus resguardos, ocultas. Gracias a Dios, mi comunidad no está en el monte y logré aceptación”, agrega ‘Roux’, como la llaman sus 11 compañeras de tránsito reunidas bajo la agrupación Embera Para –un subasentamiento dentro de los Embera Karmata Rua, o Gente de la Tierra de Pringamoza– creada por ella, con reconocimiento de los dos últimos cabildos de la tribu, y que ha pisado fuerte en las pasarelas nacionales y europeas de la mano de la diseñadora bogotana Laura Laurens, como cocreadora y modelo. Pero ir varios pasos delante de sus pares trans de la zona cafetera (hoy, en su cédula se lee Roxana Panchí Gutiérrez, y no John Faber) le tomó media vida.


¿Cómo la aceptó su familia, en un entorno en donde quien nace hombre es hombre?
Hasta los 13 años vestía como hombre y a veces salía con mujeres, para camuflarme. En la calle, la gente gritaba: ‘¡Ahí va la mariquita!’ Pero no les paraba bolas. Un día, tejiendo chaquiras con mi madre, me preguntó por qué yo no tenía novia si mis primos y los demás niños sí. Yo tenía mucho miedo, pero le dije, ‘mami, soy una chica, soy gay, soy trans. Me encantan los hombres y si a usted le llegaron con chismes de que me acosté con un hombre, pues es verdad’. Pensé que me golpearía, pues decía: ‘¡lo voy a volver varón!’ En el colegio, las profesoras le ayudaron a entenderme y a los 16 años me transformé, vistiendo como mujer y maquillándome. Hoy, tomo hormonas femeninas, en diciembre del año pasado logré cambiar mi nombre y después de muchos rechazos, mi madre me trata como mujer.

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Roxana Panchi

En el 2019, ‘Roux’ y sus compañeras Embera-Para pisaron fuerte en Medellín, a través del proyecto Millones de Maneras, cocreado con la diseñadora Laura Laurens.

Foto:

Pedro Santos

La artesanía es un don y por eso nunca me negaron el conocimiento de las tradiciones manuales. He demostrado a través de esta técnica la simbología, la cosmovisión y la cultura...

¿Cómo logró la aceptación de su comunidad?
El cabildo anterior admiraba nuestro poder de lucha y nuestras almas de dos vidas. Le molestaba que se burlaran de nosotras, pues entendía que somos seres humanos, pensantes y activos, y por ello recalcó la necesidad de normativizarnos al interior de la comunidad; de no hacerlo podrían expulsarnos. Y él luchó por crear un código para nosotras. Desde 2012 contamos con una normatividad en las políticas del resguardo; así nacimos el grupo Para (que significa trans, en nuestra lengua) del pueblo embera.

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¿Cómo ha sido su relación con la artesanía aplicada a la moda?
La artesanía es un don y por eso nunca me negaron el conocimiento de las tradiciones manuales. He demostrado a través de esta técnica la simbología, la cosmovisión y la cultura; llevo las tradiciones puestas, cuando me transformo uso mi okama, mi collar. Por eso me han felicitado los cabildos y los jaibanás (médicos tradicionales), pues cuando desfilé en Londres y en Medellín, porté y expuse con orgullo mi cultura.

¿Cómo llegó al taller de Laura Laurens y, de paso, a London Fashion Week?
En el 2017, me uní a la Asociación de Mujeres Karmata Rua, que elabora artesanías en chaquiras, cerámica, cestería y modistería. Participamos en Expoartesanías y mientras yo estaba en el stand de mi comunidad, una señora se paseaba, me miraba y me miraba hasta que se acercó y dijo: ‘¿usted es una chica trans, cierto?’.

Le dije que sí, me dijo que era Adriana Mendoza Barón, una artesana, y me pidió mi contacto y se fue. De repente, regresó con Laura Laurens; conversamos, tomamos una cerveza y fue un día tan afanado con ella, que no alcancé a conocer su taller.

Le di mi contacto y me dijo que iría a Karmata Rua. No le creí. Pero en febrero del 2018 llegó (yo quedé en shock), fuimos al río, la presenté con las demás Embera Para, le mostré mis tejidos de chaquiras y hablamos de un proyecto que ella presentaría en Londres.

No soy profesional, pero me siento diseñadora gracias a los dones con que nací y que aplico cuando ella me envía los diseños que quiere trabajar. Les explico a las otras chicas trans en mi casa cómo tejerlos y cuando terminamos, le enviamos a la jefa.

¿Cómo fue su experiencia en Londres?

En el aeropuerto de Bogotá me miraban raro, pero cuando llegamos a Inglaterra, lo molesto fueron las preguntas en el aeropuerto, y que fueran en inglés. Gracias a Dios yo me defiendo, pues por mi propia cuenta he tratado de aprender el idioma escuchando música en inglés, y por eso entendía y hasta hice el esfuerzo de responder. ‘¿Cómo así, Roxana, usted habla inglés?’, me preguntó Laura.

Ella fue la que quedó en shock. Fue la experiencia más increíble de mi vida. Sé que el mundo es grande, pero jamás pensé que aquí sería de día y allá, de noche. Fue sorprendente, a pesar del frío que me impedía lucir mis collares, pues siempre tuve que usar abrigo. Es otro mundo.

Cuando desfilamos en Somerset House, todo el mundo nos preguntaba quién hacía esas prendas y esos tejidos tan hermosos. Nos decían: ‘nice, nice’, nos tomaban fotos y preguntaban de dónde éramos; inclusive, una venezolana se sorprendió al notar que estando en el mismo continente no conocía la historia de mi comunidad.

¿Cuál ha sido la mayor dificultad en su proceso de reinvención?
La falta de apoyo de mi familia; inclusive me negaron la comida y yo sola me gradué de bachiller. Intenté suicidarme una vez por amor, pero por algo me dejó vivir Dios y, el conocer nueva gente, vivir experiencias tan ajenas a mi cultura (cuando iba a Londres me decían: ‘no vaya por allá porque le van a sacar los órganos’) me demostró cuán valiente soy.

¿Se considera una doble activista?

Como me ha enseñado Laura, debo trabajar callada, no ser chicanera, pero comunicar con orgullo mis talentos y los logros colectivos. No creo lo que he alcanzado; no sé si llegaré más lejos. Antes pensaba en mí, pero noté que sola no podría y me apoyé en mis amigas, pues este tránsito y esta lucha por nuestros derechos es compartida.

Las que no están con nosotras, siempre tendrán las puertas abiertas (somos 11 en el grupo de moda, pero en total somos 30 trans en la comunidad). Las demás que no quieren unirse son médicos tradicionales, jaibanás, veteranas que no se identifican con nuestra comunicación a través del diseño con doble causa.

(Vea el especial completo aquí)

¿Cuál es su mayor anhelo?


Sueño ser diseñadora profesional y doctora, pues tengo vocación de servicio. Y, por último, cambiarme del todo, operarme y antes de morir, debo estar transformada.


Pilar Bolívar - Para EL TIEMPO
@lavidaentenis

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