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Amazonia, una selva que arde

Amazonia, una selva que arde

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Amazonas

La deforestación, los cultivos ilícitos y las quemas amenazan a este inmenso pulmón ecológico, del que dependen más de 40 mil especies de plantas y cerca de 390 mil millones de árboles y que impacta a ciudades a cientos de kilómetros. Y tenemos poco tiempo para salvarlo.

Esta investigación periodística, elaborada con la academia y diversos expertos, muestra cómo y quiénes están acabando con este bosque clave para enfrentar el cambio climático. Aborda, además, los conflictos sociales —incluso en pandemia— que han surgido cuando se busca detener su desaparición.

La deforestación es una herida que atraviesa la vida de las especies y del planeta. Eso piensan y sienten los pueblos indígenas de la Amazonia.

No es, como suele suponerse, que talar árboles afecte a unas especies que viven en ese bosque o a unas comunidades humanas que se ven obligadas a desplazarse. Como dice la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), “para el conocimiento y la espiritualidad indígena, el territorio es uno solo”.

En Occidente, los seres humanos también han comenzado a darse cuenta de esta interdependencia con la naturaleza. Lo que pase en ese inmenso tapete verde que se ve desde el cielo tiene una implicación real en lo que sucede en ciudades como Bogotá o Medellín y hasta en los poblados más lejanos del país.

Como lo explica el científico Antonio Donato Nobre en su libro El Futuro Climático de la Amazonía, “el bosque amazónico no solo mantiene el aire húmedo para sí mismo sino que exporta ríos aéreos de vapor que transportan el agua necesaria para las abundantes lluvias que irrigan regiones distantes en el verano”.

Cada vez que se talan árboles en la Amazonia se reducen nuestras posibilidades de enfrentar los cambios drásticos del clima que, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, tendrán un impacto severo en el planeta. Pese a que es información que no pasaría inadvertida, en los países que comparten este bioma —Colombia, Brasil, Perú, Venezuela, Bolivia, Guyana, Surinam, Ecuador y la Guayana Francesa— se ha deforestado un área similar al tamaño de España (513.016 km2) entre el 2000 y el 2018, según cifras de la Fundación Gaia.

En Colombia, para la misma época, se acabaron con 31.878 km2 que fueron usados para el avance de actividades agropecuarias –principalmente para pasto–, la expansión de la infraestructura vial, la actividad petrolera y el acaparamiento de tierras. Si bien el Gobierno Nacional mostró que en el 2019 se redujo en un 19,2 por ciento la deforestación, respecto al 2018, la situación volvió a cambiar en los primeros meses del 2020: es decir, durante el primer año de pandemia.

Entonces, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) alertó de un nuevo incremento para el periodo de enero a marzo: se deforestaron alrededor de 64.000 hectáreas de bosque en la región amazónica, un incremento del 84 por ciento respecto a los mismos meses del 2019. Aunque en el momento de esta publicación no se conocían más datos oficiales del Ideam, diferentes instituciones que monitorean la Amazonia sí tienen indicios de que la tala y quema en todo el 2020 pudo haberse disparado.

Aunque la pandemia nos hizo creer que tendríamos un año en el que el planeta tomaría un respiro, la ciencia demostró lo contrario. Fundamentados en información científica sobre la Amazonia, EL TIEMPO y el Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Universidad de los Andes, con el apoyo de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible, la Fundación Gaia y la Red Amazónica de Información Socioambiental Georeferenciada, se unieron para investigar cómo ha avanzado la deforestación en los últimos años y qué actividades promueven esta devastación.

Con información satelital, sobrevuelos por las zonas más afectadas por la deforestación, visitas a los municipios más deforestados e indagaciones con entidades del Estado, hallamos preocupantes evidencias.

Todo este tesoro natural está en riesgo. Y tenemos poco tiempo para salvarlo.

La Amazonia no es solo ese tapete verde que se aprecia desde el cielo. En las últimas décadas, los biólogos han detallado cómo este territorio genera servicios ecosistémicos— los beneficios que se obtienen de los ecosistemas— de diferentes tipos y que son invaluables para la región y el mundo. Existen servicios de apoyo, como los nutrientes que obtenemos de este ecosistema; de regulación —la Amazonia regula el clima al reciclar entre 50 y 75 % de la lluvia anual—; de provisión, como la generación de agua, alimentos, medicinas y materias primas y los servicios culturales, como son los valores espirituales y los conocimientos ancestrales de las comunidades que habitan en la región.

Definición de Servicios Ecosistémicos desde el entendimiento indígena

“Los servicios o bienes que nos brinda la naturaleza para vivir

“Todo lo que hay y aprovechamos en el entorno natural”

“Los elementos del medio natural que permiten el mantenimiento de las especies y de los seres humanos”

Foto: Juan Diego Cano / EL TIEMPO

Provisión

Hasta la fecha se sabe que hay más de 2.000 especies útiles para la alimentación, la medicina y otros fines de uso humano, pero hacen falta muchas más por descubrir.

Foto: Juan Gabriel Soler / Fundación GAIA

Cultural

De acuerdo con la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) en la Amazonia viven alrededor de 385 pueblos indígenas. Según esta organización, solo en la amazonia colombiana se hablan 53 lenguas originarias. Los pueblos indígenas son guardianes del medio ambiente y sus idiomas guardan conocimientos que son claves para este ecosistema.

Foto: Juan Diego Cano / EL TIEMPO

Regulación

Una hectárea de tierra en la Amazonia contiene entre 125 y 300 especies arbóreas maduras. Gracias a esta gran estructura ecológica y a su ubicación entre la línea ecuatorial, el océano Atlántico y los Andes, la Amazonia genera condiciones climáticas favorables a escala regional y global.

Foto: Juan Diego Cano / EL TIEMPO

Soporte

La Amazonia alberga el 10% de la biodiversidad conocida del planeta. Por ser un área tan extensa, el territorio amazónico facilita la protección y la supervivencia de especies frente a los impactos de fenómenos climáticos extremos.

En la selva tropical más grande del mundo ocurren fenómenos que son vitales para la estabilidad de las especies. Como lo explica Antonio Donato Nobre en su libro El Futuro Climático de la Amazonía, “el bosque amazónico no solo mantiene el aire húmedo para sí mismo, sino que exporta ríos aéreos de vapor que transportan el agua necesaria para las abundantes lluvias que irrigan regiones distantes en el verano”. Cada árbol se asemeja a una fuente que absorbe el agua a través de sus raíces y la libera a la atmósfera en forma de vapor. Un árbol de 20 metros, por ejemplo, transpira hasta mil litros de agua al día.

Además, en palabras de Donato, “los árboles emiten sustancias volátiles, precursoras de ‘semillas’ que ayudan en la condensación del vapor del agua, cuya eficiencia en la nucleación de las nubes resulta en lluvias abundantes y benignas”. Por eso, cuenta él, diferentes exploradores bautizaron a la Amazonía como un “Océano Verde: un área de bosque, extendido bajo la atmósfera, cuyas características de inmensidad, humedad e intercambios debido a los vientos se parecen a las de los océanos reales”.

Funcionamiento normal

Con deforestación

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Páramos

Según la FAO, los páramos son ecosistemas frágiles, con una gran importancia nivel global ya que funcionan como fábricas de agua de la tierra, hábitats de rica diversidad biológica, y lugares de recreación y turismo. En definitiva, son áreas de un importante valor cultural incalculable. El agua de los ríos voladores abastece los paramos y permite que el agua llegue a la ciudades. Gracias a la condensación que generan los árboles en todo el piedemonte amazónico, el agua va a las nubes y esas nubes viajan hasta los páramos de Colombia.

Foto: Sebastián Forero / EL TIEMPO

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Almacenamiento de carbono

Los combustibles fósiles liberan dióxido de carbono y al quemarse incrementan la presencia de este gas en la atmósfera, lo que a su vez contribuye al calentamiento del planeta y el cambio climático.

Los árboles y los bosques ayudan a mitigar estos cambios al absorber el bióxido de carbono de la atmósfera y convertirlo, a través de la fotosíntesis, en carbono que “almacenan” en forma de madera y vegetación. Este proceso se denomina “fijación del carbono”.

El conjunto de la biomasa forestal también funciona como “sumidero de carbono”. Por ejemplo, la materia orgánica del suelo de los bosques -como el humus producido por la descomposición de la materia vegetal muerta- también actúan como depósito de carbono.

Foto: FCDS

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Ríos voladores

Los bosques amazónicos albergan más de 600.000 millones de árboles, y es gracias a estos cómo se crean los “ríos voladores” o grandes flujos aéreos de agua en forma de vapor que causan lluvias a más de 3.000 kilómetros de distancia.

En su recorrido, los ríos alimentan no solo a los Andes, sino a diversas regiones en Brasil, Uruguay o Argentina. Por eso, son fundamentales para el ciclo hídrico en Suramérica. Sin ella, la región sería prácticamente un desierto.

En conjunto, estos árboles liberan 20.000 millones de toneladas métricas de agua, superando incluso la producción de agua del río Amazonas que diariamente lleva 17.000 millones de toneladas de agua hacia el océano Atlántico.

Foto: FCDS

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Evapotranspiración de agua

La cuenca amazónica tiene una extensión de 7 millones de km2. Es decir, es aproximadamente 6 veces el tamaño de Colombia. Este extenso bosque amazónico también funciona como un sistema de refrigeración natural. Durante el día, los cerca de 400 mil millones de árboles realizan un proceso de evapotranspiración como resultado de su proceso natural de fotosíntesis. Cada día la cuenca de la amazonia evapora 1,200 millones de toneladas de agua que retornan a la atmósfera, ayudando a enfriar el ambiente. 50% de la lluvia de este ecosistema proviene del proceso de evopotranspiración local.

Foto: Juan Diego Cano / EL TIEMPO

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Liberación de Carbono

Cuando un árbol es talado se libera el carbono almacenado a la atmósfera, de acuerdo con Germán Poveda, profesor de la Universidad Nacional, alrededor del 20% de la concentración de gases de efecto invernadero a nivel mundial se atribuye al fenómeno de la deforestación.

Foto: Tatiana Rojas / EL TIEMPO

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Creciente de ríos

La vegetación de bosque amazónico facilita la infiltración del agua en el suelo. Las raíces de los arboles absorben el agua de las lluvias y evitan que el agua corra de manera descontrolada. Con la deforestación, el agua pierde está capacidad de permearse en el suelo y corre con mayor facilidad por las laderas llegando a los ríos, lo cual aumenta su nivel de agua y genera inundaciones.

Foto: FCDS

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Temperatura

La destrucción del bosque amazónico, por un lado, destruye el sistema de refrigeración natural de este bosque tropical que se produce por el efecto de evapotranspiración de los árboles, y por otro lado, genera un aumento en el calentamiento global causado por la mayor concentración de gases de efecto invernadero al liberar el carbono capturado en la vegetación.

Foto: Juan Diego Cano / EL TIEMPO

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Riesgos para la salud

Más del 70% de las infecciones emergentes en los últimos cuarenta años son producto de enfermedades infecciosas animales que se transmiten al ser humano. Con la destrucción de los ecosistemas y la eliminación de especies, los procesos ecológicos se reducen. Ejemplo de ello es el Covid-19, enfermedad transmitida por un murciélago en Wuhan, China.

Foto: Juan Diego Cano / EL TIEMPO

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Sequías

En la cuenca amazónica los arboles actúan como un embalse natural. Ellos atrapan y absorben el agua, lo cual les permite aprovecharla en temporadas donde las lluvias disminuyen y así pasar las sequias de manera menos crítica. La tala de bosques destruye esta capacidad de regulación de agua almacenada exacerbando lo efectos de las sequias.

Represa del Sisga, Cundinamarca, 2021

Foto: Cesar Melgarejo / EL TIEMPO

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Una de las principales amenazas a las que se enfrenta este bioma es la deforestación: el resultado de talar y quemar el bosque para impulsar una actividad ilícita como la siembra de cultivos de coca y la minería ilegal; o actividades lícitas como la ampliación de la ganadería o la frontera agrícola.

hectáreas deforestadas

¿Qué significa la región amazónica para el mundo?

Una de las selvas más importantes del planeta se extiende por Colombia, Perú, Bolivia, Brasil, Ecuador, Guayana, Surinam y Venezuela. Ha sido tratada como el patio trasero del mundo, pero cada vez nos damos cuenta de su importancia. Hoy sabemos que es clave en la regulación climática de lugares tan distantes como el río de La Plata, en Argentina, e incluso hasta de zonas del sur de Estados Unidos.

Su biodiversidad

Alberga uno de los bosques tropicales más importantes del mundo, ya que se compone de

6 millones

de km2 de bosque,

es decir, representa

2/3

de los bosques tropicales mundiales

Por ser un área tan extensa, el territorio amazónico facilita la protección y la supervivencia de especies frente a los impactos de fenómenos climáticos extremos.

Agua

Allí también se encuentra uno de los ríos más largos y caudalosos del planeta: el Amazonas. Mide 6.800 km mientras que el Nilo alcanza 6.695 km. Y provee alrededor del 15% de la descarga fluvial total a los océanos del mundo.

Alberga entre el

17% y 20%

del agua dulce mundial

Sus protectores

Cuenta con 3’898.764 km2 de Áreas Naturales Protegidas y Territorios Indígenas. Los Territorios Indígenas y las Áreas Protegidas cubren casi el 50% del bioma amazónico.

Deforestación en el bioma amazónico

Una de las principales amenazas a las que se enfrenta este bioma es la deforestación: el resultado de talar y quemar el bosque para impulsar una actividad ilícita como la siembra de cultivos de coca y la minería ilegal; o actividades lícitas como la ampliación de la ganadería o la frontera agrícola.

Bosque en el año 2000

En toda la región Amazónica se tumbaron y se quemaron en total 513.016 km2 de bosque de los 6.3 millones de km2 que componen la región. Es como si se hubiera talado un área de bosque similar al tamaño de España en 18 años.

Bosque en el año 2018

Quemas en el bioma amazónico

El 13% de la Amazonia fue afectada por el avance del fuego. Esta superficie, de 1,1 millones de km2, equivale a todo el territorio de Bolivia. Entre los ocho países amazónicos, el más afectado por los incendios, en términos proporcionales, es Bolivia, con una afectación que alcanza al 27% de su territorio amazónico.

Quemas entre el 2000 y 2017

En Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, las quemas no sólo están asociadas con procesos de deforestación; también son una práctica común en las áreas de producción agrícola y se hacen frecuentemente para acelerar el proceso de captura de nutrientes del suelo.

Quemas entre el 2018 y 2020

Deforestación en Colombia

De todas las regiones, la Amazonia ha sido la más deforestada en los últimos años. Según datos del Ideam, la tala y la quema en esa área pasó de 56.962 hectáreas en 2015 a 507.615 en el 2019.

Bosque en el año 2000

En abril de 2019 en el área monitoreada del arco noroccidental amazónico ubicado en los departamentos de Caquetá, Guaviare y Meta había 7.944.034 hectáreas en bosques, de los cuales en un año se perdieron 69.381 hectáreas (abril de 2019 a marzo de 2020).

Bosque en el año 2018

Los municipios con mayor hectáreas deforestadas entre abril de 2019 a marzo de 2020.

Navegue por los municipios

San José del Guaviare 13.861 hectáreas deforestadas.

La Macarena: 13.443.

San Vicente del Caguán: 11.033.

Cartagena del Chairá: 9.530.

El Retorno: 7.856.

Calamar: 6.804.

Miraflores: 2.882.

Puerto Rico: 1.923.

Vista Hermosa: 1.058.

Solano: 992.

Quemas en Colombia

Las cifras destacan un incremento acentuado en los dos últimos años de esa serie, en parte explicado por el proceso de paz con las Farc, que eliminó el control territorial (y en especial a la deforestación) que ejercía este grupo al margen de la ley en el llamado Arco de Deforestación.

Quemas en Colombia entre el 2000 y 2018

Los municipios de La Macarena y San Vicente del Caguán concentraron el 55% de las quemas totales, ya que su paisaje contiene la mayor cantidad de herbazales, entre el PNN Sierra de La Macarena y las sabanas naturales del Yarí. El área quemada de mayor extensión se localizó en el municipio de La Macarena, en la vereda San José de Caquetania, con 589 hectáreas de sabanas naturales.

Quemas en Colombia hasta el 2020

La mayor parte de la deforestación, 448.689 km2 de bosque en el piso, tuvo lugar fuera de las Áreas Naturales Protegidas y Territorios Indígenas, resaltando el rol protector de los bosques que cumplen. No obstante, el 12,5% de la pérdida de bosque ocurrió dentro de estas figuras de protección, es decir que en ellas se perdieron 64.327 km2 de bosque.

Deforestación en Parques Nacionales y Reservas forestales 2018- 2020.

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Deforestación en Parques Nacionales y Reservas forestales 2018- 2020.

Parque Natural Tinigua

Departamento del Meta

El Parque Natural Tinigua es el más afectado entre todas las áreas protegidas con 55% de la deforestación acumulada entre 2018-2020. Solo en los dos últimos años se han perdido al sur del área protegida en el municipio de La Macarena 13.735 hectáreas de bosque.

La deforestación en Colombia es el principal problema ambiental del país. Las cifras empeoraron con la salida de las Farc de la selva una vez se firmó el Acuerdo de Paz con el Estado. Ahora, sin la presencia estatal en estas zonas de la Amazonia, especialmente durante la pandemia, las cifras siguen en rojo.

Los motores de la deforestación
Ganadería, cultivos de uso ilícito, actividades agrícolas y minería: así ha sido la transformación de la selva amazónica en el último siglo.
Víctimas y deforestadores
Mientras el país avanza en la judicialización de las personas que talan los bosques de las áreas protegidas, reverdece todo un conflicto social. Se revelan omisiones del Estado que hoy, al parecer, se están corrigiendo.
Créditos
Redacción:
Tatiana Rojas Hernández, periodista de Medioambiente EL TIEMPO; Santiago Valenzuela Amaya y Pamela Sanabria Cuervo, periodistas del Centro de ODS de la Universidad de los Andes.
Diseño digital:
Claudia Cuadrado y Sebastián Forero
Jefe de Diseño:
Sandra Rojas
Maquetación:
Carlos Bustos y Sebastián Márquez
Editor de especiales:
José Alberto Mojica Patiño
Periodista Reportajes Multimedia:
Diana Ravelo
Fotografía y video:
Juan Diego Cano, realizador audiovisual de EL TIEMPO. Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible; Juan Gabriel Soler, fotógrafo de la Fundación Gaia y Fiscalía.
Edición de video:
Juan Diego Cano
Editores:
Adriana Garzón, editora de la redacción Vida de EL TIEMPO. Felipe Castro, director del Centro de ODS de la Universidad de los Andes.
Editor gráfico:
Beiman Pinilla
Editor de Mesa Central:
John Torres
Datos:
Red Amazónica de Información Socioambiental Georeferenciada, Fundación Gaia y Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible.

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